Parecer

Abcedario libre – El parásito del halago y el aplauso

Por Andrés De Oleo

Volveré a citar aquel post de José Carvajal cuando refiriéndose a nuestra literatura dijo “Hay muchos poetas, pero poca poesía”. Esa es una verdad que no se limita a los poetas, sino que es un sombrero que muy bien podrían ponerse un puñado de nuestros mal llamados escritores.

Ocurre que, hemos estado cometiendo un crimen mortal contra nuestra literatura al estar aplaudiendo y halagando obras y escritores que como mucho merecían una observación o recomendación que los pusiera a trabajar en la elaboración de una obra mejor o en la corrección de lo que se le habrá comentado; pero no, se han llenado los gremios y los renombres de obras y sujetos sin aptitudes para ocupar esos espacios.

El que quiera tener un lugar en la literatura (y la cultura) de nuestro país, debe saber que los aplausos y los halagos abren más puertas que las ideas y el pensamiento, que los aplausos llaman más la atención que la calidad creativa, que los halagos son mejores recibidos que las innovaciones que puedan surgir, que es el lisongerismo el que traza la línea recta entre un punto y el otro.

Eso para el que no tenga complejo de alpinista y quiera subir a la montaña por el ascensor que solo está disponible para el que tenga sus palmas y su boca prestas para los sujetos que han hecho monumentos de sí mismos, que tallan sus propios premios o en su defecto tallan los de otro para que este otro le talle los suyos; y así tenemos abundantes premios, rebosantes reconocimientos, un montón de palabras y una crisis de literatura.

Es a esto a lo que llamo parásito del halago y el aplauso, a eso que infecta nuestra literatura mediante el alzamiento de personas y obras sin las condiciones para merecer los lugares que se les da, alimentando así a la mala y tan criticada imagen que tiene nuestra literatura; es parásito del halago y el aplauso la práctica indiscriminada de publicar todo adefesio que surja del grupito que tiene la cultura en sus manos o que sea amigo de uno de ellos, o de todo aquel que tenga el dinero para pagarse una publicación. Es como seguir arrojándole más y más eses a la literatura por amiguismos, condescendencias o egocentrismo.

El parásito del halago y el aplauso también se fomenta cuando no se es responsable de la crítica y no se le dice(en caso de ser necesario, y casi siempre lo es) a quién ha consultado una opinión sobre su texto que éste necesita más trabajo o que no es lo que suele esperar esa persona que se le diga que es; también aparece de manera inversa, cuando se nos critica con objetividad y nos mostramos reacios y tercos a lo que se nos dice.

Entonces hay que preguntarse ¿para qué hacen (o pretenden hacer) literatura si no tienen ningún respeto por el oficio? ¿qué sentido tiene un reconocimiento inmerecido o auto-otorgado? ¿es que no ven que con esas absurdas prácticas solo hunden más y más lo que realmente podríamos ser como literatura? ¿no importan los intereses comunes que están por encima de los caprichos de unas cuantas personas? Las respuestas a esas preguntas no son un misterio para el que debamos invocar a Dupin o a Sherlock, todos tenemos noción de los excesos políticos y de la paupérrima conciencia de nuestro país que salpican cualquier estrato de nuestras vidas como plagas infectas que parecen difíciles de erradicar.

Sin embargo, el panorama no es demasiado oscuro, nada es absoluto, hay excepciones, yo conozco algunas de ellas y espero que en algún momento sean esas excepciones las que predominen en nuestro ambiente cultural y literario, sin las contaminaciones del parásito del halago y el aplauso que existe para hacer de este oficio un medio para servirle a la politiquería, a la complacencia de amiguismos y el ego; quiero creer en un ambiente literario sin ese parásito que nos chupa y nos chupa y nos chupa la vitalidad literaria.

Mientras eso pasa, seguiremos así, dormidos sobre el fango de la mediocridad, soñando que somos Baudelaire, Borges, Darío, Poe, Joyce, Woolf, Dostoievski, Hugo o Rimbaud, sin llegar a ser si quiera nosotros mismos.

Hasta el próximo martes del próximo martes.

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