Higüey

Agente que mató menor en Higüey violó en todas sus partes el Reglamento Sobre Uso de Fuerza de PN

HIGÜEY.- El agente que mató de un balazo al adolescente Robert Jhonson, de 17 años, cuando intentaba escapar de Tribunal de Niños, Niñas y Adolescentes de Higüey, es un miembro de la Policía Nacional que violentó en todas sus parte el Reglamento Sobre el Uso de la Fuerza elaborado por esa institución.

El policía protagonista de esta acción es Johan Andrés Rosario Desamont. Todas las versiones de este hecho coinciden en que el policía activó su gatillo alegre contra Robert Johnson sin que en ningún momento su vida, como garante del orden público, ni la de ninguna persona de su alrededor estuviesen en peligro.

El adolescente solo intentaba escapar de la justicia, lo que debió motivar una acción de persecución para someterlo nuevamente a la obediencia de las autoridades, sin que necesariamente fuera menester dispararle, como lo hizo el raso Rosario Desamont.

Así lo dispone el Reglamento Sobre el Uso de la Fuerza de la Policía Nacional, que a cada rato hay que recordárselo a sus miembros, precisamente para evitar excesos similares al que terminó con la vida de ese adolescente. Y para colmo casi en el patio de una institución responsable de administrar justicia, pero mediante métodos racionales y permitidos por la Constitución y el ordenamiento jurídico dominicano.

Miremos qué dice dicho reglamento, en su artículo nueve, sobre la fuerza letal y el uso de las armas de fuego por parte de los policías. La fuerza letal es el nivel de fuerza “intrínsecamente probable” de causar una lesión corporal o la muerte de una persona.

“El uso de armas de fuego se considera fuerza letal y se le concede a la Policía Nacional, cuando la o las personas involucradas son un peligro inmediato para los agentes actuantes o para terceras personas”, dispone el reglamento, que fue aprobado mediante la Resolución 011-14 de la tercera reunión extraordinaria del Consejo Superior Policial, en abril del 2014.

Como en el viejo Oeste

Lo que dice el reglamento sobre las circunstancias que deben darse para el uso de la fuerza, no fue lo que ocurrió entre el policía y la víctima de su falta de control. Si el adolescente se lanzó del segundo nivel del edificio del tribunal que minutos antes le había dictado seis meses de prisión, por agresión física contra su madre, entonces su intención era la fuga y no el ataque contra nadie.

Es decir, nunca se produjo un enfrentamiento entre el agente policial y el adolescente condenado. El párrafo primero del mismo artículo nueve del reglamento en cuestión, deja claro que “la fuerza letal es un recurso excepcional y el más extremo al que podrían recurrir los miembros de la Policía Nacional en el cumplimiento de sus deberes”.

Incluso, si se da el caso en que un agente policial se ve obligado al uso de su arma de fuego para proteger su vida o la de un ciudadano, el reglamento precisa que “la utilizarán en la proporción del peligro que representa la agresión”. Esto significa que aun estando el policía en peligro de ser agredido o compelido a usar su arma para defender la ley o a un ciudadano, el uso de la fuerza debe ser comparativamente igual al peligro o amenaza que intenta enfrentar o despejar.

Mas claro todavía, lo que explica este reglamento de actuación policial es que la fuerza letal debe ser la última opción a la que debe recurrir el policía, luego de haber fracasado todos los medios de control puestos en práctica para proteger una vida o la suya misma.

Este reglamento advierte que el uso de la fuerza por parte de un policía, vistos las circunstancias descritas, contempla evitar por todos los medios que no cause un daño mayor al que se trata de evitar. Y lo acontecido con la muerte del adolescente, casi dentro de las instalaciones de una dependencia judicial, fue exactamente lo contrario a todo lo que dictamina el instructivo elaborado por la propia Policía Nacional.

Robert Johnson, en su alocado intento por escapar, no estaba armado, no puso la vida de nadie en peligro ni agredió en ningún momento al policía que lo mató. El tiro de muerte lo recibió, inclusive, por la espalda.

Fuente: El Tiempo

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