Parecer

Así habló Zaratustra (III)

Por Edwin Peña

Nietzsche comienza su libro con un prólogo seguido de 80 breves discursos y meditaciones sobre diversos temas repartidos entre cuatro capítulos. Lo que Nietzsche pretende en su texto es proporcionar un nuevo origen para los hombres a futuro. Para ello tiene que acabar con el actual que se basa en la religión cristiana. Sabemos que durante el proceso de expansión del cristianismo, los cristianos construyeron iglesias sobre templos paganos y se apropiaron de la iconografía local para promulgar su religión.

Pues aquí Nietzsche hace lo mismo con el personaje de Jesús, tomándolo para forjar un nuevo mito más positivo y provechoso. Lo vemos en la primera oración del prólogo. Dice: “A los treinta años, Zaratustra abandonó su país y los lagos de su país y se fue a las montañas. Allí disfrutó de su espíritu en soledad, y no se cansó de hacerlo durante diez años” [1]. Tanto Jesús como Zaratustra inician su labor profética a los 30 años de edad. Preparan sus respectivas misiones apartándose de la sociedad: Jesús al meterse en el desierto durante 40 días y Zaratustra al ascender a la montaña por 10 años.

Al igual que Jesús, Zaratustra es el encargado de traer un mensaje, un mensaje que para nada tiene que ver con el de Jesús, que predica la llegada del reino de Dios a la tierra. El mensaje de Zaratustra es anunciar la muerte de Dios y la llegada del Superhombre, es decir, la superación moral del ser humano contemporáneo, o sea, el último hombre como lo llama Nietzsche. Zaratustra fue un profeta, fundador del zoroastrismo o mazdeísmo, la primera religión monoteísta de la que se tenga registro; por tanto, es el culpable, según Nietzsche, de traer al mundo el gran error de una existencia basada en la idea de un Dios único, que evolucionaria para convertirse en Jehová. De suerte que Zaratustra debe reconocer su error y anunciar un nuevo mensaje, una nueva verdad, es decir, la muerte de Dios y la Superación moral del individuo sin este Dios que Zaratustra ayudó a traer en un principio.

Zaratustra, como mensajero de la muerte de Dios, señala que el último hombre, es decir, el nihilista, al que ya nada le importa, está condenado a ser superado por el Superhombre, “yo predico al Superhombre. Yo anuncio al Superhombre. El hombre es algo que debe ser superado” [2]. Es por eso que este profeta no recurre a la espiritualidad de las personas, sino más bien a su orgullo. Zaratustra habla del mono, el hombre y el superhombre. Por muy especiales que nos creamos, tenemos que admitir que provenimos del mono, y eso es vergonzoso para el hombre. Dice Zaratustra que, de la misma manera que el hombre se avergüenza del mono por su condición inferior, el superhombre verá en su origen en el hombre algo vergonzoso. La vergüenza y el desprecio hacia la condición en que se encuentra el hombre contemporáneo es lo que Zaratustra intenta provocar en la gente, con el fin de producir en ellos un deseo de superación en el género humano que dé paso a un nuevo género, es decir, al Superhombre.

“Mientras vosotros queréis ser el reflujo de esa gran marea y retroceder al animal en vez de superar al hombre. ¿Qué es el mono para el hombre? Una mofa o una vergüenza dolorosa. Y es eso lo que el hombre debe ser para el Superhombre: una mofa o una vergüenza dolorosa” [3].


[1] Así habló Zaratustra, Mestas Ediciones, S.L. 2017, Prólogo I, pag. 11.

[2] Así habló Zaratustra, Mestas Ediciones, S.L. 2017, Prólogo III, pag. 14.

[3] Ibídem

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