Parecer

Así habló Zaratustra (I)

Por Edwin Peña

“Dios ha muerto; ahora nosotros queremos que viva el superhombre”. [1]

La muerte de Dios es el mensaje más contundente de la obra de Nietzsche y hace falta ponernos en contexto para comprender lo que significa la muerte de Dios. En el siglo 19 la religiosidad en el hombre europeo había pasado a un segundo plano; los hombres ahora estaban ocupados en sus quehaceres y actuaban como si Dios hubiese muerto. Es así como llega lo que Nietzsche describe como el tiempo del último hombre, es decir, el hombre contemporáneo, el hombre nihilista, cínico, que ya no cree en nada, que está desengañado respecto de todo valor y sentido.

Es el hombre que vive con indiferencia, que es incluso incapaz de desprecio, ya nada le afecta, nada le importa, ni siquiera la vida, ni sí mismo, es por eso que esta situación debe ser superada. Dios había sido hasta entonces el centro de la existencia humana, y una vez muerto debemos sustituirlo por un nuevo ideal, necesitamos otro centro de gravedad que dé orientación a nuestra vida y la justifique: “Deseo mostrar a los hombres el sentido de su existencia, que es el Superhombre, el rayo que surge de la nube sombría que es el hombre” [2].

Zaratustra no llega con la intención de matar a Dios por considerarlo obsoleto, pues ya nosotros lo hemos matado con nuestras actitudes, sino que él plantea superarlo mediante un nuevo sistema de valores, uno que propone creer en algo más real y productivo, y que sustituya ese lugar que ocupaba Dios en nuestras vidas y que ahora yace muerto por nuestra culpa: “yo predico el Superhombre. Yo anuncio al Superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Quién ha hecho algo para superarlo?” [3]. El hombre debe asumir las consecuencias de la muerte de Dios, ya que que al morir Dios, los pocos valores vigentes que quedan se derrumban solos o son destruidos por el mismo hombre. Zaratustra promulga que la superación de este nihilismo solo se producirá cuando el Superhombre logre imponer nuevos valores. Una vez que los hombres sustituyan los viejos valores por los valores del Superhombre, este pasa a ocupar el lugar de Dios, pues estamos ante un legislador que crea sus propias normas, tanto morales como cualquier otra.

Hay quienes, con la muerte de Dios, se han llenado de resentimiento hacia la vida, pensando que ahora la vida carece de sentido y de importancia, pues es esto precisamente lo que dice Zaratustra que debe ser superado, matando en nosotros aquello que queda del viejo hombre y abrir camino hacia un nuevo hombre que ama la vida, el mundo que le rodea, sometiendo todo a su voluntad y que no se arrepiente de nada, de modo que la vida del hombre es un camino, un tránsito hacia una vida más plena representada por el Superhombre, aquel que ha logrado superar la muerte de Dios y la moral esclava de las religiones. El superhombre, por tanto, ya no vive en función de una vida en el mas allá, ni de ideales trascendentales, sino que rompe todas las cadenas que lo atan a las tradiciones y proclama una vida libre de prejuicios y en la más absoluta libertad, incluso para crear sus propias normas morales.

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[1] Así habló Zaratustra, Mestas Ediciones, S.L. 2017, El hombre superior II, pág. 274.

[2] Así habló Zaratustra, Mestas Ediciones, S.L. 2017, Prólogo VII, pág. 22.

[3] Así habló Zaratustra, Mestas Ediciones, S.L. 2017, Prólogo III, pág. 14.

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