Editorial

Colmos que colman el vacío de la sorpresa: dos hechos inauditos

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¡Es el colmo! ¡Una antología de lo increíble! La alta institucionalidad dominicana es muy buena marcando tendencias a la alza. De vez en cuando parece que retornamos a la normalidad —si es que alguna vez hemos estado en el denominado equilibrio que proporciona actuar como espera la sociedad—. En las instancias elevadas de poder suceden eventos que, tras aparentes progresos, vuelven hacia atrás con mayor ímpetu que un camión de los tipo monster cuando ponen la reversa.

Observen, lectores, que dos hechos que parecen un recipiente grande para llenar el vacío de sorpresa que quizá tuvimos alguna vez —cuando en la República Dominicana no aconteciese nada inaudito—. Reflexionen un poco, a ver si encuentran justificaciones de estados pasivos que ponen al dominicano como un ente neutral absoluto al que nada le modifica el ánimo.

[1]  El presidente de la Junta Central Electoral, Julio César Castaños Guzmán, llama a la moderación, cuando el PLD derrocha megalomanía con su brillante color morado y frente a las permanentes advertencias sobre uso de los recursos del Estado en la ya moribunda precampaña. Llámenlo ustedes como quieran, pero parece blandenguería;

[2]  El estrenado juez de la Suprema Corte de Justicia, Napoleón Estévez Lavandier, quien ahora se sienta con la espada de la justicia y el “velo de la ignorancia” que da la imparcialidad del juez, era abogado de Alfredo Pacheco en el caso Odebrecht. Esto es que pasó de asistente en el banquillo a incidir en la suerte del mismo litigio ¡Una aberración ética!

Juzguen ustedes…

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