Parecer

Danilo Medina quiere otro período, pero Leonel Fernández aspira a dos mandatos más 

Por Rafael Gil

La lucha de los sectores democráticos de la República Dominicana por defender la Constitución debe estar concentrada en evitar que un político aspire a la jefatura del Estado constantemente, como si fuera un mesías o predestinado.

La mayoría de las personas que dentro del Partido de la Liberación Dominicana se opone a una reforma de la carta magna del país que habilite al presidente Danilo Medina en vista a las elecciones del año 2020 no lo hace porque crea en la defensa y preservación de la institucionalidad democrática, sino porque tiene el interés de que el candidato presidencial del PLD sea Leonel Fernández, quien ya ha sido presidente de la República Dominicana en tres ocasiones y aspira dos períodos consecutivos más, queriendo equipararse con Buenaventura Báez y Joaquín Balaguer, los caudillos dominicanos que más veces, hasta el momento, han aspirado a la primera magistratura de la nación.

Si fueran serios y objetivos los planteamientos de los que se oponen a la posible repostulación del presidente Danilo Medina, también deberían oponerse a la repostulación diferida de Leonel Fernández, si es que verdaderamente les interesa el fortalecimiento de la democracia, la institucionalidad del Estado dominicano y la unidad del PLD, pero parece que que no; a ellos solo les interesa que Leonel Fernández regrese al poder bajo cualquier circunstancia, para medrar y beneficiarse con cargos, prebendas, sinecuras, contratos y demás modalidades de otro posible régimen corrupto que él encabece.

Posiblemente, lo que más le convenga al PLD y al país es que se haga una reforma profunda y estructural de la Constitución para afinar y definir bien aspectos puntuales de un Estado democrático y de derecho, y evitar que un gobernante que sea electo dos veces presidente de la República Dominicana pueda volver a aspirar a ese mismo cargo jamás, y que en los estatutos de los partidos políticos se establezca como principio que el miembro de una de esas formaciones partidarias que haya sido presidente en dos ocasiones o más, no pueda aspirar a ser candidato a esa posición nuevamente.

En la sociedad civil y en los partidos políticos hay una pléyade de mujeres y hombres honestos, serios, preparados, con trayectoria cívica y vocación de servicio que podrían perfectamente llegar a ser muy buenos gobernantes.

Entonces, ¿por cuál razón hay que estar pensando únicamente en dos personas que ya han ejercido el poder varias veces, como si no hubiera más ciudadanos con sobradas capacidades para dirigir la nación dominicana?

El pueblo dominicano es imperecedero, todos somos importantes, pero nadie es imprescindible; quienes abogan por liderazgos mesiánicos se descalifican y violentan su talento y el de otras personas que tienen el interés, la buena intención, la vocación de sacrificio y servicio por la patria y las aptitudes para aportar al progreso y el ordenamiento del sociedad nacional desde el gobierno.

La mayor aspiración de todo buen ciudadano dominicano es ver a su país en constante desarrollo, con justicia social, sin privilegios irritantes ni corrupción administrativa; así como que todos los habitantes de la nación, con los impuestos que tributamos al fisco, tengamos seguridad ciudadana, oportunidades para emprender negocios o acceso al mercado laboral, garantía en la satisfacción de las necesidades básicas de alimentación, salud, educación, vivienda, agua potable, alcantarillado sanitario, energía eléctrica, seguridad social, preservación del medio ambiente y los recursos naturales, recreación y vacaciones en el ámbito de un sistema institucional operativo.

Todo lo anterior es posible lograrlo cuando pensemos más en el interés colectivo que en el oportunismo trepador partidario cargado de fanatismo con afán de movilidad económica y la búsqueda de conveniencia particular.

Nuestra lucha no debe ser porque se quede o regrese al poder un determinado líder político, sino aspirar a que el estado funcione de manera eficiente para felicidad y bienestar de todos, independientemente de quien sea el partido o la persona que dirija el gobierno.

La institucionalidad del Estado no solo se deteriora cuando el gobernante de turno pretende reformar la Constitución para continuar en el poder, sino toda vez que un político que ha sido tres veces presidente, con ambición desmedida, aspira a regresar a dirigir el gobierno sin pensar en el derecho legítimo que tienen otros dominicanos con sobradas cualidades para administrar de manera honesta y eficiente las funciones públicas.

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