Historiador de la Ciudad

El documento de mayor antigüedad en el Archivo Real de Higüey

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

El documento histórico local más antiguo es de fecha 24 de diciembre del año 1611 y aparece en el Libro II del Archivo de los Papeles del Cabildo que también se conserva en microfilm en el obispado de Higüey. Esto significa que todo lo que se ha investigado y escrito sobre el Higüey colonial, desde el descubrimiento al año 1611, pertenece a fuentes no locales y encontradas en otros archivos. Se perdió el Libro I. Se perdieron en esos legajos más de cien años de historia.

Según Polanco Brito:

“Nada sabemos de los primeros libros de Actas del Cabildo, si no que, el 3 de febrero de 1672, los viejos libros sin hojas ni al principio, ni al fin, “se hallaron metidos en un cajón en poder de María de Rosa”, vecina de la villa, donde los había depositado Don Domingo Cedeño, Alcalde Ordinario. Eran 5 libros (…) Entre estos papeles perdidos estaba el Contrato de Venta de la Casa del Peregrino. Posiblemente era un caserón de tablas de palma y techo de cana, como lo fue la mayoría de las casas del Higüey de aquella época…”.

El mencionado documento del 24 de diciembre del 1611 es el testamento de Elena de Los Santos perdido en la encuadernación del segundo volumen del Archivo de los Papeles del Cabildo. Elena era una mujer muy rica. Hizo testamento ante el escribano Sebastián Hernández y declaró a su único hijo Luis Guerrero su heredero universal y como albacea[1] nombró al Pbro. Juan Morquecho. Sus bienes comprendían “un negro y una negra criollos, mucha ropa de Holanda, 6 caballos capados y tres sin capar, siete yeguas con un marañón[2], una cama con colchón y pabellón y tiene botijas de manteca. Es suya una yegua alzada en la “Laguna de Monjengo” que dejó a Don Francisco de Castro. Donó 15 ducados a la Cofradía del Santísimo y que se diga una misa a Nuestra Señora de la Encarnación. Tiene muchas prendas de oro y deja a su esclava Magdalena una sábana y a quien encarga que “sirva siempre a su hijo”. Respecto a Lázaro Torres, “negro libre”, que se venda por trescientos ducados”. Testigos: Ana de Santiago, María Rodríguez, Luisa Núñez, Agustina de Torres y el Vicario General, Juan Morquecho. Sebastián Hernández, escribano[3]. (Documento mutilado en parte).

En algún momento, luego del 3 de febrero del 1672, el Archivo Real de Higüey fue enviado a El Seibo. Reproduzco una nota que preparara don Vetilio Alfau Durán, en 1965, sobre los Fondos del Archivo Real de Higüey (1611-1932) cuando se desempañaba como director del Archivo General de la Nación: “Se inicia ahora la publicación del catálogo de los fondos que, procedentes del antiguo Archivo Real de Higüey, se conservan en esta institución y los cuales fueron descubiertos, hace ya más de una década en un depósito de la gobernación provincial de El Seibo, por el Lic. Francisco Elpidio Beras Morales, individuo de número de la Academia Dominicana de la Historia y magistrado que fue de la Suprema Corte de Justicia. Ya han sido publicados algunos de esos documentos en el número 46 de este Boletín. Han sido distribuidos en 79 legajos y sus piezas más antiguas alcanzan al año de 1611. El primero en utilizar esos documentos fue el inolvidable P. Fr. Cipriano de Utrera, en su trabajo acerca de San Dionisio, Patrono de Higüey, que vio la luz en la entrega número 80 de la revista Clío, órgano de la Academia Dominicana de la Historia, así como en las notas que ilustran su trabajo sobre La Parroquia de Higüey, en el número 99 de la misma publicación. Dado el interés de estos documentos para nuestra historia Colonial, especialmente para el municipio de Salvaleón de Higüey, asiento del Santuario de Nuestra Señora de La Altagracia, la más antigua advocación mariana del Nuevo Mundo, hoy sede episcopal, hemos preparado un fichero analítico de tan interesantes fondos y cuya publicación iniciamos en orden cronológico para mayor facilidad de los estudiosos.”

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[1] El “albacea” es la persona de confianza a quien se encarga de ejecutar todo cuanto el testador le haya encomendado. Puede ser nombrado para una cuestión concreta o para ejecutar todo el contenido del testamento, de modo que se cumpla en todo la voluntad del testador. Puede haber uno o varios albaceas. Y se puede nombrar tanto a una persona física como a una jurídica.

[2] Un burro marañón es aquel preferido para encastar con una yegua y producir una mula. El burro marañón tiene un color rojizo y carmelita. El burro marañón es igual o más alto que un caballo y por tanto la cría o producto final, mula, es muy alta de estatura. La mula se prefiere como animal de carga o monta ya que tiene un galope muy parejo y con pocos brincos y, normalmente, es muy noble y entendida; todo lo contrario al mulo. Nota del autor: una vez cuando era adolescente iba de vacaciones a El Mamey, una sección de donde es oriunda mi madre, y había un mulo que hacía lo que le venía en gana y en tiempo de calor al montarlo corrió rumbo al río y se tiró para refrescarse. Ante la burla de una amiga que me acompañaba un peón de mi abuelo llamado Eligio me enseñó la siguiente estrofa: Apostaron a correr/ una mujer y una burra/ apostaron a correr/ A correr ganó la burra/ pero a burra, la mujer.

[3] Polanco Brito, Eduardo: Historia de Salvaleón de Higüey. Pág. 19

 

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