Historiador de la Ciudad

El Parque Nacional del Este y la isla Saona

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

Colón observó por vez última la isla Saona, el canal de La Mona y las costas de Higüey, un 12 de septiembre del 1504, cuando iba de regreso a España.

El Parque Nacional del Este tiene una superficie de 43.400 hectáreas y ocupa la punta sureste de Yuma con sus localidades de Martel, Granchorra, El Peñón, Guaraguao y la Saona, formando una península trapezoidal. Su base mayor de 25 kilómetros une a los poblados de Boca de Yuma y Bayahibe.

La isla Saona está ubicada frente al cabo Palmillas y está separada del mismo por el Canal de Catuano. Fue declarado Parque Nacional el 16 de septiembre del 1975. Este parque protege la enorme variedad faunística de la zona así como los diferentes ecosistemas naturales. Está formado por una península en cuyo extremo meridional se extiende una gran zona de esteros, pantanos y manglares, frente a la bahía de Catalinita y, al otro lado, se halla la isla Saona. Una gran variedad de insectos alimentan a una rica avifauna formada por cotorras, flauteros y zumbadores, entre otras aves. La fauna acuática y terrestre es rica, aunque pobre en mamíferos.

El parque tiene el único templo taíno descubierto en las Antillas. Se trata de la cueva de José María “con 1,107 pictografías y donde se aprecia la utilización de las conformaciones rocosas de su interior para asignarle rostros y funciones sagradas. Bahía de Yuma es la desembocadura del río Yuma, lugar al cual se le ha llamado Boca de Yuma. Aquí se encuentra la Cueva de Bernard, un importante yacimiento de arte rupestre”[1].

El territorio del Parque Nacional del Este fue visitado por Cristóbal Colón, durante su segundo viaje, después de evadir una tempestad. Una de las personas que le acompañaba, el savonés Michelle de Cúneo, fue quien detectó a la isla Adamanay y, en su honor, Colón le nombró Saona. Miguel de Cúneo en su “Relación” dice que Colón le dedicó el nombre de la Saona a él, y “…tome posesión tal y como lo hacía en las otras el señor Almirante, en nombre de Su Majestad el rey”. Cúneo fue un amigo de Cristóbal Colón que participó del segundo viaje. Una carta extensa que escribió a su regreso se convirtió en un triste registro: el de la primera violación documentada de una india taína.

Miguel de Cúneo y Cristóbal Colón jugaban juntos en las calles de Savona en Génova. Seguramente, esto pesó mucho cuando el descubridor lo incluyó como tripulante de la segunda expedición. La participación de Cúneo, o Miguel de Savona, rindió sus frutos; exceptuando el informe del médico Diego Álvarez Chanca la larguísima carta que escribió a un amigo es el único relato que se conserva de la expedición: “Así, siguiendo la costa hacia nuestra población encontramos una isla bellísima, que comenzaba en un cabo, no demasiado alargada, y que también fui el primero en descubrir. Tiene una vuelta de una veinticinco leguas y también por amor a mí el señor Almirante le llamó “La Bella Savonesa” y me la regaló. De acuerdo con las formas y modos convenientes tomé posesión de ella, tal como el señor Almirante hacía con las otras en nombre de su Majestad El Rey, o sea yo, en virtud del instrumento notarial, sobre dicha isla arranqué hierbas, corté árboles, planté la cruz y también la horca, y en nombre de Dios la bauticé con el nombre de la Bella Savonesa. Y realmente se la puede llamar bella, porque allí hay más de treinta y siete caseríos con treinta mil almas, por lo menos. Todo esto lo anotó también el señor Almirante en su libro”.

El original se conserva en los Archivos de Génova. En la isla Saona existían varios centros de producción de cazabe. Esta fue la primera ruta comercial en el Nuevo Mundo: Río Ozama-Yuma-Saona. Miguel no vivió para obtener ganancia de la Saona.

Sobre la isla Saona podemos encontrar en el Archivo General de Indias lo siguiente:

Del 24 de noviembre del 1525, “Real Cédula dando licencia a García de Lerma contino de la Casa de S.M. o a la persona que su poder tuviere para que pueda cortar en la isla Española y en la Saona o en otra cualquier parte donde hubiere seis mil quintales de brasil y traer a estos reinos, para vender y contratar pagando dos reales de plata por quintal a los oficiales de la Casa de la Contratación para S.M. Nota: Tomen nota Casa Contratación”.[2]

El 17 de noviembre del 1526, “Real Cédula a los oidores y oficiales de la isla Española, para que se haga información sobre cierta isla llamada la Saona, a petición de Juan Genovés, maestre, que solicita la encomienda de la misma”. [3]

El 15 de junio del 1528, “Real Cédula a Antonio de Villasante, vecino de la ciudad de Santo Domingo de la isla Española, dándole licencia para que por tiempo de diez años primeros siguientes, pueda hacer, por él mismo o por persona que tenga su poder, pesquería de perlas en la isleta de la Saona, de las cuales habrá de dar a S.M. el quinto de las costas que en dicha pesquería y población hiciere, sin que pueda disponer de dichas perlas, sin antes llevarlas a los oficiales de la isla Española para que sean quintadas, y bajo la pena de perderlas todas si contraviniere esta orden, y que lleve registrada en un libro la cuenta y razón de las perlas y de las personas que en su pesca trabajen”.[4]

Documentalmente, volvemos a saber de la isla Saona el 13 de julio de 1561[5]: “Real Cédula a los oficiales reales de la isla Española sobre las cuatro naos que salieron por el mes de marzo del puerto de Santo Domingo y robaron dos navíos corsarios franceses cerca de la Saona”. Y Real Cédula a la audiencia de la isla Española: que García de Carmona en nombre de Lucia Andrea, su mujer, y de Francisca Ramírez, hijas y universales herederas de Juan Ximoves (o Ginoves) difunto, vecino de Sevilla, ha hecho relación que podrá haber treinta y cuatro años (1527) que por una Real Cédula se había mandado a esa audiencia que tomase cierto asiento y capitulación con el dicho Juan Ximoves para que pudiese meter y tener en la isla de la Saona sus granjerías de ganados mayores y menores para tener provisión para las personas que van y vienen de esas partes de estos reinos por ser allí puesto y paso para la Nueva España y Honduras y otras partes y que el dicho asiento se tomó y el dicho Ximoves hasta que había fallecido había tenido y poseído la dicha isla con los dichos ganados mayores y menores, y después de muerto no se había usado mas del dicho asiento por no haber dejado más herederos que lo pudieren hacer que las dichas dos hijas de poca edad. Suplica se le mandare conforme la dicha capitulación.- Que si hallaren que conviene que en la dicha isla haya las dichas granjeras de ganado para reparo de los que navegan, y de ello no se sigue daño ni perjuicio a la real hacienda ni a otro tercero alguno hagan con el dicho García de Cárdenas el asiento y capitulación que más convenga y juntamente con su parecer lo envíen al Consejo para que visto se provea y entre tanto quedan con el dicho Carmona la capitulación que con él tomaren señalando primeramente la parte que del provecho de ello hubiere de haber S.M.[6]

En el 1855 el Senado Consultor de la República Dominicana concedió al general Pedro Santana el usufructo de la isla Saona, por cincuenta años, sin obligación pecuniaria a favor del fisco. Para el 1 de febrero de 1945 se instaló una colonia agraria con doce hombres en la Saona y para el 1949 tenían cultivada diez mil de las treinta mil tareas disponibles en ella. Se construyeron cien casitas de madera y palma en un lugar llamado Mano Juan. Los frutos y vituallas eran transportados en botes y veleros a La Romana y San Pedro de Macorís.

El carbón se producía en gran cantidad y la pesca era abundante. Existió en esa época una planta de electricidad propiedad del entonces Departamento de Agricultura quien prestó apoyo a la incipiente colonia. Para el 1950 ya tenía 325 moradores y 103 colonos. Existió una estación meteorológica que le permitía a la oficina central de Santo Domingo disponer, diariamente, de informes relativos al tiempo en el punto más oriental. Había una inspectoría de costas y varios comercios. Junto con la colonia se creó una escuela con una inscripción de 71 alumnos de los cuales 63 recibían desayuno escolar. En sus jornadas libre los hombres asistían a dos unidades de alfabetización y otros se reunían en el local del club agrario, en ambiente de animación, jugando tableros o bailando. La Dirección General de Deportes dotó la escuela de un equipo de voleibol.

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1. López Belando: Adolfo. El Contacto de los Aborígenes Antillanos, pág. 3.

2. ES.41091.AGI/1.16403.15.414//INDIFERENTE, 420, L.10, F.166R-166V

3. ES.41091.AGI/1.16403.15.420//INDIFERENTE, 421, L.11, F.330

4. ES.41091.AGI/1.16403.15.420//INDIFERENTE, 421, L.13, F.227V-228R

5. AGI/1.16403.2.908//SANTO_DOMINGO, 899, L.1, F.22

5. AGI/1.16403.2.908//SANTO_DOMINGO, 899, L.1, F.226V

Guerrero Castro, Francisco, 1964-. Origen, Desarrollo e Identidad de Salvaleón de Higüey. Santo Domingo, República Dominicana: Editora Nacional, 2011. ISBN 978 9945 469 46 2

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