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El progreso en el extremo sureste: liberar la tensión socioeconómica de La Altagracia

La comprobación de estadísticas oficiales sobre La Altagracia, vistas con relación a las demás provincias que componen la subregión del Yuma, en el extremo sureste dominicano, da a los lectores cierta satisfacción localista. En casi todos los indicadores la provincia está por encima de las comunidades circundantes. Pero, como si se tratara de una contradicción, una buena lógica de “interés” o “bienestar” nos puede señalar que es saludable un aumento de los porcentajes en indicadores sociales importantes a favor de nuestros pueblos vecinos, especialmente en las provincias El Seibo o Hato Mayor. Paso a explicar por qué.

Los altagracianos estamos padeciendo de una tensión que complica el desarrollo sostenido de las comunidades que componen el núcleo social y económico. El volumen y la demanda de trabajadores, gran parte con un éxodo perdurable hacia el distrito municipal Verón-Punta Cana, implica un enorme movimiento de personas, junto a un intercambio comercial de bienes de poco valor, informalidad empresarial y un devenir complicado para hacer de la zona urbana un hábitat humano placentero.

En Salvaleón de Higüey, ciudad cabecera del municipio ─y con honestidad la única que merecería tal calificativo, pues no es cierto que San Rafael del Yuma, o los asentamientos urbanos centrales de La Otra Banda, Las Lagunas de Nisibón o Verón puedan llamarse “ciudades”─ es cuesta arriba visualizar mejoras en la vida cotidiana sin direccionar el flujo humano y económico a otras zonas.

Para ejemplificarlo, podemos usar la siguiente ilustración[1]:

Este mapa corresponde a la publicación Directorio de empresas y establecimientos 2018 – Resultados preliminares de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Muestra cómo el 3.7 % de las empresas registradas en el país durante el año pasado se concentraron ─en el este─ en La Altagracia, que ocupó la posición número 4 entre todas las provincias del país, después de la provincia Santiago (15 %), y por encima de La Vega y Puerto Plata, con 3.4 % cada una.

Las cantidades de empresas registradas en 2018 en El Seibo, Hato Mayor, La Romana y San Pedro de Macorís alcanzan, sumadas todas, solo un 3.6 % del total nacional, incluso ligeramente inferior al total de La Altagracia; y adicionadas al porcentaje de esta la cifra resulta en un 7.3: incluso menor a la mitad de las cantidades que muestra la publicación para Santiago, antedicha, o la provincia Santo Domingo (15.8 %): una muestra clara de que la concentración de recursos económicos y humanos es un problema nacional.

El Seibo

La condición de inferioridad es comparable a la de las provincias más pobres del país como Elías Piña, Dajabón o Independencia, en el extremo suroeste: aquellas con 0.1 % de empresas registradas el año pasado y las de estos lares con 0.2 %. En suma, el mapa anterior es una señal de la poca iniciativa privada e informalidad presentes en esas zonas, por la presencia de capital humano y económico en otras. Aun así, no parece que la causa sea indiferencia o falta de motivación de las personas.

Como recientemente apareció en Listín Diario, los seibanos, procedentes de la provincia madre de La Altagracia son atraídos por la demanda de trabajo de la zona hotelera de Higüey. Según una declaración a ese medio “[l]a juventud es buena, humilde, con aspiraciones y le gusta trabajar, pero no las pueden desarrollar porque no hay fuentes de trabajo”.[2]  Mientras en El Seibo existen solo 3 hoteles, La Altagracia cuenta con 94[3].

El municipio El Seibo ─cabecera de la provincia─ alberga 66,867 habitantes[4], más el crecimiento o decrecimiento que puede haberse dado tras el último censo de población y vivienda en 2010. Sería un alivio para La Altagracia que el otro lado del río Chavón aumente la atracción de grupos humanos ─naturales de la zona, principalmente─ o inmigrantes que anteriormente vendrían a los alrededores de Higüey. Lo anterior no quiere significar una “suerte de diversificación migratoria interna”; más bien, el propio desarrollo equilibrado de la región hará mantener niveles similares de densidad poblacional en cada provincia, que es desigual. En el área territorial nuestra ─en Higüey─ se contabilizaron 251,243[5] habitantes: 3.7 veces más que aquellos 66,867 de El Seibo.

Hato Mayor

Hato Mayor también es hija de la antigua comarca del despiadado dictador Pedro Santana, y fue la última en experimentar la segregación territorial, pues fue convertida en provincia mediante la ley no. 285 de 1984. De todas maneras, a pesar de su juventud como provincia, ha evidenciado un rezago menor que El Seibo. En el 2018 el número de empresas registradas fue el doble de aquélla zona (0.4 % vs. 0.2 %); y si bien no es mucha diferencia, evidencia una actividad humana menos estática.

En el año 2010, Hato Mayor registró 61,517[6] habitantes. De 49,443 personas en edad para trabajar, el 7.8 % se encontró desempleada, incluso menor que en Higüey; es decir, con todo y que hay mayor impulso económico aquí que en las demás provincias orientales, disponemos de menos gente trabajando. Cuando se evaluó la pobreza, tomando como referencia la intervención estatal, el asistencialismo, la cantidad de beneficiarios del programa Comer es Primero se ubicó en 6,421 personas: alrededor de 3,022 menos que en El Seibo.

Hablamos de demarcaciones en condiciones socioeconómicas similares que tienen un componente en común: La Altagracia ha sido el refugio migratorio interno suyo, por proximidad y mayores posibilidades de encontrar trabajo y mejores ingresos. En el quinquenio 1997-2002 La Altagracia recibió 16,442 migrantes internos, esto es, aquellos que fijaron residencia última en ella. El 16.6 % vino de El Seibo (10.3 %) y Hato Mayor (6.3 %)[7], aunque sorprendentemente la estadística muestra que fueron inferior a los procedentes de Santo Domingo que nos legó el 20.8 %: alrededor de 3,420 personas.

Sin el logro de acuerdos interprovinciales e intermunicipales, públicos y privados, es difícil arribar a una región autosustentable y sin presión poblacional. Empero, la dificultad aumenta con un avasallante Poder Ejecutivo repleto de oficinas, direcciones generales, departamentos, etc., por donde se filtra cada asunto relativo a los ciudadanos. Sin la debida observación de los problemas locales y la dedicación tesonera para hallar medios de solución  es posible que nos tome más tiempo del que pensamos. Es cierto que nuestra sobre provincia no pueda decirse que tenga sobrepoblación; aun así, no tiene condiciones para seguir aguantando el crecimiento. La Romana, no incluida aquí, también muestra altos niveles de población, y su vecino San Pedro de Macorís se queda como una ciudad fantasma. El progreso de las provincias vecinas es la única alternativa para desahogar la tensión que asfixia Higüey.

    1. Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Directorio de Establecimientos Económicos – Resumen preliminar. 2019.
    2. Méndez, Wanda. La falta de empleos obliga a jóvenes de El Seibo a emigrar. (27 de junio 2019). Disponible en: https://listindiario.com/economia/2019/06/27/571652/la-falta-de-empleos-empuja-a-jovenes-de-el-seibo-a-emigrar
    3. Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Tu municipio en cifras – Higüey. 2016.
    4. Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Tu municipio en cifrasEl Seibo. 2016.
    5. Ibídem
    6. Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Tu municipio en cifrasHato Mayor. 2016.
    7. Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Las migraciones interprovinciales en la República Dominicana (1997-2002). 2009.

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