Parecer

El verano de los apagones

Por Ángel Morla

El último mes ha sido testigo de las enormes tandas de apagones que como latigazos de verdugo recaen sobre las espaldas de los hogares higüeyanos. Este medio ha dedicado buena parte de su espacio a dar cuenta de sucesos ligados al problema energético. Como notarán los lectores, EDEESTE y Junta de Vecinos son temas frecuentes.

Ha sido la frecuencia con que nos ponen en situación de unos y ceros el motivo de tanta atención al tema. O sea, con o sin energía. En honor a la verdad hemos permanecido con prolongados estados de inactividad eléctrica. Si consideramos las consecuencias de la falta de energía, podríamos colocarnos en un estado de mayor atención al problema energético.

Es bien conocido que el verano se pasea frente a nosotros y lo advertimos con cierta normalidad, por nuestra condición geográfica tropical en la que es normal que las temperaturas sean más hacia el calor. Y la gente nunca deja de poner en sus conversaciones que está haciendo calor, no obstante ser lo cotidiano.

Cuando no hay energía eléctrica todo falla: las actividades deben cesar si no se cuenta con un mecanismo de mitigación de la falta de la energía que suministra la empresa pública. Desde las domésticas hasta los industriales sufren las consecuencias. En este sentido la producción se detiene o afecta directamente las finanzas, por cuanto hay que restablecer la energía con costosas plantas de generación o inversores donde la demanda es menor.

Nótese que es una necesidad que comprende el total de los ciudadanos, lo que nos enrostra que el reclamo debe manifestarse en conjunto. Vino a ser conveniente que los destellos del fantasma de la desunión en las luchas por las reivindicaciones aparenten haberse diluido, si es que alguna vez existieron. Todas las fuerzas podrían girar alrededor de un mismo eje: el reclamo intransigente ante las omisiones de la administración pública.

Digamos que tendremos un horno en el que colocar todos los ingredientes, para “sazonar el chivo”, como expresara un dirigente comunitario. En ese sentido “el verano de los apagones” se marcharía con menos daños. En fin, La Altagracia sería tierra de cohesión social y lucha popular, sin condicionantes ni segmentación ciudadana, que deberá ser siempre una para enfrentar al Leviatán.

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