Parecer

El vudú: la religión haitiana (II)

Por Edwin Peña

PARTE II

En su descripción de la: “Partie francaise de Saint Domingue”, Moreau de Saint-Mery escribió: “Los verdaderos adeptos del voudoux aseguran que significa o alude a un ser todopoderoso y sobrenatural de quien dependen todos los acontecimientos que han de ocurrir en esta tierra”.

La palabra vudú o voodoo procede del vocablo africano Fon, cuyo significado es deidad, espíritu o fuerza mística. Para gran parte de occidente hablar de vudú es referirse a prácticas oscuras, magia negra, adoración de demonios, zombis, y la capacidad de hacer daño por medio de hechizos y brujería. Nada más lejos de la realidad. Estas difamaciones nacieron como un esfuerzo de occidente para erradicar dicha creencia. El secretismo y el desconocimiento por parte de occidente de los rituales del vudú lo dotó de atributos mágicos y diabólicos.

Al mismo tiempo, esta creencia fue vista como una amenaza a los intereses de los amos blancos de las demás colonias. Este cáncer no debía llegar a otras regiones. Los blancos sabían perfectamente que el vudú había jugado un papel importantísimo en la revuelta de esclavos de 1791, que culminaría con la creación del Estado haitiano en 1804, convirtiéndose, entonces, en la primera nación negra del mundo, gobernada por ex esclavos.

Por esta y otras razones el pequeño Estado recibió bloqueos comerciales y una campaña feroz de desprestigio contra el poco entendido vudú y sus prácticas. El pequeño Estado viviría paranoico, con miedo de que el amo blanco regresara y lo sometiera de nuevo a una esclavitud más severa; fue por eso que se dedicó en cuerpo y alma a la organización de su ejército, convirtiéndolo en uno de los más grandes y letales de la región.

Debido a su experiencia con el amo blanco, el pequeño estado haitiano se había vuelto humanitario. Estaban dispuestos a ayudar y contribuir con cualquiera que estuviera de acuerdo con la abolición de la esclavitud. Todos los esclavos del continente que huyeran de sus amos serían recibidos en Haití en condición de hombres libres. En los Estados Unidos muchos blancos norteños reunían esclavos fugitivos y los embarcaban hacia Haití, donde podrían vivir libremente sin que fuesen castigados por los esclavistas del sur de los Estados Unidos.

Esta misma paranoia llevó a los haitianos a invadir el otro extremo de la isla, a fin de evitar que sus enemigos del mundo blanco entraran por ahí para someterlos nuevamente a la esclavitud. Haití tuvo que pagar un alto precio por su libertad, pues, a fin de terminar con este miedo, Haití se comprometió en 1825 a pagar una cuantiosa indemnización anual a Francia por 100 años, con el fin de que esta reconociera su independencia y renunciara a toda pretensión de su antigua colonia. Francia aceptó, condenando al Estado haitiano a la pobreza, pues Haití no terminaría de pagar su deuda hasta 1947.

Debido a las desventajas comerciales producto del prejuicio que suponía la práctica de la religión vudú, los padres de la patria haitiana y tres primeros líderes, Toussaint Louverture, Jean-Jacques Dessalines y Henri Christophe reunieron todos sus esfuerzos para erradicar esta práctica y adoptar la religión del hombre blanco, para facilitar las relaciones internacionales. No obstante, los haitianos consiguieron disfrazar su fe, sus deidades y ritos, mezclándolos con el catolicismo romano, dando lugar a un sincretismo religioso compuesto de credos africanos con diversas ideas cristianas, así originaron el actual vudú haitiano.

Pese a los intentos de los europeos y los primeros líderes haitianos por erradicar el vudú, este consiguió mantenerse y prosperar hasta convertirse en parte importante de la identidad haitiana, que unía sus raíces africanas con la religión que su nuevo país había adoptado. Para el haitiano común no existen conflictos entre el vudú y el catolicismo. Los haitianos se mostraban abiertos ante la idea de adoptar o introducir conceptos católicos a su religión; en esta creencia había lugar para todos.

Los haitianos incluso elevaron al dios cristiano, Jehová, al más alto nivel dentro de su religión, siendo este el gran señor, “Le Bon Dien” o “Papá Bondye”, el único dios y los Loas o espíritus, sus ayudantes, cuyos equivalentes en la religión cristiana son los ángeles y santos, quienes pueden interceder o servir de intermediarios entre Dios y los seres humanos.

El haitiano común no se involucra en polémicas teológicas, de modo que no tiene ningún problema con identificarse como católico y al mismo tiempo seguir sus prácticas vuduistas, pues reconocen que el vudú tiene fuertes influencias católicas. Marie Laveau era conocida como la reina vudú en New Orleans, sin embargo, al mismo tiempo, ella y su esposo Jacques Paris eran devotos católicos. Concluiré esta parte citando un fragmento de un credo vuduísta.

“Creo en muchos dioses y espíritus, guardianes de la tierra y el cielo y todas las cosas visibles e invisibles; creo en todos estos vudús (loas) que son poderosos, aunque menos majestuosos que Le Bondye de los cristianos; algunos de estos dioses y espíritus vinieron conmigo de la madre áfrica, mi antiguo hogar, pero a otros los conocí aquí, en mi patria haitiana”.

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