Parecer

El vudú: la religión haitiana (III)

Por Edwin Peña

PARTE III

Los primeros visitantes de la Haití independiente calificaron el vudú como una simple religión popular; algo más o menos definido y unificado en comparación con los ritos y creencias de otros negros en otras colonias. Sin embargo, a partir de 1863 lo que en realidad era un conjunto de prácticas y creencias religiosas ahora había alcanzado una súbita notoriedad, haciendo objeto a Haití de una macabra curiosidad y de informaciones cuya principal característica era lo espeluznante.

El 27 de diciembre de 1863 ocurrió el famoso affaire de Bizoton, el crimen que consternó a medio mundo, incluyendo al mismo Haití. Aquel día desapareció de su hogar, durante la ausencia de su madre, una muchachita de 12 años llamada Claircine. La búsqueda de la chica fue inútil; pasarían varios días antes de que las autoridades del país descubrieran que la chica había sido objeto de un siniestro sacrificio religioso. La niña había sido asesinada y cocinada para el consumo de los fanáticos religiosos que habían participado en el hecho.

Una investigación  dirigida discretamente dio como resultado el arresto de 15 personas, 8 de las cuales quedaron detenidas. La indignación se había hecho eco, tanto entre los extranjeros como también en la población local. Lo que estos 8 fanáticos hicieron pareció tan horrible para la población haitiana como para cualquier país civilizado.

La culpabilidad de los acusados, 4 hombres y 4 mujeres, pronto quedó evidenciada; los horrendos detalles a raíz de su completa confesión escandalizaron a la prensa internacional, que dio mucha publicidad al proceso. El 13 de febrero de 1864 los culpables fueron condenados a la pena máxima, la muerte; habían sido declarados culpables de hechicería, crueldad y asesinato. El asesinato de aquella niña en Bizoton, a las afueras de Puerto Príncipe, pareció darles más razones a los enemigos del vudú sobre el carácter maligno de dicha religión.

Los periodistas extranjeros cargaron sus crónicas de drama y sensacionalismo, añadiendo a ello todo lo que oyeron decir del crimen y las creencias religiosas que lo motivaron. El público lector, que por general no examina los hechos y que desconocía a Haití, parecer haber supuesto, frente a esas fantásticas crónicas, que tales actos eran los que se podían esperar de un país gobernado por negros salvajes.

Seguramente este hecho habría pasado al olvido, el mundo rápidamente se habría olvidado de Haití y su religión, de no haber sido por una persona: Sir Spencer St. John, un diplomático ingles que tras su retiro en 1884 escribió una obra de dos volúmenes titulado: Haití o la Republica negra. En su capítulo “El vudú: culto y canibalismo”, St. John escribió que la religión haitiana se degradó luego de la expulsión de los franceses.

El autor en este libro se refiere a sacrificios de niños, canibalismo, profanación de tumbas para el consumo ritual de carne humana, entre otras barbaridades. Sir Spencer St. John llegó como representante de la corona británica en 1860 a la república haitiana, de modo que se encontraba en el país, cuando ocurrieron los hechos del affaire de Bizoton en diciembre de 1863. Su libro relata la historia de Haití desde su independencia hasta el crimen. Se ocupa además, detalles culinarios sobre la preparación de la niña asesinada en Bizoton.

Según él, fue cocinada con “Congo Beans” (guandules) y ñame, servida tras una noche de borrachera y libertinaje. En su espantosa culminación del libro, el autor amontonó una colección de cuentos, prácticamente todos de segunda mano, para probar que el vudú, era la verdadera religión de los haitianos y que estaba formada por las más viles supersticiones y las más perversas prácticas de las cuales, la más esencial, era el sacrificio humano y el canibalismo, lo cual es ocioso decir, es falso.

Si bien Sir Spencer St. John describió con jugosos detalles el crimen de Bizoton, no es menos falso que su obra está cargada de relatos pocos fiables, catalogados como sensacionalistas, pues afirmaba que este horrendo crimen no era un caso aislado, sino que era algo de lo más habitual entre los practicantes de esta religión. A su juicio, dos tíos de la niña habían participado en el crimen, una de ellos era, incluso, la sacerdotisa que presidió la ceremonia.

Los aspectos descritos en este libro fueron una pieza clave a la hora de perpetuar la imagen sanguinaria y primitiva que aun hoy en nuestros días muchos tienen de esta creencia. Las habladurías, fábulas y difamaciones que surgieron a partir de ahí se grabaron en la memoria de la gente, principalmente entre las personas que habitaban el otro extremo de la isla, los dominicanos. Durante mucho tiempo pensaron que los haitianos comían gente, que vendían gente al diablo, o hacían toda clase de maleficios a través de la magia negra. Muchos haitianos, sin embargo, han sabido sacar provecho de estas fábulas, vendiendo sus servicios como brujos y adivinadores.

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