Parecer

El vudú: la religión haitiana (VI)

Por Edwin Peña

PARTE VI

La tradición haitiana cuenta: “Si te encuentras en el punto donde dos caminos se unen, justo en el momento en que la noche se convierte en amanecer, es probable que veas al anciano sentado ahí. Incluso aunque no lo distingas, puedes oler el tenue aroma del tabaco de su pipa, ver la sombra de su bastón u oír su alegre y profunda risa… algunos dicen que se trata del mismo diablo. Otros, que es un ángel enviado del cielo, y hay quienes juran que es el morador que habita justo en el límite entre ambos mundos. Solo una cosa es segura: una vez hayas visto a Papá Legba, nunca volverás a ser el mismo”.

Antes de poder contactar con cualquier loa, los practicantes del vudú deben invocar a Papá Legba, el loa que guarda las puertas del Vilokan, lugar donde estas entidades habitan. Él tiene el poder de otorgar o negar la comunicación entre ambos planos. Su apariencia es la de un hombre de raza negra envejecido. Usa sombrero de ala ancha y para caminar debe apoyarse sobre un bastón o muletas. De constitución famélica, siempre va fumando una pipa y no es poco común que esté acompañado de un perro, una rata o un gallo, sus animales representativos.

Habla todas las lenguas y se trata de un portavoz e intérprete de los grandes espíritus y por tanto está entre los más importantes loas del panteón vuduísta. Es una especie de fuerza paternal, presente en toda la historia desde la creación del universo. Todo ser debe pasar ante él antes de contactar con otros espíritus. Sin su ayuda, ni siquiera los espíritus serían capaces de entenderse entre sí. No obstante, su naturaleza puede ser tanto tramposa como pendenciera, características que alentaron a los misioneros cristianos a asociar la imagen de Papá Legba y en general a toda la liturgia del vudú, con el diablo y ritos satánicos.

Legba es el más cercano al gran Bondye; es conocido como la elocuencia, la voz de Bondye, por así decirlo. Antes de que comience cualquier ceremonia vudú, Legba debe ser invocado: “Papá Legba, ouvri barriere pour nous” es decir, Papá Legba, ábrenos la barrera. La demanda de los loas son, por lo general, modestas: una vela, un artículo alimenticio determinado o ciertas atenciones específicas. De vez en cuando insisten sobre un sacrificio imponente, entre otras cosas. Si Papá Legba no es adorado previamente y con el respeto que se merece, las demás deidades no podrán venir a tener contacto con la gente, pues Legba guarda todas las puertas y portones, razón por la cual está vinculado a San Pedro quien tradicionalmente guarda las puertas del cielo.

Los haitianos no sienten la necesidad de hacer a Legba, o a cualquier otro loa singularmente hermoso o admirable; es, por el contrario, honrado nada menos que por ser un viejo lisiado que anda vestido de harapos. Este aspecto humilde parece atraerle un afecto casi familiar: el papá. Generalmente los haitianos se dirigen a él con el mismo cariño con el que se dirigen a cualquier anciano respetable de la comunidad. En algunas partes de Haití, a Legba se le vincula con San Antonio de Padua, por su capacidad para comunicarse con los demás.

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