Parecer

El vudú: la religión haitiana (I)

Por Edwin Peña

PARTE I

El vudú es una verdadera religión, verdadera en el mismo sentido que lo es el cristianismo, el judaísmo, el islam o el budismo. Esta, al igual que las demás, es un conjunto de prácticas y creencias que pretenden a través de fuerzas espirituales mantener al individuo en armoniosa relación con ellas en cuanto afectan el diario vivir.

Usar la palabra “superstición” para describir al vudú haitiano podría ser relativo. este es un término subjetivo que utilizamos, por lo general, para rechazar ciertas creencias, quizás porque nos consideramos demasiado sabios o porque estamos inclinados a otro cuerpo de prácticas y creencias. Ser ateos o cristianos no nos impide aceptar que el vudú sea una religión como cualquier otra.

Si definimos la religión con el criterio más amplio posible podríamos decir que es un conjunto de prácticas y creencias que abordan espíritus, dioses y su naturaleza, el origen del mundo, el bien y el mal, la relación del hombre con el universo que conoce, etc. La religión comprende una práctica del culto, una tentativa para guardarse del infortunio y alcanzar el bien; trata de lo que ocurre después de la muerte, es un sistema para buscar seguridad y protección frente a un supuesto sobrenatural: el vudú tiene todo esto.

A pesar de que nuestro vecino país se alzó como la primera república negra, como el Estado que rompió con los estereotipos basados en el racismo en pleno siglo XVIII, lo cierto es, y probablemente pocos dominicanos sepan, que este Estado se divide en un sistema de castas, donde la clase selecta ocupa la clase gobernante y aristocrática del pequeño Estado. La otra clase es el campesinado, la masa pobre e ignorante que, reconociendo que en su país existen pocos medios para escalar o progresar, decide salir en busca del trabajo y los medios para progresar y mantener a su familia. La diferencia característica entre estos dos bandos es el color de piel: la clase selecta es de piel más clara y desciende de antiguos mestizos y negros libertos, tienen ,además, preferencia por lo extranjero, como el francés y el catolicismo.

El catolicismo romano es la religión oficial del Estado haitiano, es esta la religión socialmente correcta y reconocida por el “pueblo haitiano”, siendo el vudú, por lo contrario, relegado a un segundo plano por la clase selecta que se avergüenza de que los extranjeros vean el poder que tiene en el país una religión popular de aspectos toscos y primitivo. El Estado no presta absolutamente ningún apoyo a esta religión popular, que no tiene seminarios, ni órdenes, ni templo, ni casa consistorial, ni siquiera una ortodoxia.

El haitiano no es miembro de la religión o iglesia vudú, sino más bien que cree en el vudú y lo practica. El adorador sincero del vudú es generalmente un campesino analfabeto, un humilde trabajador manual que jamás ha hecho trabajar su mente para definir con precisión sus creencias. Como no existe ninguna autoridad que declare y aclare la teología vudú, ni existe tampoco ninguna orden establecida para el servicio religioso, la variedad es su principal característica.

El vudú es una religión de acción informal, no una doctrina formal; florece porque es maleable, dúctil, adecuada a las necesidades de un pueblo que vive cerca de la naturaleza y sin instrucción. Dar una descripción concisa y clara de esta religión es casi imposible, pues es como dar una descripción de la vida hogareña, sabiendo que esta puede variar según la pareja o el hogar mismo.

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