Parecer

Elitismo versus Democracia

Por Jaime Bruno

El acontecimiento histórico de juramentación de la dirección central del partido Fuerza del Pueblo nos permite reflexionar sobre el papel teórico de los dirigentes en nuestro sistema democrático, y he escogido el término clásico “Elite” o “Elitista” por ser este el que enmarca la conducta y posición de líderes comunitarios que retorcidamente entienden que el dominio va de la elite a la masa, desde el líder al seguidor, del profesional al amateur o rookie, y esto aplica también a los dirigentes que ocupan posiciones de predominio político partidario en la ciudad de New York. El concepto de elite para algunos sugiere capacidad moldeadora de grupos sociales y la omnipresencia del poder, de una minoría que dirige y se eleva sobre los demás.

Escudriñando a los elitistas y enfocándolos en términos políticos, nos permite plantear las grandes preguntas de la ciencia política: quien manda, para qué y cómo manda. Como valorar y compaginar la democracia institucional partidaria con la realidad elitista y su influencia política. A los creadores de la escuela elitista (Mosca, Pareto, Michels) fueron denominados “los maquiavelistas”, y es que el elitista siempre pretende una reconciliadora idea antagónica a la democracia. La creencia que es buena idea segregar a una persona o minoría para hacerse del poder al considerar que las masas son intrínsecamente incompetentes, materia inerte y moldeable y que juegan un papel destructivo a sus intereses. Gaetano Mosca considerado uno de los padres de la teoría elitista deduce que la tendencia errónea del elitista es cristalizar su poder, es decir instituir la herencia como método para perpetuarse en el poder a sabiendas que realmente lo que le da poder es la institución (partido).

La fenomenología del elitismo político actual en la FP, presagia un peligroso transito histórico de la legitimidad al autoritarismo, el cual ha estado combatiendo su líder desde antes de su nacimiento como partido hace apenas ocho meses. Esta es una realidad que reclama la base del partido para recobrar la condición social e implementar en este nido la perdida capacidad orgánica del viejo partido, que al final fue convertido en un instrumento mecánico de dominación. La realidad es clara como el agua: la meritocracia fue asesinada, y lo que es peor, los intereses individuales se superponen a la conciencia democrática, por lo que los escaños, curules o puestos de dirección sustituyen a la conciencia política y al recto proceder de un representante partidario, quien debe estar alineado a su líder y a su pueblo.

Los dirigentes políticos no deberían dar el triste espectáculo de promover la sumisión política.., no deberían perder la brújula de organización, la estrategia e inteligencia política. El elitismo es una lamentable realidad que amenaza con extraviar el rumbo de la democracia en el naciente Partido Fuerza del Pueblo.

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