Historiador de la Ciudad

Erección de la diócesis de Nuestra Señora de La Altagracia en Higüey

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

El Papa Julio II, el 15 de noviembre del año 1504, mediante la Bula Papal[1] “Illius Fulciti Praesidio”[2], crea en Santo Domingo la Arquidiócesis de “Yaguate”. Se erigía en la isla Española la primera provincia eclesiástica y sede arzobispal en el Nuevo Mundo, en honor a la Virgen Bendita, bajo el título de Nuestra Dama de la Anunciación; con dos sufragáneas: “Bainoa y Amanaguá”.

Esta bula no se ejecutó y quedó sin efecto, porque fue objetada por el Patronato Real[3], a causa de la oposición del rey Fernando a la concesión hecha por el Papa a los primeros[4] religiosos en el Nuevo Mundo. Este es el primer documento que trata de la erección de una diócesis en toda América.

El Papa Julio II, en el año 1508, mediante una Bula cede el Patronato Universal a la corona española, es decir, la corona española tiene el derecho a nombrar los obispos en tierras americanas y cobrar el diezmo.

El Papa Julio II, el 8 de agosto de 1511, mediante la Bula “Romanus Pontifex” [5], anula su Bula “Illius Fulciti Praesidio”, de 1504, y crea, como sufragáneas de la Arquidiócesis de Sevilla, las Diócesis de Santo Domingo[6], la Concepción de La Vega y San Juan de Puerto Rico. En la Isla se crean dos obispados: (…) erigimos é instituimos las iglesias catedrales en dicha isla: La Hyaguatense Metropolitana, la Bayustense y la Magustense, pedido por los dichos Rey y Reina y concedidas por consejo de nuestros venerables hermanos (…) Empero constándonos que dichas islas y lugares para la permanencia de dichas Iglesias son incómodos, así por su situación como por dificultad de conseguir las cosas necesarias, y que fuera de ellas se halla otra isla llamada San Juan en el mismo mar Océano, sujeta a la misma jurisdicción (…), y suplicándonos también lo mismo nuestros amados hijos Pedro Hiagustense, García Bayustense, y Alonso Magustense, electos en la administración y gobierno de dichas iglesias (…) y para exaltación, alabanza de Dios Omnipotente y de la militante Iglesia, señalamos y damos título de ciudades a las tierras y lugares de Santo Domingo, de la Concepción y de San Juan; y erigidas en ciudades se llamen iglesias catedrales (…) Y dichas iglesias erigimos, creamos y constituimos para siempre a saber: La de Santo Domingo, la de Concepción y de San Juan.

De los obispos nombrados vinieron a sus diócesis Alonso Manso, de San Juan y Pedro Suárez de Deza, de La Vega. García de Padilla murió antes de venir a su sede de Santo Domingo. Fue el primero en consagrarse y en erigir su Catedral, el 12 de mayo de 1512. Erigió en parroquia la villa de Salvaleón de Higüey.

El Papa Paulo III, el 12 de febrero de 1546, mediante la Bula “Super Universas Orbis Ecclesias”, eleva la diócesis de Santo Domingo a arquidiócesis y le asigna, como sufragáneas, la diócesis de La Vega; de San Juan de Puerto Rico; Coro, Cumaná y Guyana en Venezuela; Baracoa y después Santiago de Cuba, en Cuba; Trujillo o Comayagua, en Honduras; la Abadía de Jamaica. Alonso de Fuenmayor fue designado como primer Arzobispo[7] de Santo Domingo y fue su tercer Obispo.

El Papa Juan XXIII, mediante la Bula “Solemne est Nobis”, el primero de abril de 1959, desmiembra la Arquidiócesis de Santo Domingo y crea la Diócesis de Nuestra Señora de La Altagracia en Higüey. Mons. Juan Félix Pepén Solimán, el 31 de mayo de 1959, recibe la ordenación episcopal; toma posesión, el 12 de octubre de 1959, cuando la misma fue instalada, solemnemente. La diócesis comprende las provincias civiles de La Altagracia, La Romana y El Seibo. El 1ro. de febrero del año 1997 se redujo el territorio de la diócesis N.S.A. con la erección de la diócesis de San Pedro de Macorís.

La diócesis de Nuestra Señora de La Altagracia en Higüey está ubicada en la región Este del país; tiene una extensión territorial de 5,437.09 Km2, con 491,093 habitantes (Censo 2002). Santuario Nacional. Parroquias: 22; 2 Distritos Parroquiales. Presbíteros: 36; Diocesanos: 25; Religiosos: 11. Para el año 2004 contaba con 457,100 bautizados de un total de 535,400 habitantes para un 85.4%.

Texto de la Bula Solemne Est Nobis de Juan XXIII

BULA SOLEMNE EST NOBIS DE JUAN XXIII

CREANDO LA DIOCESIS DE NUESTRA SEÑORA DE LA ALTAGRACIA EN HIGÜEY

(Roma, 1ro. abril 1959)

A A S LI: 13 (26 octubre 1959), 689-691; BE XVIII: 62 (1959), 248-252

JUAN OBISPO

SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, PARA PERPETUA MEMORIA

Tenemos por habitual, y conforme con el cargo que hemos recibido por Voluntad Divina, el estar al servicio de todos los fieles cristianos y adoptar las resoluciones que les ayuden mejor a conocer y abrazar la ley y la doctrina del Evangelio.

Ahora bien, como el venerable Hermano Salvatore Siino, Arzobispo titular de Perge y Nuncio Apostólico en la República Dominicana ha juzgado muy bueno y oportuno que se funde en aquella nación una nueva Diócesis, Nos, habiendo escuchado al venerable Hermano Ricardo Pittini, Arzobispo de Santo Domingo, con el consentimiento necesario de los que tienen algún derecho en este asunto o piensan que lo tienen, por Nuestra Apostólica potestad, con la que presidimos todas las Iglesias, determinamos y mandamos lo que sigue:

Separamos de la Arquidiócesis de Santo Domingo todo el territorio que abarcan las provincias de La Altagracia y El Seibo, y con éstas fundamos una nueva diócesis con el nombre popular de Nuestra Señora de La Altagracia en Higüey o Higüeyana, teniendo por límites los mismos que las provincias civiles que la componen. Por eso, los límites de la Iglesia ahora establecida serán éstos:

Al Norte y al Oeste el Océano Atlántico; al Sur, el Mar de las Antillas y una parte del territorio de la provincia civil de San Pedro de Macorís; al Oeste las provincias de Trujillo y Samaná y otra parte de la ya mencionada provincia civil de San Pedro de Macorís.

La Sede de la Diócesis y el domicilio del Obispo estarán en la ciudad de Higüey, pero el Obispo pondrá la Cátedra Sagrada en el templo que se construirá allí a Dios en honor de la B. V. M. bajo el título de La Altagracia. Este templo lo elevamos al grado y dignidad de Catedral. Con todo, hasta que este templo se termine de construir, concedemos que el edificio curial que existe en la misma ciudad de Higüey, consagrado a Dios en honor de San Dionisio, Obispo y Mártir, haga las veces de catedral. Concedemos a la nueva Iglesia todos los derechos que competen a la diócesis, y lo mismo a su sagrado Prelado, que además tendrá también todas las obligaciones propias de los obispos, y entre ellas queremos recordar la siguiente: Que él, junto con su Diócesis, son sufragáneos de la Sede Metropolitana de Santo Domingo.

Procure el Sagrado Prelado de esta nueva diócesis construir, al menos, un seminario elemental o menor para recibir a los niños que la gracia del Espíritu Santo invite a comenzar el camino del sacerdocio. Este seminario se debe acomodar a las normas y leyes de la Sagrada Congregación de Seminarios y Estudios Universitarios y a las prescripciones del derecho común. Cuando los jóvenes hayan llegado a la edad propia para estudiar filosofía y teología, los mejores serán enviados a Roma, al Colegio Pío Latino Americano.

Por otro lado, constituirá el Colegio de Canónigos o Cabildo, según las normas que se darán a conocer por otras Letras selladas. Pero mientras se hace esto, se escogerán consultores diocesanos para ayudar al Obispo con su valioso consejo. Estos, a su vez, cesarán en su cargo, una vez constituido el Colegio de Canónigos.

La llamada Mesa Episcopal se abastecerá con las entradas de la Curia, la cooperación de los fieles, la congrua parte de los bienes que le corresponden a la nueva Sede, según la norma canon 1500 del Código de Derecho Canónigo, y de la ayuda que, por su parte, le dará el gobierno dominicano. Así mismo se han de observar las leyes de los sagrados cánones en lo referente al régimen administrativo de la diócesis, a la elección del Vicario Capitular, sede vacante, y a todo lo demás.

En cuanto al clero, determinamos que los sacerdotes sean adjudicados a aquella diócesis en la que tengan oficio o beneficio, y los demás a aquella en la que vivan legítimamente. Por último, las actas y documentos que de alguna manera pertenezcan a la nueva circunscripción serán enviadas cuanto antes a la Curia Episcopal, para que se guarden allí convenientemente en el archivo.

Por lo demás, el querido hijo Luis Dossena, nuestro privado Ayuda de Cámara, se encargará mientras tanto de todo lo referente a los asuntos públicos de la Iglesia en la República Dominicana, al cual le conferimos todas las facultades necesarias para llevar a cabo la obra. Por su parte, él puede delegar en otra persona, con tal que sea sacerdote. Una vez terminado el asunto, escríbanse los documentos y actas, y envíense cuanto antes con copias auténticas a la Sagrada Congregación Consistorial. Pero, si sucediere que al tiempo de la ejecución, fuera otro el que llevara Nuestros asuntos en la República Dominicana, este tal llevará a cabo todo lo que hemos mandado.

Por otra parte, queremos que estas Letras sean válidas ahora y para siempre, de tal manera que lo que ha sido decretado por medio de ellas, ciertamente se ponga en práctica con fidelidad por aquellos a quienes corresponde, y así obtenga su fuerza. A la eficacia de estas Letras ningún precepto contrario, de cualquier clase que sea, se podrá oponer, ya que por ellas los derogamos todos.

Por lo cual, si alguno investido de la autoridad que sea, a sabiendas o sin saberlo, actúa en contra de lo que Nos hemos determinado, mandamos que ésto se tenga por nulo e inválido. Además, que a nadie le sea permitido destruir o corromper estos documentos de Nuestra voluntad; más aún, a las copias locales de estas Letras, bien sean impresas o manuscritas, que lleven el sello de un eclesiástico constituido en dignidad, y suscritas por un notario público, se les ha de dar totalmente la misma fe que se les daría a éstas si se presentasen.

Si alguno despreciase o de cualquier manera rechazase estos Nuestros decretos en general, sepa que incurrirá en las penas establecidas en el derecho para aquellos que desobedecen a los Sumos Pontífices.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el primer día del mes de Abril de mil novecientos cincuenta y nueve, primero de Nuestro Pontificado.


1. El texto de esta Bula se encuentra en la obra “Caminos Cristianos de América” de Gilberto Sánchez Lustrino, Liviera Editora Zelio Valverde, Río de Janeiro, año 1942, Págs. 216-225. Para ellas los Reyes Católicos proponían tres candidatos: Don Pedro Suárez de Deza OP para Yaguate; Don Alonso Manso, canónigo teólogo de Salamanca, Rector de la Universidad, para Concepción de La Vega; y el franciscano García de Padilla para Lares de Guahaba. Después de una serie de dimes y diretes entre la Santa Sede y la Corona Española y tenida en cuenta la isla de Puerto Rico, se deja sin efecto la Bula ‘‘Illius Fulciti Praesidio’’ y el mismo Julio II por la Bula ‘‘Romanus Pontifex’’ del 8 de agosto de 1511 exige tres Obispados: el de Santo Domingo, el de la Concepción de La Vega y el de San Juan de Puerto Rico. Los tres sufragáneos de Sevilla. Para el de San Juan de Puerto Rico fue nombrado Obispo Don Alonso Manso. Para el de la Concepción de La Vega don Pedro Suárez de Deza; y para el de Santo Domingo, Fray García de Padilla, que moría antes de ser consagrado. Vacante la Sede Episcopal de Santo Domingo fue cuando Carlos Primero de España y Quinto de Alemania propuso al Papa León X, Giovanni de Medici, el primer florentino que ascendía al solio pontificio, el nombre de Alejandro Geraldini para Obispo de Santo Domingo. Geraldini, en este tiempo, según cuenta él mismo a León X, llevaba ya en España 34 años.

2. Fue creada porque se suponía que el emporio de riquezas en oro iría creciendo y con él la población. El Arzobispado quedaba en la “Ciudad y provincia de Hyaguata, donde está situado el puerto de Santo Domingo”, con lo cual no hay ninguna duda del título de Primado de Indias que usa el Arzobispo de Santo Domingo.

3. La razón fue que el derecho a la recolecta de diezmos en oro, plata y piedras preciosas que se descubrieran en estos territorios eran exclusividad de la Corona ya que en 1501 el Papa Alejandro VI le había concedido a perpetuidad el derecho de “diezmos colectivos” en las colonias de ultramar. Creadas las Diócesis el Rey Fernando exigió el Patronato a favor de los Reyes y se suspendió la ejecución de esta Bula, aunque en la práctica se nombraron los curas y se conservaron los diezmos.

4. Para el 1505 se permitió la entrada a la Isla de frailes franceses, flamencos, ingleses y españoles, aunque no fueran de Castilla. Más tarde se prohibió la entrada de extranjeros.

5. La Bula “Romanus Pontifex” anuló la Bula Papal “Illius Fulciti Praesidio” del mismo Papa Julio II y creó por la misma Bula las tres Diócesis de Santo Domingo, La Vega y Puerto Rico. Después de dos intentos fallidos con las Bulas “Illius Fulciti Praesidio” (20 nov. 1504) y “Universalis Ecclesiae” (28 jul. 1508), el Rey Fernando el Católico y el Papa Julio II llegan a unos acuerdos para la erección de las iglesias particulares en el Nuevo Mundo. Mediante la Bula “Romanus Pontifex” del 8 de agosto de 1511 se cambia el proyecto inicial de un arzobispado y dos diócesis en la isla Española y se erigen tres nuevas diócesis: la de Concepción de la Vega, Santo Domingo y Puerto Rico. Todas ellas sufragáneas de la de Sevilla.

6. La Arquidiócesis de Santo Domingo (en latín: Archidioecesis Sancti Dominici) incluye el territorio de la actual República Dominicana. Entre todas las diócesis del Norte y Sur del Continente americano, solamente, al Arzobispo de Santo Domingo corresponde el título de Primado de América (o Primado de Indias) de acuerdo con la Bula de Pío VII “Divinis Praeceptis” del 28 de noviembre de 1816, y ratificado por el Corcordato entre la Santa Sede y República Dominicana del 16 de junio de 1954. La parroquia que la encabeza es la Catedral de Santa María de La Encarnación, la cual posse el título, los derechos y privilegios de Basílica Menor, que le otorgó Benedicto XV en su Breve Inter Americae del 14 de junio de 1920. El gobierno está a cargo de un cardenal arzobispo, auxiliado por tres obispos. La arquidiócesis incluye las diócesis sufragáneas de Baní, Barahona, Nuestra Señora de La Altagracia en Higüey, San Juan de La Maguana y San Pedro de Macorís. La más antigua de las diócesis sobrevivientes de América, la Diócesis de Santo Domingo fue creada en agosto de 1511 junto con la de Arquidiócesis de San Juan (Diócesis de Puerto Rico), como sucesora de las diócesis de Hyaguata, Maguá, y de Bayuna, las cuales habían sido las primeras en América al ser creadas en noviembre de 1504. La nueva diócesis era, originalmente, sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla, (España). Su jurisdicción comprendía buena parte de la porción occidental de las Antillas y el Caribe. De esta dióceis surge buena parte de las diócesis actuales antillanas, entre ellas, la Diócesis de Guatemala (1534), la de Port-au-Prince, Les Cayes, Les Gonaïves, Cap Haïtien y Port de Paix (todas en 1861), la de La Vega y la de Santiago de los Caballeros (1953), la de Nuestra Señora de La Altagracia en Higüey (1959) y la de Baní (1986). Elevada a Arquidiócesis Metropolitana en septiembre de 1546.

7. La condición de Metropolitano la retuvo el Arzobispo de Santo Domingo hasta la ejecución del Tratado de Basilea, 1795; y volvió a recuperarla en 1817, con solo el Obispado de Puerto Rico como sufragáneo. Vuelve a perderla con la invasión haitiana en 1822, para recuperarla, últimamente, en 1954.

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