Parecer

Fantasías indígenas

Edwin Peña

La reincorporación de la República a la madre patria en marzo de 1861 llevó a los dominicanos a sentirse oprimidos y desdichados, encontrando en las desventuras de los ya desaparecidos taínos cierta similitud en cuanto a suerte. Por eso los dominicanos de papel y pluma evocan las prédicas de los monjes dominicos y atacan con el recuerdo de los primeros pobladores de la isla, a las nuevas autoridades extranjeras.

Tras la anexión a España, vemos en nuestros intelectuales un esfuerzo por invocar el drama de nuestros indígenas en la vida pública nacional como forma de protesta. Tenemos, por ejemplo, al máximo representante de la literatura Indigenista, José Joaquín Pérez, a quien sus lectores no se le escapa en el poema “Guacanagarí en las ruinas de Marien”, cierto paralelismo entre el viejo Cacique de Marién, que traicionó a su propio pueblo al simpatizar con los conquistadores europeos y el presidente Santana, que llevó a cabo la anexión a España, destruyendo la República que ya existía para aquel entonces, muriendo vencido y repudiado por sus compatriotas.

Si tuviéramos que establecer el génesis de la literatura indigenista en nuestro país diríamos que el primer dominicano en tomar como inspiración el drama de los nativos fue Javier Angulo Guridi, quien en 1867 escribió la primera obra con motivos fuertemente políticos y sentimentales, basada en la trágica historia de los primeros pobladores de Quisqueya, Iguaniona, según nos comenta Antonio Fernández Spencer. Es el primer intento que se hace por realizar una obra literaria desde la patria, desde lo nativo, sin olvidar, no obstante, su necesario sentido universal. Aun así, cabe destacar que ningún otro poeta en todo el continente americano logró recopilar en un solo libro toda clase de leyendas y tradiciones basados en la raza de los aborígenes como lo hizo José Joaquín Pérez, quien tras la publicación de su Fantasías Indígenas en 1877, se crea un espacio en la historia de la literatura universal como el más grande cantor de la raza indígena en toda América Latina y el mundo.

La intensidad de los relatos que incluye Fantasias Indígenas son descritas por el doctor Joaquín Balaguer en su libro Historia de la literatura dominicana como desgarradoras, pues con un fuerte sabor patriótico. José Joaquín Pérez nos describe en verso el adiós de Anacaona, ya cautiva, arrodillada, besando el suelo que la vio nacer. La leyenda de la virgen indiana Vaganiona, cuya terrible profecía se vería cumplida aquella tarde cuando que las huestes de Ovando llegan a sus tierras para pasar a los pobladores por la espada. Las estrofas también narran la crisis existencial en la que se encuentra la esposa del Cacique Guarionex, que se ve envuelta entre las redes de un amor culpable, al enliarse con uno de los invasores. Además, nos muestra a un arrepentido cacique Guacanagaríx, visitando las ruinas del antiguo reino indiano de Marién y maldiciendo el día en que hizo pacto de unión con los europeos. Aun así, el relato más conmovedor, a mi parecer, es el de la princesa Toella, hija del cacique Cayacoa, del cacicazgo de Higüey.

Cuando el cuerpo de Toella

llevó a la isla una ola,

se erigió a la indiana bella

una tumba que descuella

en aquel desierto sola

 

Allí saluda al viajero

su vaga y doliente sombra;

por eso a esta isla primero

con acento lastimero

Toella el indígena nombra.

Este poema, dividido en estrofas de cinco versos (quitillas), octosílabos, donde el primer verso rima con el tercer y cuarto verso, y el segundo rima con el quinto, tiene una estructura poética muy cercana a los poetas románticos y neoclásicos, cosa que no es rara, teniendo en cuenta que el autor es considerado como el principal representante del romanticismo tardío en la literatura nacional. Este poema narra la leyenda de la princesa Toella, hija del cacique Cayacoa, en viaje hacia la pequeña isla Catalina, donde se supone que reinaría. En cambio, su canoa naufraga y muere ahogada, siendo llamada esta pequeña isla por los taínos, a partir de entonces, como Toella, en honor a la heredera al trono del cacicazgo de Higüey. Esta genuina leyenda se transmitió de forma oral entre los pobladores de Santo Domingo, con un romanticismo que subraya la búsqueda de lo nacional, a través de lo taíno. Con la publicación de magnánima epopeya tendríamos a otros poetas también identificados con los infortunios de aquellos hombres y mujeres de paz y cargaron nuestra literatura de ese sabor ancestral, que hoy caracteriza la literatura clásica dominicana.

Bibliografía

1. Panorama Histórico de la Literatura Dominicana – Max Henríquez Ureña.

2. Historia de la literatura dominicana – Joaquín Balaguer.

3. El futuro sonriendo nos espera – José Enrique García.

4. Fantasías Indígenas – José Joaquín Pérez.

Etiquetas

Relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Adblock Detected

Please consider supporting us by disabling your ad blocker