Historiador de la Ciudad

Fiesta de Tres Cruces

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

A un año de la batalla de La Sabana Real de La Limonade el Arzobispo Primado de América, Isidoro Rodríguez Lorenzo[1], escribió una carta, en donde por primera vez aparece una autoridad eclesiástica, aprobando, como buena y válida, la fiesta de los 21 de enero y ordenando que se conmemorara, también, con fiesta de tres cruces.

El documento reza:

“A todos los fieles cristianos, estantes y habitantes, vecinos y moradores de este nuestro arzobispado…por cuanto se nos ha representado por parte de Nicolás de Arbor, Tesorero actual de la Santísima Virgen que se venera en la villa y parroquia de Higüey con el título de La Altagracia, haber tomado principio y origen las fiestas que anualmente se hacen en dicha villa a esta gran reina y milagrosa Imagen, de una victoria que alcanzaron los de la Isla, cuyo hecho está comprobado en el machete que llevaron los vencedores y por memoria que se conserva aún en el día en el propio Santuario de Nuestra Señora; inmediato al Altar Mayor, y se sabe por tradición que fue el 21 de enero el mismo en que los victoriosos, en acción de gracias celebran a Nuestra Señora de La Altagracia con una solemne fiesta, la que quedó establecida y la piadosa devoción cristiana ha ido aumentándola y extendiéndola hasta una octava completa sin otra novedad que el día en que se ha de comenzar, resultando esto que en vez de adelantarse, va escaeciendo insensiblemente tan provechosa y santa devoción, principalmente en los devotos de la tierra adentro, pues ya se ve que todos quieren asistir hallándose en las fiestas y la más veces si las alcanzan es a los finales, entibiándose por esta razón los corazones y muchos dejando de asistir, siendo así que el éxito de las funciones está en la asistencia de los fieles; y teniendo aquellos días fijos para empezarse se lograría la solemnidad y crecerá sin duda la devoción de que también se sigue la frecuencia de los Santos Sacramentos pues por experiencia pocos o ninguno de los que van vuelven a sus casas sin confesar y comulgar, porque con el buen ejemplo de los unos se vencen a los otros:

Por tanto, y a súplica del antedicho tesorero, mandamos al Cura de la referida villa de Higüey que en lo sucesivo no permita, por ningún caso ni pretexto, el que las fiestas de Nuestra Señora de La Altagracia se comience antes o después del expresado 21 de enero, por ser nuestra voluntad que sea precisamente en este, señalándola desde ahora para siempre y usando de las facultades que para ellos tenemos le hacemos día de fiesta de 3 cruces”[2].

Hacer “fiesta de tres cruces”[3]significaba que “era obligado guardar el 21 de enero como fiesta de precepto por todos los fieles, sin excepción, que moraran en la villa de Salvaleón de Higüey y su jurisdicción y que la imagen podía sacarse en procesión[4], los viernes santos”.

Estos festejos fueron el legado que recibimos de la España cristiana, traídos de Andalucía, conservados, en nuestra Villa, como herencia generosa de la tradición. Pedro Santiago Canario, agrega: “el culto a La Altagracia se mantiene constante a lo largo de toda la época colonial, como lo prueba (…) la identificación altagraciana con el triunfo de la batalla de la Sabana Real o de la Limonada, el 21 de enero de 1691, contra los franceses. En tal ocasión la aplastante victoria en la que participaron masivamente los hombres del este, determinó que, a partir de ese momento, se celebrara la festividad de La Altagracia, los 21 de enero”.[5]

Las Tres Cruces

En la calle Altagracia, frente al cementerio viejo, se levantan, desde tiempos inmemorables, Tres Cruces[6], al modo del Calvario, que representan la crucifixión de Cristo. En siglos pasados la procesión del Viernes Santo solía tener allí una estación del vía crucis. De un escrito, de Laura Guerrero, del año 1910, citamos lo siguiente: “La acción más significativa de la cuaresma higüeyana es el viacrucis de la Hermandad del Sagrado Corazón de Jesús. Iniciaba los domingos a las cuatro de la tarde en la parte trasera de la iglesia San Dionisio, en donde está el naranjo”.

Imagen tomada del libro Origen, Desarrollo e Identidad de Salvaleón de Higüey (2011) por Francisco Guerrero Castro

 

“La procesión, encabezada por una cruz de madera, la presidía el presbítero al que acompañaban los miembros de la Hermandad. La conformaban familias, viudas y gentes vestidas “de domingo…”, organizados en filas que avanzaban cantando salmos penitenciales. La comitiva salía desde el patio en donde está el naranjo bordeando la plaza de armas y tomando la calle frente a la iglesia hasta que se adentraba pausada en el polvoriento “camino de las tres cruces” que conduce a Santa Clara. De regreso, lleno de religiosidad y de espíritu penitencial, el viacrucis iba lento y pausado hasta la iglesia San Dionisio donde todos se congregaban ante el santo Cristo del calvario en donde el presbítero hacía las últimas consideraciones y finalizaba el acto. Caía ya la tarde, cuando emprendían los grupos su regreso hacia los diferentes campos: Anamuya, La Enea, El Mamey, Santana, Santa Clara, Yuma, Bayahibe, La Enea, El Cerro, Chavón, Guaniábano, El Guanito, La Enea, Chavón, Sanate, Los Cerritos, Jina Jaraguá, Matachalupa, Nisibón, Los Ríos, El Salao, La Ceiba. Según mis abuelos, Agapito Rijo y María Nicómedes Caraballo, en esos momentos oraban por los difuntos en el cementerio contiguo a la iglesia. Caía mansa la tarde. Y la villa, a lo lejos, se revestía con un manto cárdeno de luz cuaresmal”.

1. Este ocupó por 20 años la Sede y se enfrentó al Cabildo Eclesiástico y los gobernadores defendiendo a Antonio Sánchez Valverde el criollo que más ha escrito en la Isla. Visitó la villa de Salvaleón de Higüey. Anduvo la Isla entera por cuatro años y durante ese tiempo no regresó a Santo Domingo. Existe un detalle muy importante y es que durante su visita al Santo Cerro sostuvo tremendo pleito con los mercedarios de allí, los de la orden de la merced; los de la Virgen de Las Mercedes. Luego de ese incidente determinó la fiesta de Nuestra Señora de La Altagracia los 21 de enero.

2. De Utrera, Fray Cipriano: Historia Documentada de su culto y santuario de Higüey, 1940, págs. 77-78.

3. La madera es sagrada… La madera es el desastre del hombre y el triunfo del hombre. Da muerte el hombre, y salva al hombre. El mundo que conocemos está edificado sobre madera, el árbol sagrado, el árbol de la vida: la Cruz. El origen de la celebración de la fiesta de Tres Cruces se remonta al siglo IV de nuestra era en el Imperio Romano. El emperador de esa etapa fue Constantino el Grande, quien traslado la capital del imperio a Bizancio, la misma que tomó el nombre de Constantinopla. El ejército romano dirigido por Constantino se enfrentó a las hordas bárbaras en Majencio, cerca de Roma, a las que venció después de que, según la leyenda, apareció en el cielo una brillante cruz con la siguiente inscripción: In hoc signo vinces, cuyo significado es: Con este signo vencerás. A partir de la victoria de Majencio, Constantino decidió que el cristianismo sería tolerado en el imperio. El emperador Constantino le pidió a su madre buscar en Jerusalén la cruz de Jesucristo. Después de muchas excavaciones fueron encontradas las tres cruces, pero, inicialmente, no pudieron identificar la de Cristo. De acuerdo con las creencias de la época, una mujer moribunda tocó las tres cruces y al tocar la que, supuestamente, correspondió a Jesucristo sanó y de esta manera fue identificada. Este hecho se registró un 3 de mayo.

4. Elemento litúrgico común a todas las religiones; su movimiento y simplicidad lo hacen popular. Algunas de las procesiones del ritual romano de la Iglesia católica son una cristianización de antiguos ritos paganos. La Edad Media señala el momento de apogeo de la liturgia procesional.

5. Santiago, Pedro J. Texto en Catálogo Iconografía Altagraciana. Página 34.

6. Fue la entrada principal a la villa durante siglos. Las tres Cruces son mencionadas en el Boletín de la Unión Panamericana, escrito por Pan American Union, publicado en 1918 y dice: “Por fin se llega a Higüey. La primera noción que uno tiene de la proximidad de la población son tres grandes cruces…”

 

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