Parecer

Gastón Fernando Deligne: Príncipe de la lira nacional

Por Edwin Peña

Después de varios años de luchas internas y conflictos bélicos de carácter político, la República Dominicana alcanza cierto estado de madurez intelectual, permitiendo que el siglo XX inicie con las dos figuras más importantes de aquella generación. Me refiero a Gastón Fernando Deligne, en la poesía, y a Pedro Henríquez Ureña, en el campo de la erudición y la crítica literaria.

Fernando Deligne es descrito por Abigaíl Mejía en su Historia de la literatura dominicana, como el príncipe de los líricos nacionales. Sabio, vigoroso y profundo, que no cantó por cantar, sino por brindarnos consideraciones filosóficas, extraídas de su original pensamiento. Gastón F. Deligne es, sin duda, la primera figura poética que surge de su generación. Con él nace un nuevo estilo en la poética dominicana, un estilo que lo hace único y que no corresponde a ningún otro estilo; su poesía no se identifica ni obedece al romanticismo tardío introducido por Manuel María Valencia, ni tampoco al modernismo o a la vanguardia. Con Deligne se construye un nuevo sabor en la poesía nacional; él se aleja completamente del vocabulario típico y vulgar que caracterizó a muchos de los poetas de generaciones anteriores, y se inventa un vocabulario más culto, más allegado y acorde con los poetas clásicos españoles.

Gastón F. Deligne

La mayor parte de las composiciones de nuestro poeta son de carácter filosófico, psicológico y, a veces, político. Por ello, si tuviéramos que clasificar su poesía, podríamos reagruparla en cinco tipos diferentes: patriótica, amorosa, política, psicológica y filosófica. Deligne inaugura con su poema “Consideraciones de Cristina”, una preocupación por los temas sentimentales de carácter psicológico: algo prácticamente nuevo en el ambiente poético nacional, pues la poesía psicológica fue un tema nunca antes tratado por otros poetas. De ahí que sea considerado como uno de los autores de pensamiento más original y versátil en la isla.

Pero por más que se haya esforzado el doctor Joaquín Balaguer en decir que su obra no ha traído a la lira dominicana repeticiones inútiles, nosotros, como lectores serios y con autocriterio, debemos admitir que aunque Deligne dio un sello muy personal a todos los poemas trabajados, no es menos cierto que sostiene el culto a los mismos ideales de Salomé Ureña, y trae a colación un tema recurrente en la poética dominicana del siglo XIX, como lo es el patriotismo. ¿Quién entre nosotros alguna vez no recitó composición suya que termina?:

¡Qué linda en el tope estás,

dominicana bandera!

¡quien te viera, quien te viera

más arriba, mucho más!

La muerte del dictador Ulises Heureaux fue también motivo de inspiración para muchos de nuestros poetas, entre ellos Gastón Fernando Deligne, que, si bien es cierto que los temas que trata se diferencian bastante de los demás parnasos de nuestra lira nacional, no es menos cierto, también, que las odas políticas inspiradas en los cierres de gobiernos dictatoriales fue un tema recurrente en los tópicos literarios de toda américa latina. Tenemos por ejemplo a José Mármol en Argentina; Fernando Calderón en México; Ramón del Valle Inclán en España y, en Dominicana, a los laureados escritores Tulio Manuel Cestero, Manuel Rueda y a Bienvenido Salvador Nouel. Todos estos involucrados en el sombrío ambiente político por el que pasaban sus respectivos países. En Ololoi, Deligne describe, en su primera, estrofa al monstruo henchido de poder, que crece deliberadamente y cae abatido por una sed de justicia y venganza colectiva que representa la lucha de los pueblos por su libertad y autonomía.

Él, de un temple felino y zorruno,

halagüeño y feroz todo en uno;

por aquel y el de allá y otros modos,

se hizo dueño de todo y de todos.

 

Y redujo sus varias acciones,

a una sola esencial: ¡violaciones!

los preceptos del código citas,

y las leyes sagradas no escritas;

la flor viva que el himen aureola,

y el hogar y su honor… ¿Qué no viola…?

………………………………………………..

¡Y ha caído el coloso al empuje

de un minuto y dos onzas de plomo!

Otro tema recurrente que retoma el benemérito poeta es el ya tratado por José Joaquín Pérez en su Fantasías Indígenas: el drama de nuestros antiguos aborígenes. En su poema “Mairení”, el poeta narra un hecho bien conocido entre los estudiosos de nuestra historia: El suicidio, opción que deciden tomar algunos indígenas ante la inminente muerte a manos de los españoles; otros como “Iguaniona”, lanzan el mítico grito desesperado descrito por José Joaquín Pérez: Iyi ayá bombe (primero muerto que esclavo) y buscan su muerte antes de perder su libertad. Mairení, protagonista de esta historia, siendo perseguido por los conquistadores europeos tras la batalla del Santo Cerro en la Vega Real, huye por los bosques de su amada Quisqueya y como último acto de libertad, opta por suicidarse.

y «es mío», dice sonriente,

«mi destino todo entero».

Y contra el peñón austero

rompiendo la altiva frente,

¡se abre al sepulcro sendero!

Esta estrofa de cinco versos (quintilla) es preferida por muchos poetas de la época, sobre todo para tratar asuntos indígenas. Este estilo no es original de Gastón Deligne, fue un estilo popularizado por José Joaquín Pérez. El tema que trata, además, tampoco es nuevo, pues antes había sido tratado por Javier Angulo Guridi en “Iguaniona”. Aún así, la forma en la que Deligne emplea los recursos literarios demuestra su destreza para impregnar de aires nuevos, con expresiones y descripciones del ambiente, temas ya tratados, como son las relaciones históricas de los ya desparecidos taínos.

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