Tropiezo

Gran reto para la Policía y APTPRA

Por Julio Cesar De la Rosa Tiburcio

   Aun permanece la imagen desgarradora del joven de 29 años, Héctor de la Cruz Báez, “Jeury”, quien murió de un disparo cuando se encontraba a bordo de un autobús de la empresa transportista que cubre la ruta Santo Domingo – Higüey y viceversa, en el tramo San Pedro de Macorís – Romana, de acuerdo a los informes preliminares, causada por una “bala perdida” que encontró como destino final la cabeza de este indefenso ciudadano, descrito por familiares y amigos como una persona sana, incapaz de hacerle daño a alguien.

   Jeury, como le apodaban, era padre de tres hijos, de cinco, dos años y el menor de ocho meses, quienes tendrán que enfrentar de ahora en adelante los desafíos de la vida, sin su principal soporte, en lo afectivo y material, ¡Maldito destino! que lo colocó en el lugar y hora menos oportunos, residía en el Distrito Juma Bejucal, de la provincia Monseñor Nouel y se trasladaba a la zona con el propósito de buscar trabajo en un hotel, agobiado por la falta de recursos para mantener a su familia y lo que encontró fue la muerte de la forma más absurda y pendeja.

   Ya la pérdida de esa vida, que pudo haber sido, la mía, la suya y de cualquier mortal, pudiera estar ocupando el asiento 19 de del autobús agredido de la empresa de la Asociación de Propietarios, Transportistas de la Provincia La Altagracia, “APTPRA”, la que conjuntamente con la Dirección Central de Investigaciones Criminales, “Dicrim” de la Dirección Regional Sureste de la Policía Nacional, están ante el gran reto de dar con el o los responsables de esta muerte y, sobre todo, las causas, ya que de esta pudieran desprenderse muchas interrogantes a las cuales la empresa debe hacer ingentes esfuerzos por responder, por el componente de seguridad que ella está obligada a brindar a los usuarios de su servicio.

   Son muchos los higüeyanos que aun teniendo su medio particular para transportarse utilizan ese servicio, precisamente por razones de seguridad, esperándose, como revés, un accidente de tráfico, no una agresión a tiros. De no haber un esclarecimiento de este acontecimiento de manera objetiva, veras y oportuno, podría este caso constituir para la creciente y pujante empresa de transporte, en el iceberg, que destruyó al transatlántico más grande de la época, el Titanic.

¡Hasta el próximo Tropiezo!

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