Parecer

La cortesía como atributo del buen juez

Por Rafael Barón Duluc

En días pasados, asistimos a la puesta en circulación del libro titulado “Hermenéutica ll: Temas de Procedimiento Civil y otras materias”, de uno de los magistrados más productivos y de mayor reputación, de los integrantes del Poder Judicial dominicano, el magistrado Édynson Alarcón.  En este libro recopila, con la profundidad de conocimientos que le caracteriza, temas de Procedimiento Civil, Responsabilidad Civil, Derecho Internacional Privado, Arbitraje y Derecho de Autor.

Todos estos artículos, enfocados con un matiz teórico de un profesional a carta cabal, pero a la vez con la practicidad y el sentido común de un magistrado con una indiscutible experiencia judicial, y sobre todo, de temas de gran interés jurídico.  Sin embargo, la parte que más nos impactó y que catalogamos como la más importante de dicha obra, es un artículo desarrollado en el apéndice de la misma, titulado “La Cortesía Como Virtud de Legitimación y Permanencia de la Función Judicial”.

El magistrado Alarcón, citando el libro “El Juez Imparcial” de Placido Fernández-Viagas Bartolomé dice que “muy atrás, perdida en las brumas del pasado, queda ya la figura del juez distante y engominado que se considera como algo fuera de este mundo y del denominador común de las personas; que entendía que su ministerio era providencial o iluminado y que, por ende, la responsabilidad de sus actos solo podía ser exigida por la divinidad; que buscaba el aislamiento, porque únicamente en la soledad de su conciencia era posible decidir con serenidad y que, en consecuencia, contemplaba a sus congéneres desde una burbuja flotante, suspendida en el espacio.  Los tiempos definitivamente son otros, y también son otros los vientos que soplan”.

A diario nos encontramos en los tribunales a miembros del Poder Judicial, Secretarios, Auxiliares, Alguaciles, pero sobre todo y en especial, a jueces que exhiben una conducta que en nada se asemeja a lo que un Estado Social y Democrático de Derecho espera de un Servidor Público.  Evidentemente que la honestidad, la eficiencia, la trasparencia y la capacidad son atributos que esperamos adornen el currículo de nuestros jueces, pero también lo debe el trato a los usuarios con respeto, cortesía y amabilidad.

La falta de cortesía que exhibe una gran parte de nuestros jueces se evidencia en su manera de dirigir las audiencias, mostrando un trato desconsiderado a los abogados, a las partes y hasta los testigos.  La falta de cortesía se manifiesta cuando un juez se niega a ordenar un informativo testimonial sin motivos, o a negarse escuchar a las partes olvidando que “la confesión y el testimonio” son también medios de prueba, o a rechazar una prórroga de la comunicación de documentos por encima de la voluntad de las partes en litis.  La falta de cortesía ha llegado a niveles tales de que un magistrado se encuentra en algún lugar público con abogados y evade un simple saludo, ni que decir si es dentro de un tribunal.

Siempre me ha llamado la atención que precisamente los jueces más honestos y capacitados sean precisamente los más amables, parecería como si la falta de cortesía sea una manera de esconder la incapacidad o la transparencia.  Citando de nuevo a Alarcón, no por casualidad se insiste en que “los deberes de cortesía tienen su fundamento en la moral”.

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