Parecer

La crisis boliviana: relato de un golpe de Estado

Por Charli Daniel Calderón

Los eventos recientes ocurridos en el Estado Plurinacional de Bolivia nos invitan a reflexionar acerca de las posturas democráticas que debemos tomar en América Latina y el Caribe. Después de los resultados de las últimas elecciones presidenciales, en las cuales la Organización de Estados Americanos (OEA) determinó que hubo fraude mediante un algoritmo extraño, se instauró un cerco que presionó al presidente Morales, primero a convocar elecciones, después a renunciar al cargo y, por último, a solicitar asilo político en México.

Bolivia, dirigida por Morales, logró grandes avances; se convirtió en el primer presidente indígena del país; los derechos de los indígenas fueron reconocidos y admitidos; tuvieron esa voz que por años le negaron los políticos tradicionales del país sudamericano. Las protestas no se han hecho esperar. La supuesta renuncia de Evo Morales, motivada por la supuesta sugerencia de los altos mandos militares, encierra un auténtico golpe de Estado, una notable acción antidemocrática que todos los países del continente tienen que reprochar.

Según Andrés Malamud, “[u]n golpe de Estado es la interrupción inconstitucional de un jefe de Gobierno por parte de otro agente estatal”. De aquí podemos extraer claramente que esto fue lo ocurrido en el caso boliviano. La salida de una presidente de su cargo de manera involuntaria motivada por la “sugerencia” de militares es una de las acciones más funestas que pueda enfrentar un país democrático. Independientemente de cómo Morales intentó seguir siendo presidente por cuarta ocasión, no se justifica de manera alguna una interrupción de esta magnitud.

Los viejos vestigios de la sufrida historia latinoamericana y caribeña nos muestran una práctica tendente a romper con el orden constitucional. Algo que de una vez por todas debemos erradicar; lo sucedido en Bolivia debe servirnos para reflexionar acerca de lo débil que son nuestras democracias y, sobre todo, para buscar los mecanismos necesarios para fortalecerlas.

Y como si todo esto fuera poco, quien accede al poder como presidenta interina es Jeanine Añez, quien no cuenta con la legitimidad necesaria para dirigir al país. Sus decisiones cada vez son más cuestionables; una de las últimas: dar prácticamente licencia para matar a los policías y militares sin comprometer su responsabilidad penal.

Las protestas en las ciudades bolivianas, dirigidas por varios sindicatos de cocaleros, llevan varios días, con varios muertos y heridos. Los seguidores de Morales no aceptan lo sucedido. Mientras, Evo Morales, desde su refugio en México, hace un llamado a la calma y al diálogo para evitar una posible guerra civil con la consigna de “volveré si es necesario”, lo que nos invita a seguir muy de cerca los acontecimientos en aquel país.

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