Historiador de la Ciudad

La esclavitud en Higüey

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

En la parte española de la Isla el sistema esclavista fue menos severo que en la parte Oeste y por esto muchos negros esclavos se trasladaban a la parte Este. Su objetivo era Higüey.

El poder de resistencia del africano permitía la reducción de las raciones, a sacar mayor provecho con el menor gasto posible y cuando se fundó étnica y, civilmente, influyó a su vez para que perduraran esas costumbres impuestas.

La debilidad económica y militar obligó a España a abandonarnos. Desde el año 1540 y hasta el 1700 sus posesiones eran sustentadas y defendidas por ellas mismas. Para el 1533 Francia, Holanda e Inglaterra avanzaban en su organización social y creaban fuerzas militares, mientras desarrollaban el comercio en su interior. En la Isla había un vacío de poder y en Europa se crearon las fuerzas para llenarlo, porque aquí las nacientes potencias europeas conseguirían lo que necesitaban como tierra tropical y esclavos, además, de que estos territorios servirían de base para planes futuros en contra de España.

La esclavitud tuvo ribetes característicos y para reprimir los alzamientos se hacían campamentos militares y se preparaban cuadrillas que perseguían a los negros rebelados. En los anales históricos de Higüey tenemos la insurrección encabezada por el negro Lemba[1] después del gobierno de Serrato. Se dice que el negro capitaneó “ciento cuarenta individuos de su raza y que anduvo oculto por Higüey unos quince años”. Se les pidió a los vecinos de la Villa “que si sabían algo acerca de Lemba que avisaran a las autoridades”. Al final “lemba fue muerto y su cabeza fue llevada a la ciudad de Santo Domingo”. Es considerado el precursor de la libertad de los esclavos en la Isla. Este Lemba no debe confundirse con otro llamado Juan Lemba, moreno, contra el cual “se hizo un pregón aquí en Higüey el 7 de agosto de 1667”[2].

La lucha de los negros llamados cimarrones, alzados, por romper con los lazos de la esclavitud puso en peligro el poder colonial en la Isla. Eran llamados así, porque teniendo dueño huían a los montes. La primera insurrección de esclavos negros ocurrió el 26 de diciembre del año 1522 en el ingenio del Almirante Diego Colón. La primera evidencia documental de la palabra “cimarrón”, utilizada para hacer referencia a un fugitivo esclavo, se encuentra en una carta escrita por Gonzalo de Guzmán a la corona el 18 de septiembre de 1530. A mitad de década, año 1535, el término era de uso común y se encuentra en muchos documentos como sinónimo de “indios alzados” que era como se denominaba a los indígenas que huían, se resistían o se negaban a ser subyugados; y de “indios bravos” implicando que eran indios “fieros” o “salvajes”.

Por el 1544 el término cimarrón también aparece en los documentos como sinónimo de “negros alzados”. En su informe Barrionuevo describe a los mestizos como “ruidosos e indóciles, mentirosos y amigos de todo lo malo” subrayando una vez más lo inútiles que eran en su opinión y lo mucho que les hacía falta ser guiados, férreamente, por los españoles. Sugiere que se les debería enviar a España siendo muy jóvenes sin permitirles regresar a la Isla a menos que resulten ser buenos. También manifestó que había “algunos negros rebeldes perturbadores y algunos indios entre “los mestizos” que tenía a la vista, incluidos un africano que acompañaba a Enriquillo en Bahoruco y un caudillo africano con veinte en Punto del Tiburón”. Estos se destacaban por “cuanto constituían una amenaza armada; habían adquirido poder y por tanto se habían convertido en personas reales con quienes había que tratar”.

Litografía en color, de Johann Moritz Rugendas/ National Geographic

La esclavitud en el Santo Domingo Español se dice que terminó con la invasión haitiana de 1822 la cual había sido restablecida por el gobierno francés en 1802. Años antes y después de 1802 los esclavos de Puerto Rico cruzaban el canal de La Mona llegando a las costas de Higüey en donde eran contratados como trabajadores en el corte de madera. El último embarque de negros esclavos llegó a Santo Domingo en 1820. Veinte negros esclavos venían consignados a Francisco Travieso, padre de José María Travieso, quien los trajo a las costas de Higüey para emplearlos en el corte de madera. Travieso fue de las personas que tuvo más esclavos entre los años 1799 y 1822 en Higüey. Consta en los libros del archivo parroquial.

“En 1754 se presentó ante el gobernador de las Armas de Higüey, Don José Guerrero, un delegado francés Don Juan Clareso (sic), con mandato de recoger a los negros fugitivos de la parte francesa de la Isla. Se logra conseguir 5 negros y una negra; y aparecieron “tres negritos de Tomás Rijo”[3].

El ejercicio de la esclavitud conllevaba en sí actos bárbaros. A finales del siglo XVIII nada había cambiado en el trato hacia el esclavo.

“En algunas haciendas se obligaba a las negras saludables a cohabitar con negros fuertes y sanos con la intención de desarrollar negros de buena calidad. Las esclavas que ofrecían resistencia a la voluntad del amo, eran torturadas hasta que aceptaban la unión sexual con el negro escogido. El boca abajo consistía en amarrar al esclavo por los brazos y piernas a cuatro estacas con el cuerpo boca abajo, y pegarle con la rabiza de un látigo en la espalda desnuda. Si era hembra y estaba en estado de embarazo, se hacía un hoyo en la tierra para colocar el vientre abultado y evitar que se perdiera la futura pieza. Otro instrumento de tortura era el cepo formado por dos maderos que al unirse dejaban al centro unos agujeros redondos, en los que se aseguraban la garganta, las piernas o las manos del esclavo. En ocasiones se llegó a colocar a la víctima en el cepo con la cabeza para abajo. A los negros prófugos, al ser capturados, se les amarraba por las muñecas a la cola del caballo del amo. Este montaba y el esclavo estaba obligado a seguirlo al paso del corcel. Existía el castigo de la argolla o collar de hierro que consistía en colocar una argolla de hierro alrededor del cuello del esclavo castigado. Otro sistema de castigo lo constituyó el grillete y el mono. El primero era una argolla o aro de hierro con un perno que servía para asegurar una cadena a alguna pared, o al mono. Este último era un trozo de madera como de tres arrobas, que quedaba sujeto al grillete por medio de una cadena. El esclavo castigado a mono y grillete tenía que cargar aquel madero a todos los sitios que iba hasta tanto cumpliese el castigo. El que trataba con esclavo cimarrón, lo ocultaba en su casa, le daba de comer, o le avisaba que le buscaban, incurría, si era negro o mulato, en pena de un año de grillete. La persona que capturaba a un negro cimarrón debía entregarlo dentro del término de las 72 horas. (…) en la parte Española de la Isla, al decir de autores franceses como Moreau de Saint-Méry, “los esclavos de los españoles son más bien los compañeros de sus amos, que sus siervos”[4].

Esta parte de Moreau de Saint-Méry es interesante. Por ese trato es que en el siglo XIX cuando nos invaden los franceses, haitianos y españoles los esclavos luchan a favor de sus amos en vez de rebelarse. Así está la historia escrita.

Durante el período de la España Boba los esclavos eran bautizados con el apellido de su amo: “…los registros que se conservan en los escasos archivos parroquiales así lo atestiguan. Por cierto que los párrocos solamente llevaban un libro para asentar los bautismos. No había uno para “blancos” y otro para “negros” como en Cuba y Puerto Rico”[5].

En la iglesia San Dionisio se asentaban en el mismo libro los nacimientos y bautizos de libres y esclavos. No había diferencias. En el 1767 el total de niños nacidos fue de veintiséis de los cuales tres eran esclavos y los otros 23 eran blancos, pardos y negros libres por herencia de sus padres.

Dada la particularidad anterior existen en la Isla personas con el mismo apellido que no son familias: “…escribe Rodríguez Demorizi, que como era hábito de los esclavos tomar el apellido de sus amos, en muchos casos hay dos familias dominicanas del mismo nombre, sin ningún lazo de consanguinidad, pero sí unidas por un vínculo afectivo tan vivo como el parentesco: una familia blanca, de los que fueron amos, y una de color, de los que fueron esclavos. Huelga señalar ejemplos, por demás conocidos entre nosotros”. [6]

Los esclavos negros estaban sujetos a hacer la ñapa, tarea ligera de más o menos una hora de duración, que antecedía a la jornada laboral, propiamente, dicha[7]. Ñapa es “porción que se da de más gratuitamente”[8]. En la hacienda toda la familia del peón ejecutaba en la mañana trabajos menores adicionales que recibían el nombre de faena[9]. En cuanto a los oficiales y artesanos desde muy al comienzo de la dominación española se estableció la costumbre de los “lunes del zapatero”, no limitada a esos operarios… “como su inclinación es holgar, los zapateros y sastres y herreros no trabajan los lunes, lo cual está tan introducido, que no se puede remediar; y lo mismo hacen los jornaleros de minas”[10]. De ahí las expresiones ´´ñapa´´ y “lunes zapatero”.

Varios curas que ejercieron en Higüey tuvieron esclavos cuya finalidad era la limpieza del templo. Pero debemos aclarar algo y es que esas personas llamadas esclavos quizás no pasaban de ser simples sirvientes sin tener que realizar trabajos forzados. Por eso vemos que “en febrero de 1742 el Pbro. Gregorio Hidalgo era dueño del esclavo Anastasio Hidalgo y el Pbro. Ignacio de Alarcón tuvo varios”.[11]

La iglesia jugó un papel interesante en aquellos tiempos. Quizás debido a ello la relación entre amo y esclavo fue sobrellevada basada en la condescendencia del amo para con el esclavo: “Muy solícita fue siempre la caridad de la Iglesia con los negros esclavos traídos del África. Desde el primer Sínodo Diocesano de que haya memoria, celebrado en tiempos del obispo Don Alonso de Fuenmayor[12] (1539), se estatuyeron piadosas disposiciones en favor de los esclavos, lo que revela que la Iglesia tuvo preocupación por aliviar su desventura. En 1969 se editó un folleto, separata de la Revista Española de Derecho Canónico, titulado El Concilio Provincial de Santo Domingo y ordenación de negros e indios, debido a la erudita pluma de monseñor Hugo Eduardo Polanco, Arzobispo obispo de Higüey”[13].

En 1812 el dirigente negro Pedro de Seda encabezó junto a otros líderes un levantamiento de esclavos negros contra el orden colonial español. El movimiento tuvo grandes repercusiones e influencias en la zona Este del país. En las villas de Higüey y El Seibo varios esclavos escaparon. Las autoridades españolas apresaron a Pedro de Seda condenándolo al patíbulo. Con saña y crueldad su cabeza fue cortada y expuesta al público en el camino de Monte Grande para que sirviera de escarmiento.

La primera resolución aboliendo la esclavitud en la Isla, primera en América, fue dada por Sonthonax el 29 de agosto de 1793:

“…siendo uno de los comisionados de la Asamblea Nacional de Francia. Este Organismo, a iniciativa del Diputado René Lavasseur, la ratificó en febrero del siguiente año. La Constitución de 1801, promulgada por Toussaint para la Isla de Santo Domingo en toda su extensión, reafirmaba que “no podrán existir esclavos en este territorio” (Art. 3). Pero la Ley de 30 Floreal del año X (20 de mayo del 1802), dictada por el gobierno de Francia, restableció la esclavitud en sus colonias. Tocó al infortunado Leclerc la triste misión de reimplantarla en Santo Domingo, pero la guerra, ahora con Dessalines a la cabeza, se encendió de nuevo en la parte Occidental, el ejército francés fue aniquilado y la independencia de Haití fue proclamada en Gonaives el 1ro. de enero de 1804. Hasta abril de 1848 no volvió Francia a decretar la abolición en sus colonias del área del Caribe. En la antigua Parte Española de la Isla, donde la esclavitud había quedado abolida por Toussaint en enero de 1801, volvió a restablecerse por virtud de la Ley de los franceses del 20 de mayo de 1802; y, no obstante los cambios políticos de 1809 (La Reconquista), y de 1821 (La Independencia Efímera), se mantuvo hasta febrero de 1822 cuando la nueva Ocupación Haitiana, la abolió definitivamente”.[14]

Entre 1792 y 1793, Francia entra en guerra con Austria, Prusia, Gran Bretaña, Holanda y se siente amenazada por España. Es un momento dramático. La Asamblea Francesa envía tres representantes a la parte francesa de la Isla y entre ellos el más señalado: Sonthonax. Saint-Domingue, capital del lado francés de la Isla, era una colonia riquísima y muchos otros países querían robar esa riqueza. Sonthonax, arrinconado entre la espada y la pared, el 29 de agosto de 1793, toma una medida que la historia le reconoce: publica el decreto de emancipación general de los esclavos en el Norte de Saint-Domingue. Un hecho de esa naturaleza y de esa magnitud no había ocurrido en el mundo hasta ese momento. En aquella época las comunicaciones eran muy lentas y no había manera de comunicarse con Francia; de manera que en un momento difícil, Sonthonax, sin consultar a nadie, toma la decisión de decretar la emancipación de los esclavos negros en Haití.

Juan Bosch y Gaviño, en su obra de “Cristóbal Colón a Fidel Castro”, hace una comparación muy curiosa. Escribe Bosch que Sonthonax, el 29 de agosto de 1793, se encontraba en la misma situación en que se iba a encontrar el 16 de abril de 1961 otro caribeño famoso, Fidel Castro. Sabiendo Fidel que dentro de unas horas su país iba a ser invadido por el imperio más poderoso del momento proclamó el carácter socialista de la revolución cubana. Para Bosch si Sonthonax no hubiera decretado la emancipación de los esclavos negros y Fidel no hubiera decretado el carácter socialista de la revolución cubana ambos hubieran sido derrotados y deshonrados. Los guió la lógica del Caribe, escribió Bosch.

El año 1793 es en Francia muy duro; es conocido como el “Año del Terror”. Se produce la purga y la ejecución de muchos girondinos, pero todavía no se produce la aceptación por la Asamblea francesa de la medida que había tomado Sonthonax. Habrá que esperar hasta el 4 de febrero de 1794 para que la Asamblea francesa decrete la abolición de la esclavitud; una gran medida de esa revolución. El 22 de agosto de 1795, en Francia, se decreta la Constitución Thermidoriana. La revolución francesa comienza a cambiar de signo. Ya no es una revolución generosa capaz de proclamar la abolición de la esclavitud; pasa a ser primero la revolución cautelosa y luego, francamente, conservadora que no trabaja en beneficio de la humanidad ni de los derechos del hombre, sino de una clase emergente y rapaz: la burguesía. El 2 de mayo de 1797 es nombrado Gobernador General Toussaint Louverture. En 1799, Louverture ocupa Santo Domingo, pero ese mismo año Napoleón disuelve el Directorio y se convierte en el hombre fuerte de Francia. A Napoleón se le atribuye decir, a propósito de su presencia en la Revolución Francesa, que había terminado la novela y había comenzado la historia; es decir, terminaban los sueños generosos que hacen que la revolución francesa siga siendo para nosotros un momento señero de la humanidad y comenzaba la historia bajo el puño férreo de Napoleón. El 8 de julio de 1801, Toussaint Louverture proclama una nueva Constitución para Saint-Domingue. En esa Constitución, por supuesto, la esclavitud no tiene lugar. Pero ese mismo año, Napoleón envía a Saint-Domingue, con vistas a aplastar a los revolucionarios de allí, encabezados por Toussaint Louverture, a su cuñado Leclerc. Es un ejército poderosísimo el que Napoleón envía a Saint-Domingue, con el intento de aplastar a los que habían sido negros esclavos y eran en esos momentos, paradójicamente, los portadores por excelencia de los criterios de libertad, igualdad y fraternidad que habían nacido en Francia y allí habían sido traicionados. Leclerc era cuñado de Napoleón, porque estaba casado con Paulina Bonaparte, y precisamente en El reino de este mundo Alejo Carpentier nos ha presentado escenas muy interesantes de Paulina Bonaparte, desnuda, recibiendo masajes de un esclavo negro, en condiciones que no pueden menos que entusiasmar[15].

El ejército de Leclerc era poderosísimo. ¿Por qué Napoleón envía tal ejército a Saint-Domingue? Es que Napoleón tiene el proyecto de establecer un gran imperio colonial francés en América, que fuera desde la Luisiana, que en esos momentos se encontraba en manos francesas, hasta Saint-Domingue, riquísima, y hasta las Islas colonias francesas del Caribe que eran también riquísimas. Y era menester aplastar la Revolución en Saint-Domingue para hacer realidad ese proyecto suyo. En 1802, el 27 de abril, Napoleón emite el decreto que restablece la esclavitud y la trata de negros en las Antillas francesas. Cuando leemos a figuras progresistas, muy progresistas, de Europa haciendo el elogio de Napoleón, no podemos acompañarlos en ese elogio; y, en cambio, entendemos perfectamente que José Martí haya escrito en uno de sus Versos libres, hablando de Los Inválidos, donde están los restos de Napoleón, este verso memorable: «El corso vil, el Bonaparte infame». No podemos menos que pensar eso del hombre que volvió a establecer la esclavitud en las Antillas y la trata de negros. Es una perspectiva caribeña, la misma desde la cual Alejo Carpentier escribió El siglo de las Luces. Me he preguntado por qué Alejo presenta en El siglo de las Luces de tal manera las acciones de Napoleón. ¿Y cómo las va a presentar? ¿Cómo podemos presentar nosotros los antillanos a una figura que restablece la esclavitud, abolida por la Revolución francesa en ascenso y restablecida por la Revolución francesa en su etapa conservadora? Desgraciadamente, el 6 de mayo de ese año 1802, Toussaint Louverture, engañado, acepta las propuestas de Leclerc, en cierta forma se rinde ante él y es enviado el 7 de junio a Francia, donde es encarcelado en el Fuerte de Joux. En 1803, el 7 de abril, en ese Fuerte morirá Toussaint Louverture, ignorando lo que estaba ocurriendo y por supuesto lo que iba a ocurrir como consecuencia de sus hazañas. Ese año 1803, en cumplimiento del decreto napoleónico, la esclavitud es restablecida en las colonias francesas, lo que hace que muchos dirigentes político-militares de Saint-Domingue que habían vacilado pensando que Leclerc llevaba proyectos de independencia a Saint-Domingue, comprenden que ello era completamente falso, que lo que llevaba eran proyectos para restablecer la esclavitud.

Leclerc murió de resultas de una enfermedad tropical y la versión recurrente es que fueron las enfermedades tropicales las que vencieron a las tropas francesas, pero la realidad monda y lironda es que fueron los ex esclavos los que las derrotaron en 1803. De manera que cuando no queda más remedio que aceptar por la historia oficial europea que las tropas napoleónicas fueron vencidas en España y en Rusia, como se sabe de sobra, se suele callar que antes que en España y Rusia las tropas napoleónicas fueron vencidas en el Caribe; fueron vencidas en Saint-Domingue, y no por los mosquitos, sino por los ex esclavos. Los mosquitos hicieron su parte, bienvenida sea, pero fueron los ex esclavos, los generales que habían sido esclavos y habían crecido hasta ser generales, los que vencieron a las tropas de Leclerc. O sea, que esa forma extrema que representaba Napoleón del Occidente tuvo que morder el polvo de la derrota antes que en España y Rusia, en el Caribe. Como consecuencia de esa derrota de las tropas francesas, el primero de enero de 1804 se proclama la independencia de lo que ya no se iba a llamar más Saint-Domingue, sino que, de la noche a la mañana, en un relámpago, volvió a llamarse Haití, como se llamaba originalmente[16].

Napoleón, después de la derrota de Leclerc, vio hecho trizas su proyecto de imperio colonial francés en América y decidió, contrariando lo que había acordado con España, vender a los Estados Unidos la Luisiana que era un territorio enorme, pero con una condición, una pequeña condición: que el gobierno de los Estados Unidos se sumara al gobierno francés en el terrible bloqueo que Napoleón iba a imponer a Haití.

Y aquí en el otro extremo de la Isla se le dio una de las últimas estocadas mortales a las tropas del imperio francés. Juan Sánchez Ramírez luego de ser advertido salió de la villa de Salvaleón de Higüey a enfrentar al general Louis Marie Ferrand, en el kilómetro 3.5 de la carretera El Seibo-Hato Mayor, un 10 de noviembre de 1808, en lo que se llamó la batalla de Palo Hincado. Los hombres de Salvaleón de Higüey brillaron en la batalla de Palo Hincado con la derrota de los ejércitos napoleónicos.

En 1822 Jean Pierre Boyer invade, al frente de un ejército constituido por antiguos esclavos, la República recién fundada por Núñez de Cáceres[17] bajo la protección de la Gran Colombia. Se inicia la era de la ocupación haitiana que se prolongaría hasta el 27 de febrero de 1844. La esclavitud fue abolida por los haitianos que invadieron la parte Este de la isla. La relación existente entre amos y esclavos era armónica y aquí en Higüey “al producirse en 1822 la abolición, la generalidad de los agraciados se radicaron en los parajes rurales de La Estancia, Jobo Dulce y Gato, iniciándose entonces la fundación de este poblado a donde se encaminaron los que habían pertenecido a Don José María Travieso. Los esclavos libres siempre mantuvieron buenas relaciones con sus antiguos amos”[18].

Bartolomé de Las Casas escribió en su Historia de Indias: “porque España es el primer pueblo conquistador que discute la conquista, como Grecia es el primer pueblo esclavista que discute la esclavitud”. Surgió en él la controversia sobre el derecho de todos los hombres y de todos los pueblos a gozar de libertad.

[1] Dirigente negro anti esclavista. Llegó a la Isla como esclavo, se escapó y marchó a la montaña; durante 15 años combatió las autoridades españolas en la primera mitad del siglo XVI. Sus palenques estuvieron en Higüey, Azua, San Juan de La Maguana y Bahoruco. Su alzamiento se consideró como uno de los más famosos ocurrido después del gobierno de Serrato que gobernó la Isla de 1544 a 1549. Hostigó en los caminos a los españoles matándoles y despojándolo de lo que llevaban, pero fue capturado y se le dio muerte. Las circunstancias, lugar y fecha de su muerte no están claras, pero se afirma que ocurrió entre 1547 y 1548, en San Juan de La Maguana u otro lugar del Sur del país, aunque también se dice que fue en Santo Domingo, a donde fue llevado después de capturado y se le dio muerte en una de las puertas de las murallas entre el Fuerte de San Gil y la Puerta del Conde, a la que se llamó por un tiempo “La Puerta de Lemba”, quizás aludiendo al sitio de su ajusticiamiento.

[2] De los papeles del Cabildo Higüeyano.

[3] Polanco Brito, Hugo Eduardo: Historia de Salvaleón de Higüey, pág. 90.

[4] Alfau Durán, Vetilio: Vetilio Alfau Durán en Clío. Escritos II. Pág. 340, 341, 342. 1994.

[5] Alfau Durán, Vetilio: Op. Citatum. Pág. 344. 1994.

[6] Alfau Durán, Vetilio: Vetilio Alfau Durán en Clío. Escritos II. Pág. 345. 1994

[7] Tovar Pinzón, 1980, pág. 53.

[8] Guardia Mayorga, 1980, pág. 140

[9] Oberem. Zavala et alii, 1987, pág. 74-75.

[10] (Espada, 1965, 11, 323-324).

[11] Polanco Brito, Hugo Eduardo: Historia de Salvaleón de Higüey. Pág. 125.

[12] Nota del Autor: El título de arzobispo tocó por primera vez, en 1545, al Licenciado Alonso de Fuenmayor, a quien se le otorgó el palio en 1547: había venido como gobernador y presidente de la Real Audiencia en 1533 (hasta 1543); desde 1538, por lo menos, fue obispo. El yangues Fuenmayor (m. 1554) escribió una Relación de las cosas de la isla Española, hacia 1549, que Antonio López Prieto manejó según la bibliografía del Sr. Trelles. Hay documentos firmados por él, como presidente de la Audiencia, en unión de los oidores o de otros funcionarios, en la Colección de documentos.., del Archivo de Indias, 1, 548 ss. Sobre Ramírez de Fuenleal y Fuenmayor, consúltese: Oviedo, Historia, libro III, cap. 10; libro IV, caps. 5 y 7; libro V, cap. 12; Tejera, Literatura dominicana, 3 3-39 y 4244; Utrera, La Catedral de Santo Domingo, 218.

[13] Alfau Durán, Vetilio: Vetilio Alfau Durán en Clío. Escritos II. Pág. 346. 1994.

[14] Vetilio Alfau Durán en Clío. Escritos II. Pág. 396. 1994

[15] Versión de la conferencia magistral pronunciada en la Sala Che Guevara de la Casa de las Américas, La Habana, Cuba, el viernes 26 de septiembre de 2003, al constituirse, en acto oficial, la Comisión Nacional —presidida el Dr. Armando Hart— encargada de organizar el programa de celebraciones para conmemorar la Independencia de Haití en su Bicentenario.

[16] Ibídem.

[17] Cuando el criollo José Núñez de Cáceres, sobrino del Deán de la Catedral, quiere separarse de España, también el clero interviene, aunque existe en este un gran sentimiento monárquico. La revolución del 1 de diciembre de 1821 cogió a la mayoría de sorpresa, aún cuando la gente la aplaudió. Núñez de Cáceres previene a la población contra “los enemigos de la patria cubiertos con la máscara de la religión. No le escuchéis.” La primera medida de alto sentido político de la junta de gobierno fue hacer llamar al Arzobispo Valera para que prestase juramento a la Constitución. El afirma que cedió “presentándose lleno de lágrimas a dar el juramento con las modificaciones, condiciones y explicaciones” que creyó necesarias. Inmediatamente, se llamó al Deán y Cabildo Eclesiástico para que hiciera lo mismo. La idea del gobierno era clara: tener el apoyo de la Iglesia y así lo haría pronto toda la población. Esto demuestra que los políticos de todas las épocas han buscado en esta tierra, siempre el apoyo de la Iglesia, aunque no crean mucho en ella, según se ve por la Constitución de 1821. Hoy todos los políticos quieren tener el visto bueno de la Iglesia, aunque afirman que esta no debe meterse en política.

[18] Alfau Durán, Vetilio: Vetilio Alfau Durán en Clío. Escritos II, Pág. 333. 1994.

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