Parecer

La filosofía de Descartes: “Pienso, luego existo” (II)

Por Edwin Peña

Descartes comienza sus investigaciones a partir de un único conocimiento seguro: Cogito, ergo sum (Pienso, luego existo), para él, pensar es un atributo inseparable de nuestra existencia; somos, en definitiva, una cosa que piensa. Partiendo del principio de que la clara consciencia del pensamiento prueba su propia existencia, mantuvo la existencia de Dios o Res Divina que, según la filosofía de Descartes, creó dos clases de sustancias que constituyen el todo de la realidad.

Una clase era la sustancia pensante, o inteligencia, y la otra la sustancia extensa, o física. Estas sustancias en latín son conocidas como la Res Cogitans, es decir, aquello que piensa y la Res Extensa, aquello que no piensa y forma parte del mundo material.

La Res Cogitans, según Descartes, es una sustancia espiritual, el alma, el yo, aquello cuyo atributo esencial es el pensamiento. Sustancia cuya esencia entera o naturaleza es la de pensar y que para ser no necesita de lugar alguno ni depende de ninguna cosa material.

La Res Extensa, según Descartes, es la sustancia que ocupa espacio, es decir, el mundo material, incluido el cuerpo humano, cuyo atributo esencial es la extensión, cualidad común a todos los cuerpos.

Si uno se fija, notará cierta similitud con la filosofía de Platón, pues la Res Cogitans, vendría siendo el “mundo de las ideas”, lugar de donde según Platón procedían las almas. La Res Extensa vendría a ser el “mundo sensible”, de donde según Platón venía el conjunto de fenómenos físicos perceptibles y sensibles, incluyendo el cuerpo humano. Descartes, al igual que el filósofo griego, opinaba que el alma y el cuerpo eran entidades distintas e irreconciliables.

Descartes, además, reconoce la existencia de una tercera sustancia, la Res Divina, es decir Dios, de quien él asegura su existencia.

Rene Descartes comienza cuestionando todo, de modo que a través de la duda busca reformular su acercamiento hacia lo real. Por eso duda hasta de las cosas mas evidentes, “dudemos de todo”, decía él, pero no a lo loco, esta duda era una forma estratégica, la cual nos permitirá descubrir las certezas, por muy profundas que sean, por ejemplo: Una persona toma varias fotografías de un paisaje, esta persona toma conciencia de que no aparece en la foto cuando alguien le pregunta ¿Quién tomó las fotos? Probablemente la persona que tomó las fotos diga “yo he tomado las fotos”; en ese caso ¿Cómo estamos seguros de que esa persona sí tomó las fotos? Bueno, para saberlo habría que comprobarlo, aplicar lo que Descartes llamaba “El método”: “seguiré dudando de que tomaste las fotos hasta que aparezca la certeza de que tú las tomaste y que tampoco quede ninguna duda de ello: “La duda metódica”.

La filosofía cartesiana, es decir, de Descartes, se caracteriza por la necesidad de establecer criterios de verdades absolutas, de modo que para Descartes será verdad solo lo que no sea susceptible a la duda y, por lo contrario, será falso todo aquello que admita la duda, por muy mínima que sea. Pues solo a través de la duda como método se pueden establecer las bases indiscutibles de la verdad; la duda, en este caso, vendría siendo la vía, el camino para establecer el método que nos llevará a las certezas de todas las cosas. Este método, según Descartes, tiene cuatro principios.

1- Evidencia: No aceptar algo como verdadero, a menos que estemos plenamente seguros de que lo es, o sea, no precipitarnos a emitir un juicio a favor hasta haber obtenido antes la evidencia. Cualquier conocimiento que tenga la posibilidad de ser falso debe ser considerado como provisionalmente falso hasta que se consiga la evidencia que le dé la certeza. Ese conocimiento filtrado por la duda además debe ser claro y distinto a como nos llegó.

2- Análisis: Dividir el problema en tantas partes nos sea posible, haciéndolo desde lo mas grande hasta lo mas pequeño, o desde lo más difícil hasta lo más sencillo, a fin de ir estudiándolo por partes cada una de estas para su mejor comprensión.

3- Síntesis: Este punto retoma o sirve de continuación al anterior: una vez hemos divido nuestros problemas en tantas partas como nos sea posible, toca estudiarlos a fin de extraer el conocimiento certero de ahí, comenzando desde lo más fácil hasta lo mas difícil.

4- Enumeración: Ir repitiendo y revisando todos los pasos que se han dado hasta estar completamente seguros de que no se me ha quedado nada o hemos saltado algo.

Lo que pretende Descartes con el método es legitimar la nueva ciencia, nacida a partir del pensamiento de Copérnico, con el objetivo de que esta nueva ciencia acabe imponiéndose.

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