Historiador de la Ciudad

La Isla de la Mona (2 de 2)

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

Los indios de La Mona estaban dedicados al cultivo, pesca, fabricación de hamacas, ropa, evitando sucumbir bajo la ardua tarea de la extracción minera. No pagaban tributos sobre la producción lo que fomentaba la agricultura y las destrezas manuales. Los indios en la isla de La Mona fueron reforzados por otros oriundos de las Antillas.

El 4 de noviembre del 1519, por Real Provisión[21],“del Rey D. Carlos se encomendó la Isla de la Mona, a Francisco de Barrionuevo, para que se sirva de ella y aproveche, teniendo cargo de industriar a los indios en la fe católica, y de entregar a los oficiales de la Isla de San Juan, el diezmo de todo lo que recogiere como provecho de aquella Isla, además del diezmo debido a la Iglesia”.

Alonso Manso[22], obispo de Puerto Rico, en 1524, trató de confiscar a Francisco de Barrionuevo su valiosa encomienda en la isla de La Mona; estaba interesado en acaparar la mayor cantidad de fuentes de ingreso en la isla y formuló cargos contra diversos oficiales reales, hacendados y encomenderos. En la causa presentada por Pedro Sánchez de Valtierra, en nombre del obispo Alonso Manso, se pedía el pago de diezmos, primicias del pan cazabe, otras cosas provenientes de La Mona, al parecer no remitidas.

Sobre el pleito entre el obispo Manso y Barrionuevo encontramos una Real Cédula[23]: Real Cédula de Dña. Isabel al Provisor o Vicario General del Arzobispado de Sevilla, ordenando que, visto el Proceso del Pleito, tratado entre D. Alonso Manso, Obispo de la Isla de San Juan y Francisco de Barrionuevo, sobre los diezmos de la Isla de la Mona, y los Autos pronunciados por los Señores del Consejo de las Indias, hagan y administren, conforme a ellos, entero cumplimiento de Justicia”.

La decadencia irreversible de los indios de La Mona había comenzado; otros pasaron a ser propiedad de invasores no hispanos que empezaron a asolar, en 1522, los parajes costeros del cacicazgo de Higüey y Borinquén. Estos atacaban las naves españolas que atravesaban el canal, visitaron a su antojo la isla de La Mona, se abastecieron de las cosechas indígenas y atemorizaron a los pocos españoles que supervisaban las operaciones agrícolas.

Para el 1530, mientras Barrionuevo se encontraba en el Sur del Continente, todavía el caso Manso-Barrionuevo se ventilaba en las cortes españolas. Para el 1537, por las fuentes documentales, sabemos que la población indígena de La Mona había sido diezmada a causa de la excesiva explotación.

Isla de la Mona, foto cortesía www.skyscrapercity.com

En 1543 el último de los españoles salió de la isla, ahuyentado por los ataques, por el desaliento económico creado por las nuevas leyes que le daban la libertad al indígena. Con el abandono de supervisión los enemigos de España obtuvieron de los indios la información necesaria para mejorar sus oportunidades de apresar buques e huir de las fuerzas navales españolas despachadas en su búsqueda.

Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés[24] anotaba la diversificación de sembradíos en la isla de La Mona destacando el pan cazabe, el maíz, melones y hortalizas, pero refiriendo la escasez de indios y españoles. Casi diez años más tarde, en 1548, el obispo Rodrigo de Bastidas, informaba la existencia de “pocos indios”, casi todos casados y de buenas costumbres cristianas. En junio de 1561 la Audiencia de Santo Domingo recomendaba a la Corona el traslado del poblado indígena a la isla Española:

“…treinta leguas deste puerto esta una isla que dicen la mona en que podrá haber vecindad de hasta cuarenta indios sin ningún cristiano ni clérigo que los doctrine e demás al no ser cristianos e que el Cabildo desta iglesia no tiene cuidado de sus animas es cueva de ladrones porque allí acogen los franceses e vienen los indios a este puerto a saber que navíos están prestos para salir e dan noticia de ello a los franceses para que los tomen… es tan notorio este perjuicio e daño que parece que convendría que se mudase a una parte de esta isla pues ay tantas y tan buenas desocupadas para que esto cesase. Vuestra Majestad mande lo que en esto se debe hacer”.[25]

Por Real Disposición[26] la respuesta fue dada un 5 de noviembre de 1561: En lo que dice tocante a la isla de la Mona y a otras cosas se proveerá lo que pareciere mas convenir”.

El golpe mortal al poblado de Sardinera, localizado al centro de la isla de La Mona, surgió en 1567. Una nao francesa arribó y lo incendió. Los indios de La Mona no se quedaron con los brazos cruzados, sino que “lograron hundirles un barco y matarles ocho hombres que venían adentro”. A pesar de esa pequeña victoria el poblado, “que para 1517 llegó a tener más de 152 indios y en 1561 consistía de escasamente 40 indios”, se vio forzado a mudarse al interior de la Isla; describiéndose el nuevo paraje en documentos del 1568 como localizado “…al otro cabo de la isla..”.[27].

La dificultad para impartir doctrina cristiana a los indios fue lo que estimuló al Obispo de Puerto Rico a escribirle al rey sobre la necesidad de trasladar los indígenas. Así lo podemos leer en el capítulo XX de su carta, fechada a 3 de enero de 1578:

“La isla de la mona, que está sujeta a esta, y a mi cargo, esta no más de doce leguas de aquí y hay en ella (según me dicen personas que han pasado por allí) hasta diez o doce indios, entre hombres y mujeres, chicos y grandes, no hay posibilidad de poderles dar doctrina, ni visitarlos, y aunque dicen son cristianos y rezan jamás se les dice misa ni se puede saber cómo viven (aunque se cree que no muy bien) es cosa dura haber de dar cuenta a dios (y a Vuestra Majestad) de gente que no se puede ver ni remediar con doctrina, ni dar beneficio espiritual alguno por no haber posibilidad de tener un barco, marineros y clérigo que si quiera dos veces (o una) fuesen al año allá, que por el peligro, de franceses, y de la mar, y no podérseles dar salario, no se halla quien quiera tomar el trabajo — sería necesario Vuestra Majestad fuese servido mandarlos sacar de allí, y se viniesen a poblar aquí a esta isla, donde se les podrán dar tierras, que estuviesen aparte, y fuesen bien tratados y doctrinados, y libres de tributos, como lo están allí, y que hiciese Vuestra Majestad merced al obispo que fuese desta isla que el solo tuviese cuenta de ampararlos, y que nadie los pudiese compeler, a trabajos personales ni tributos, y con este regalo, pienso se vendrían, y tendrían la doctrina, que para su salvación les conviene — y no siendo conveniente que salgan de aquella isla, Vuestra Majestad sea servido, mandarme descargar de lo que no es posible dar cuenta buena ni mala”.[28]

En respuesta al comunicado del Obispo la Real Cédula y Provisión del año 1583 señala: “…doce leguas de ella en la Isla de la mona ay hasta doce indios de Paz y por su poca utilidad y el peligro que hay en pasar a donde están no se puede acudir a su doctrina y sería conveniente sacarlos de allí y traerlos a esa isla y ellos a lo que el entender venían de buena gana si ahí fuesen libres de tributo como lo son estando en la dicha Isla de la Mona suplicándonos mandásemos ordenar en ello lo que fuésemos servido, de manera que el sin ir a la dicha Isla pudiese proveerlos de doctrina..”..

Para algunos investigadores esta Real Cédula ha sido la base histórica sobre la cual algunos autores han fundado sus creencias para indicar que los indios fueron sacados de La Mona, pero ella no señala la remoción del poblado indígena a otro paraje. El documento en cuestión señala que había una docena de indios en La Mona. Sabemos que algunos de estos visitaron las costas de Santo Domingo, en 1585, cuando un indio, cuyo nombre cristiano era Diego Ramírez, despachó desde la isla de La Mona a dos negras que los franceses habían abandonado allí. Para ese año el gobernador de Puerto Rico don Diego Menéndez de Valdésseñala, en carta a su majestad, las actividades de corsarios en aguas de Puerto Rico. “…en llegando a la dominica e islas que cerca de ella están reparan por allí las naos e envían las lanchas a esta isla o a la de la mona que es a doce leguas y tiene en torno cinco leguas y allí ay como doce indios e indias a saber nueva de galeras o armada o si ay navío que puedan robar y de aquí hacen la derrota según la nueva o se están en estos puertos”.[29]

La existencia del núcleo poblacional, descrito en 1578, 1583 y 1585, viene a reafirmarse varios años después cuando, en 1590, los expedicionarios ingleses bajo el mando de Sir Walter Raleigh asolaron una docena de viviendas, persiguieron a sus moradores y los describieron como “portugueses”.

En 1595 el inglés James Lancaster[30] y sus acólitos estuvieron desamparados en la isla de La Mona. Ahí se proveyeron de plátanos[31], batatas y algodón. A finales del siglo XVI se reportaba la existencia de varios indígenas quienes fueron acusados por los españoles de contrabandear con los franceses.

“Los documentos registran en 1800 a un sólo indio existente en Mayagüez, hoy Puerto Rico, de apellido Ramírez, al igual que el señalado en la Mona en 1585, que residía a orillas del mar en el sector Güanajibo, barrio costero de pueblo Mayagüez”[32].

21. AGI/1.16403.15.414//INDIFERENTE, 420, L.8, F.157V-159V

22. En 1512 llegó a Puerto Rico al ser nombrado obispo, ocupando el cargo hasta 1539. Entre 1515 y 1519 regresó a la península para volver a su canonjía de Salamanca. De nuevo en Puerto Rico fue también nombrado Inquisidor Apostólico en Indias. Se convirtió en un defensor de los indios y se enfrentó a Sancho de Velázquez por la cuestión de los repartimientos. El obispo encarceló a Velázquez haciendo uso de su cargo de Inquisidor, aprovechando unas difamaciones lanzadas en su contra.

23. AGI/1.16403.2.2310//SANTO_DOMINGO, 2280, L.2, F.54R-57R

24. Escritor español nacido en Madrid en 1478 y muerto en Santo Domingo en 1557. Nacido en el seno de una familia hidalga de origen asturiano, entró muy joven como paje al servicio de un sobrino de Fernando el Católico y más tarde fue nombrado mozo de cámara del príncipe don Juan. Presenció la rendición de Granada y el regreso de Cristóbal Colón tras su primer viaje, y conoció a los hijos del descubridor, que eran pajes del príncipe. Al fallecer éste residió durante algún tiempo en Italia y España. En la primavera de 1514 marchó a las Indias con varios cargos, entre ellos “la escribanía de minas e del crimen” y el “oficio del hierro de los esclavos e indios”, a los que acumuló después el de “veedor de las fundiciones”, todos ellos en el “reino de la Tierra Firme que llaman Castilla del Oro”. Tras una estancia de año y medio, volvió a la metrópoli, produciéndose entonces, como afirma Pérez de Tudela, su violento choque con Bartolomé de Las Casas, que lo acusó de ser “partícipe de las crueles tiranías que en… Castilla del Oro se han hecho”. Posteriormente, Fernández de Oviedo volvió a realizar otros cuatro viajes a América, en la que permaneció un total de veintidós años. Tras ocupar diversos cargos, fue nombrado Cronista de Indias en 1532.

25. Archivo General de Indias, Santo Domingo 71: El licenciado Echegoyán a Su Majestad, Santo Domingo, Ysla Española, 8 de junio de 1561.

26. AGI/1.16403.2.908//SANTO_DOMINGO, 899, L.1, F.235

27. Archivo General de Indias, Santo Domingo 71: Carta de don Francisco de Luxan a Su Majestad, isla Española, 21 de agosto de 1568.

28. AGI, Santo Domingo 71: El Doctor Mexia a Su Magestad, Santo Domingo 10 de octubre de 1568

29. AGI. Indiferente. 1887.

30. En noviembre de ese mismo año Sir James Lancaster llegó a La Mona en el Edward Bonaventura. Encontró viviendo en la Isla a un viejo indio con sus tres hijos. Mientras Sir James estaba en tierra con 19 miembros de su tripulación, una turbonada rompió las amarras del barco, el cual se perdió con cinco hombres y un muchacho a bordo. Los marinos que se habían quedado en tierra fueron rescatados 29 días después por un barco francés.

31. En el patio del convento de los dominicos, en donde se fundó la primera Universidad de América, Fray Tomás de Berlanga, que más tarde sería primer Obispo de Panamá, se entretenía cuidando la primera mata de plátanos que él trajo a este continente sin saber que con ella dejaría a estos países una de sus riquezas más preciadas y que constituye una de las partes más fundamentales de la alimentación, especialmente, de los pobres y de los campesinos: el plátano. Oviedo, en su libro VIII, Cap. I, dice: “Hay una fruta, que acá llaman plátanos; pero, en la verdad, no lo son; ni éstos son árboles, ni los había en estas lndias, fueron traídos a ellas; más quedarse han con este impropio nombre de plátanos”. Y luego añade: “Fue traído este linaje de planta de la isla de Gran Canaria, el año de 1516, por el reverendo padre Fray Thomás de Berlanga, de la orden de los Predicadores, a esta ciudad de Santo Domingo; de donde aquí se han extendido a las otras poblaciones de esta isla y en todas las otras pobladas de cristianos, y las han llevado a la Tierra Firme, y en cada parte que los han puesto se han dado muy bien”. El vocablo es de origen griego, pístanos de platus, ancho, lato, con relación a la amplitud de las hojas. Los indígenas lo nombraron banana; y de aquí surge el error de creer que en América había plátanos; equivocación en que cae Bachiller y Morales (Ob. cit. pág. 210), Echagoían (1561) en su Informe al Rey sobre Santo Domingo (Doc. Ind. Arch. de Indias, t. 1.11, pág. 13) y otros escritores. Si los indos antillanos hubieran tenido la familia de las musáceas, al primero que le hubiera llamado la atención la belleza de un platanal hubiera sido al Almirante Colón y después a Las Casas, que tanto tiempo vivió entre ellos. Los primeros españoles que regresaban a España hubieran informado también de este fruto a Pedro Mártir de Anglería y lo encontraríamos citado en sus Décadas.

32. Archivo General de Puerto Rico. Fondo: Gobernadores Españoles, Caja No. 504.

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