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La provincia La Altagracia: ¿Sobre qué bases está parada la demarcación más oriental de la República Dominicana? (1)

Por Ángel Morla

Desde antaño la gente de la provincia La Altagracia conversa entre sí y hace de sus reuniones frecuentes un ejercicio de ciudadanía, de “control social”, como modernamente se dice en los círculos de los estudiosos del derecho constitucional. No es para nada extraño que la típica frase de que “al dominicano le encanta hablar de la política” se convierta en una realidad palpable en nuestra provincia. El día a día es justamente eso: una práctica espontánea de diálogo el trabajo de los gobernantes.

El esfuerzo local ha consistido en preguntarse qué sucede con el cumplimiento de los principales deberes de las autoridades. Muchos conocen que de acuerdo con nuestra Constitución el gobierno se ejerce de distintos modos. Uno de estos es de carácter centralizado y el otro descentralizado, o sea, no todas las responsabilidades recaen sobre un mismo núcleo, sino que, por lo contrario, existe una suerte de “dejar hacer” con relación a determinadas instituciones públicas.

Dentro de las razones que motivan esta flexibilización de la administración pública están, indudablemente, el crecimiento de la sociedad y la tendencia bien conocida hacia la complejidad. Es decir, cada día los vínculos entre las personas y sus actividades van requiriendo análisis y evaluaciones con mayores cuidados. No es lo mismo buscar soluciones para una población de 20 mil habitantes que para de 500 mil. Y no uso estas cifras por casualidad. En nuestros barrios es normal escuchar: “El Higüey de ayer era pequeño; todos se conocían”, o “Ya tenemos medio millón de habitantes”. Sin lugar a dudas, es mucho pedir a nuestros ciudadanos comunes que manejen cifras con precisión. Sin embargo, sus estimaciones son razonables.

Difícil es que al día de hoy pueda darse la manipulación de la información con éxito para quienes la manejan directamente. No es posible negar que el hoy denominado fenómeno de la posverdad influya sobre la percepción de la realidad que tienen los consumidores de información, sobre todo a través de las redes sociales.  Esta palabra, extraña para muchos, ha ganado terreno en el discurso de los últimos años, no obstante declarar algunos que no es nada nuevo.

Para Alfonso Bolado1, más que definir algo nuevo, la posverdad ha sido exitosa quizá por la necesidad de usar la “verdad” como instrumento a favor de la demagogia, que consiste, precisamente, en un sentido, en ganar simpatía mediante halagos y promesas cuyo trasfondo son intereses oscuros y para nada sanos. En otro sentido hay que precisar que la demagogia es actualmente la palabra tipo para referirse al desvío que ocurre en la política; la separación del deber ser, el hecho de que ya no sea del todo la teoría y práctica de diseñar la vida en común, sino  la lucha por el poder como único fin. Dicho todo esto, lo siguiente sería afirmar que el manejo de la información puede hacer que las estimaciones de los ciudadanos puedan ser fácilmente verificables. Si acudimos a fuentes de entero crédito, datos manejados con transparencia pueden otorgarnos luz sobre nuestra incertidumbre. De esto hablé en un primer artículo.

En esta oportunidad el interés lo sitúo en una misma dirección: revelar cuestiones tal vez desconocidas, imprecisiones, malentendidos, dudas y, sobre todo, facilitar un trabajo de interpretación y juicio por parte de los lectores con relación a la “verdad” en nuestra provincia. Con una puesta a disposición de cada higüeyano de la información precisa es posible fortalecer la democracia, e inclinarnos sobre todo hacia a la democracia deliberativa, entendiendo por ésta la que se enfoca en la toma de decisiones mediante el involucramiento directo de quienes reciben son afectados por algún problema social.2

En síntesis, La Altagracia y su hijo mayor, Higüey, necesitan vincularse estrechamente con la resolución de sus problemas. No se visualiza que sea posible lograr la estabilidad social y política sin una puesta a disposición de la gente de toda la información precisa. Sin posverdad. De manera que en lo adelante recibirán a través de Puro Higüeyano escritos que toquen en serio las heridas de la sociedad de La Altagracia, en todos sus niveles de importancia.

Continuará…

(1) Alfonso Bolado, (2017) Posverdad o la mentira decorosa, Página Abierta, 2017. Disponible en http://www.pensamientocritico.org/alfbol0217.pdf

(2) Sobre la democracia deliberativa, ver José Martí (2006): La república deliberativa. Una teoría de la democracia, citado en Manuel Atienza (2013) Curso de Argumentación Jurídica: Editorial Trotta.

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