Parecer

La supervisión en eficaz en la formación educacional y sus posibles efectos

Por Ivelisse Ureña

La supervisión de las competencias de los estudiantes  universitarios o de cualquier nivel es quizás uno de los temas con mayor relevancia que se deberían profundizar en la gestión administrativa de cualquier país que está en busca de su desarrollo, a fin de que podamos lograr encaminarnos hacia una educación  con  calidad. Se escucha, de alguna forma utópico, el querer lograrlo; sin embargo, estamos segura de que supervisar es el proceso que nos mostrará algunos indicadores sobre las competencias de los estudiantes en la educación y alcanzaremos el desarrollo de  conocimientos. Al mismo tiempo nos permitirá  implementar métodos pedagógicos y didácticos significativos para el desarrollo del pensamiento crítico, sano e independiente de los discentes.

Si bien nos parece pudiéramos preguntarnos ¿y qué tan eficiente  y eficaz fueran los resultados de una supervisión de  competencias en los estudiantes de educación superior o de cualquier nivel? Sin ánimo de parecer ilusa, entendemos que la esencia de toda acción de supervisión es que los procedimientos se lleven a cabo bajo parámetros sistemáticos, consecutivos y ciertos (sin trampas, sin mañas, sin disfraz). Así como también que se generen acciones preventivas para enseñar a los estudiantes a aprender a aprender, y aprender a desaprender, sobre todo.

Para alcanzar los objetivos y metas establecidos en los programas de estudios, que son base  primaria para desarrollar las competencias que exigen las diferentes disciplinas es preciso querer hacer o, como le llamamos nosotros, tener voluntad política. Si pretendemos competir a un nivel  superior ante los desafíos de los nuevos tiempos en esta era, donde el conocimiento es un capital humano al que se le ha dado la máxima importancia, será necesario, entonces, que nos adentremos con profunda dedicación docente e institucionalidad académica para que los estudiantes desarrollen  competencias que nos garanticen lograr el desarrollo y el  bienestar social.

La falta de supervisión de los estudiantes frecuentemente adquiere formas amañadas de utilizar el proceso de aprendizaje y el conocimiento; lo que pretendemos aclarar es que las consecuencias de la no supervisión tienen sus estragos e impactan  directamente sobre el estudiantado. Porque no les permite el desarrollo que a corto o largo plazo les va a exigir la sociedad en la que se desenvuelven. El tema de la evaluación de las competencias y aprendizaje es el centro de atención, dado que es una etapa donde los estudiantes empiezan a agotar  de forma adecuada  formas de estudios y aprendizajes que a lo largo van a profundizar  y a destacar sus habilidades y destrezas.

Hablar de aprendizaje y conocimiento es un tanto cuesta arriba cuando se trata de evaluar lo que has aprendido, porque la supervisión que ha de reflejar esos resultados está limitada a un coordinador en la mayoría de los casos, que llena un reporte tomando en consideración las calificaciones entregadas por el docente. Y es de seguro este proceder una de las causas que  justifica nuestra posición como país en las evaluaciones que hacen altas organizaciones autorizadas referente a la calidad de nuestra educación. Dos disyuntivas empacan la calidad de nuestra educación: la primera es como está el docente enseñando, qué enseña y si los estudiantes entienden lo que les enseñan; de igual forma si su metodología pedagógica y didáctica es la apropiada al tipo de estudiante; la segunda es qué interés muestra el estudiante por querer hacer y tener los conocimientos y qué tanto esfuerzo (actitud) hace por  fortalecer su  proceso de aprendizaje.

También existe el hecho de la necesidad que tenemos del saber, y en estos tiempos donde el conocimiento es uno de los recursos más importante del hombre se ha dicho muchas veces que los estudiantes de hoy son el futuro del mañana. Para que ese mañana no sea incierto tenemos que dar un seguimiento muy de cerca a la preparación del estudiantado, buscar medidas pedagógicas que formen  íntegramente y con calidad de forma continua, comprobar fallas y tomar medidas sobre ellas, deben ser nuestro norte para que  los estudiantes, al momento de culminar con cada etapa de su proceso educacional,  lo hagan conscientes y seguros de lo que han aprendido. En ese sentido tener definida las competencias es la base de impuso para desarrollarnos como ente productivo.

La calidad educativa es fundamental para el desarrollo humano, para poder implementarla por medio de nuevas metodología y forma pedagógica, para que el aprendizaje de los estudiantes sea real y efectivo, para esto es necesario adquirir un nivel de dominio de competencias comprobadas y certificadas por las instituciones educativas. La supervisión de las competencias de los estudiantes nos va a garantizar un aprendizaje con excelentes resultados, lo que va a repercutir positivamente en la sociedad por la calidad de sus profesionales, por su pensamiento crítico e independiente y, al mismo tiempo, la universidad se presentará como excelencia para las próximas generaciones de estudiantes.

La implementación de  medidas  de supervisión que sean reales, efectivas y eficaces para que puedan ser evaluadas  las competencias de los estudiantes durante todo un periodo de clase, permitirá que se conviertan en excelentes profesionales al servicio de la sociedad. Es bueno destacar que la puesta en práctica de un proceso de supervisión de las competencias nos obligaría a buscar soluciones progresivas y positivas para los estudiantes que presenten limitaciones por su forma o estilo de aprender en el ciclo de su formación; eso garantizaría un desarrollo íntegro de las competencias de todos.

Evidentemente que hay una cuestión gris con el desarrollo de las competencias; lo evidencian los acontecimientos en materia de educación casi a nivel mundial. Vemos en la práctica que la problemática en la educación es debido a que las competencias de los estudiantes y egresados de instituciones educativas superiores y de otros niveles no tienen definida en su totalidad una adecuada forma de supervisión de las competencias que debieron o deben adquirir durante el proceso de aprendizaje. Esto impide que el profesional, de alguna forma, no logre integrarse en  medios laborales de su propia disciplina, haciendo obligatorio que estos se desplacen en otra dirección quizás alejada de su profesión.

Los cambios morfológicos solo son aceptables en tema de educación cuando se hacen o pueden hacerse bajo una línea de querer hacer, para transformar la sociedad actual de forma externa e interna, la cual vive múltiples experiencias difíciles de asir (agarrar) o entender e interpretar, casi en toda su totalidad. Entendemos que en el ejercicio de la actividad docente tenemos varios factores que intervienen de forma precisa para educar con calidad. Tenemos claramente la realidad económica mundial, los problemas del contexto social, político, la comunidad, la autonomía en la toma de decisiones, la preparación científica y pedagógica; pero también está presente el débil interés por el entrenamiento mismo de los procesos de aprendizaje, que es un asunto que nos compete a todos.

Tenemos que dejar de enfocarnos en incrementar las riquezas de un por ciento muy mínimo; nuestro modelo actual de desarrollo favorece EVIDENTEMENTE a una fracción muy pequeña  de la sociedad. Pero quiero pensar que todavía podemos implementar con voluntad política y social un modelo educativo en todos los niveles de desarrollo humano, que permita a todas las personas el acceso a esas riquezas y bienestar social en igualdad de condiciones para cada individuo.

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