Historiador de la Ciudad

Las capellanías en Higüey

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

Durante la época colonial se mantuvo la costumbre española de fundar capellanías. Consistían en la concesión de ciertos bienes materiales sujeto al cumplimiento de bienes espirituales como celebración de misas por el alma del difunto. Las capellanías eran obras piadosas cuya finalidad principal fue la celebración de misas por el alma del fundador o de los fundadores quienes podían hacer extensivas las ofrendas a otras almas.

En la definición de Ots Capdequi, consistían “en la celebración de cierto número de misas anuales en determinada capilla, iglesia o altar, afectando para su sostenimiento las rentas de los bienes que se especificaban”[1]. Se nombraban capellanes que “decían las misas y patronos que, entre sus funciones, tenían que velar por la conservación del capital y preocuparse de que estuviese cubierto el cargo de capellán”[2]. El nombramiento de patrono significaba una demostración de confianza, una distinción y un beneficio económico, puesto que podían recibir parte de la renta del capital.

Las misas de las capellanías se ofrecían y consagraban a la Virgen de La Altagracia o a santos. Así se instituían capellanías dotadas de efectivo como capital. Se dejaba en capellanía, al presbítero, propiedades como casas y fincas, quedando obligado, el capellán, a decirle innúmeras misas anuales pagadas a un determinado valor, cada una; algunas serían por el bien de su alma y otras por la de un familiar. En el Archivo Real de Higüey las capellanías eran de carácter eclesiástico y no existió la capellanía laica que quedaba bajo la jurisdicción civil.

Esta práctica se suspendió durante la dominación haitiana. Los legajos y libros del Cabildo, que se han conservado, dan testimonio de ella, pero sólo entre los años 1616 y 1795. Aquí algunos ejemplos:

    • Blas de Las Nieves, vecino de Higüey, y Luis Paradas, su yerno, entregan la cantidad de 260 pesos como fiadores para conseguir “mi quietud”, dice Luis, y Blas pide una buena administración.

    • Juan de las Nieves a Luis Paradas sobre 150 pesos de una Capellanía que tenemos en el paraje Magino.

    • El capitán Gregorio de Urtarte, fiador de Luis Paradas, dice que Juan de las Nieves, de Santo Domingo, dejó 250 pesos y sus réditos, para una Capellanía y pide que no se le perjudique. La funda sobre el paraje Magino.

    • Manuel Julián y su esposa, Mariana Cedeño, fiadores de Juan Muñoz, de Santo Domingo, por un tributo promete vender unas vacas para cumplir. Era el 19 de abril de 1720 siendo alcalde ordinario Sebastián de Ortega.

    • En fecha no determinada, Gaspar de los Reyes, “moreno libre” con su esposa, Catalina Jerónimo, crea una capellanía con un principal de 2,332 “dinero bueno de castilla” que lo había obtenido, de su trabajo, en las monterías de Baiguá. Su capellán fue el Pbro. Félix Mauricio de Esqueda y Nevares.

    • El alférez Santiago Garrido[3] y su esposa, María Concepción, en testamento ante el cura Manuel Fernández Valdelomar y teniendo como albacea a Manuel Crisóstomo de Herrera crean una capellanía por sus almas y las de sus padres de 115 pesos y 7 reales siendo fiadores Tomás Rijo y Luisa Beltrán, su esposa. Garrido pone 80 pesos de terreno en el sitio de El Mamey, 60 reses y 24 caballos; Tomás Rijo hipoteca 260 pesos en Matachalupa con 100 reses y 60 pesos en las monterías de la Magdalena. Eso ocurrió el 31 de enero de 1761. Firmaron el Pbro. Fernández y Juan Pablo Cedano.

    • El 5 de agosto de 1775, el sargento mayor, Gregorio Rijo y su esposa, Manuela GuerreroUrtarte, fundan una capellanía de 50 pesos sobre las tierras de la Magdalena, cedidas por María de Luna para la Sacristía Mayor.

El Cabildo, en fecha 20 de diciembre de 1782, tenía la relación[4] siguiente de capellanías[5] a favor de la curia: Luisa del Castillo, Micaela Guerrero, María Cabrera, Luis del Castillo, Andrés Román, Félix Mauricio de Esqueda y Nevares, Luisa de la Peña, Ana Dámaso, Manuel Crisóstomo, Gregorio de Vargas, Andrés del Rosario, José Ramírez, Alonso García, Ana Facunda, Manuel López, Gregorio de Vargas, Juana Magdalena, Inés del Castillo, Juana Bárbara, Domingo Cedeño, Santiago Cedeño, Juana de Dios y Juan Manuel Trejo[6].

Los que tenían capellanías[7], a favor del capellán de Nuestra Señora de La Altagracia, eran: Arzobispo Don Ignacio de Padilla, Don Francisco de Villavicencio, Don Domingo Guerrero, Doña María Dávila, Tomás Rijo y esposa, Gregorio de Urtarte, Juan Pablo Cedano, Sebastián Cedano, Pablo Lorenzo y Gregoria José.

[1] Ots Capdequí, José María: Manual de historia del derecho español en las Indias y del derecho, propiamente, indiano, Buenos Aires, Editorial Losada, 1945, pág. 125, cit. por Gisela von Wobeser, “Las capellanías de misas: su función religiosa, social y económica en la Nueva España”, en Martínez, von Wobeser y Muñoz (coordinadores), Op. Citatum. p 120.

[2] Levaggi, Abelardo, “Papel de los patronos en las capellanías. Cuestiones suscitadas a su respecto en el Río de la Plata”, en Martínez, von Wobeser y Muñoz (coordinadores), op.cit., p 147.

[3] El Garrido es una familia tradicional de la sección del Mamey. Ascendiente de Manuel Garrido, papú, quien procreó a Victoriano, Martín, Nene, Baldomero (Negro) y otros

[4] Polanco Brito, Hugo Eduardo: Historia de Salvaleón de Higüey. Págs. 30-32

[5] Se mencionan los montos y los réditos en la obra de Mons. Polanco Brito citada, anteriormente

[6] Para esa fecha existía aún el apellido Trejo en Higüey

[7] Las Capellanías fueron eliminadas con el nacimiento de la República. La Iglesia fue despojada de inmensas cantidades de terrenos. Al final del texto de la primera Constitución Política de la República Dominicana del 6 de Noviembre de 1844, en su parte final, llamada Título Adicional se lee lo siguiente: “Décima: Sobre la total extinción de tributos, capellanías, vinculaciones y demás censos perpetuos, bajo cualquiera denominación que se hallen instituidos”. Los franceses y luego los haitianos respetaron las Capellanías. Paradoja de la vida: las primeras autoridades dominicanos no la respetaron.

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