Parecer

Las imprudencias y el malvivir de la sociedad

Por Rafael Gil

Vivimos en una sociedad donde hay gente que por ser infeliz no deja de meterse en la vida de los demás y vive apostando a fracasos ajenos por falta de victorias propias. Las preguntas más necias que se suelen formular son: ¿Cuándo te vas a casar?, si te casaste, entonces la pregunta es: ¿Cuándo vas a tener un hijo?, después de tener el primer hijo viene el otro cuestionamiento: ¿Cuándo vas a tener la hembra?

Y los otros consejos no solicitados que te ofrecen algunos expertos en llevar vida ajena son: tienes que comprar una casa; ya es necesario que tengas un vehículo; debes tomarte unas vacaciones en el extranjero; estás muy gordo, tienes que rebajar; se te está cayendo el pelo, evita quedar calvo; ese celular está muy viejo, cámbialo.

Si con base en muchos esfuerzos te gradúas de una carrera universitaria, la recomendación es inmediata: recuerda que debes empezar la maestría cuanto antes. Otras recomendaciones: debes protegerte, la seguridad es muy importante, tienes que comprar una pistola; ya tu vehículo está muy viejo, debes conseguir uno en mejores condiciones, y un montón más de preguntas y consejos que ofrece la gente sin que se los soliciten.

Otra imprudencia incaficable es hacer comentarios del aspecto físico de alguien, como si esa persona no tuviera un espejo en su casa: estás gordo; o estás flaco, te estás quedando calvo; ay, pero tú estás lleno de canas, ¿Tú te tiñes el pelo?, te están saliendo arrugas, ¿Y esas ojeras?, la cara se te nota cansada, ¿Qué te pasa? Oh, pero, tú luces rejuvenecida, parece que te hiciste varias cirugías en el cuerpo. ¡Cuánta indiscreción!

A la gente tampoco se le debe cuestionar acerca de su edad, estado civil, relación de pareja, de su descendencia familiar, sus finanzas, ni cuánto produce al mes, o el salario que devenga, sus proyectos, su vida
amorosa y reproductiva, ni se le pregunta sobre sus creencias religiosas o convicciones políticas, ideológicas o filosóficas.

Siempre será una indelicadeza ofrecer consejos no solicitados a personas adultas, quienes son las responsables de manejar su vida como entiendan y mejor les parezca. Algunos actúan como si fueran médicos o curanderos, recetando a personas enfermas medicamentos o pócimas: tómate tal medicamento, haz un té de tal vaina. Otros, se creen abogados, diciéndote los procedimientos que debes encaminar para obtener ganancia de causa en alguna situación legal, hasta te dicen cómo el juez va a fallar. Si vas a construir, prepárate para escuchar a algunos sabihondos que creen saber más de construcción que un ingeniero civil, con cálculos mentales, con los cuales solo estructuran su imprudencia.

Quieren decirte cómo manejarte en tu relación de pareja y cómo educar tus hijos, pero no han sabido criar a
sus hijos ni cómo preservar su matrimonio. Su especialidad es la hipocresía, la indiscreción y la intromisión en la vida ajena.

Hay que respetar la vida de los demás aunque no estemos de acuerdo y no entendamos razones; hay que
aportar paz, vivir y dejar vivir. La mayor aspiración del ser humano debe ser la felicidad y amarse profundamente, sin dañar o afectar a otras personas.

Las taras sociales de las que adolece nuestro conglomerado humano son producto del bajo nivel cultural, el atraso educativo y una tardía civilización, que se manifiesta en complejos, prejuicios, resabios y conductas estereotipadas. Cada persona que vemos está luchando una batalla, de la que posiblemente no sepamos nada; hay que ser amable, siempre.

Uno vino a esta vida a ser feliz, disfrutando lo que vive y hace, sin compararse ni apostar carreras. La persona que pretenda ser feliz, no debe vivir al filo de los estándares sociales, ni tampoco sentirse mal por lo que otros definen como éxito. Hay quienes afirman que a los chismosos hay que darles de qué hablar, porque si no se mueren de hambre; sin embargo, siempre será conveniente mantenerse alejado de gente tóxica y negativa, y estar rodeado personas que te den ganas de vivir la vida, te lleguen al corazón y te nutran el alma.

Siempre se ha dicho que la envidia de un amigo es peor que el odio de un enemigo, y que hay algunos que quieren verte bien; pero nunca mejor que ellos. Esas orientaciones que te hacen no es porque aspiren a tu bienestar, sino por meterse en tu vida, porque si consigues lo que ellos te recomiendan, entonces sienten envidia.

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1 thought on “Las imprudencias y el malvivir de la sociedad”

  1. De acuerdo totalmente con el comentario de Rafael Gil, su análisis no tiene desperdicio. Y es que sin duda alguna ese malvivir del cual hace referencia Gil se debe a una carencia o vacío que tienen muchas personas y que no han podido llenar.
    Yo considero que la vida no es una competencia y que hasta los que nacen gemelos al nacer enfrentan situaciones particulares.
    Todos en la vida tenemos que trillar nuestro propio camino, unos nos encontramos con rosas y otros con espinas pero todos pasamos pruebas diferentes.

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