Parecer

Las torres de la discordia

Por Darío Yrizarry Silvestre

El anuncio de la construcción de dos torres de 18 niveles cada una en un área publica en la comunidad de Playa Macao y a 500 metros de la playa, se ha constituido en la manzana de la discordia del destino turístico más importante de la región, motivado a la existencia de tres importantes vectores que se disputan estos espacios físicos. Por un lado, el Ministerio de Turismo, alentado por el monto a invertirse en ese proyecto (600MM de dólares) sorprendentemente ha dado muestra una vez más del poder avasallador e irrespetuoso del gobierno, quienes dieron uso a una práctica que se ha legalizado en el mundo político; me refiero al lobbismo que hizo el ministro Francisco Javier García en el municipio de Higüey con los Aristy y los regidores que, aunque no siempre están de acuerdo, en esta ocasión “abrieron sus bolsillos” y luego iluminaron sus mentes para la aprobación de los permisos y pagos de los impuestos por parte de la multinacional.

Por otro lado están la Asociación de Hoteles y Proyectos Turísticos de la Zona Este (Asoleste), Asonahores y la Asociación de Hoteles Romana-Bayahíbe, que mantienen una posición radical y de negación no solo a este proyecto de la cadena Moon Palace Punta Cana, sino de cualquier inversión que contemple la construcción de más de 4 niveles en la zona, quienes se amparan en la resolución número 07/2012, modificada por la número 0022017 de fecha 12 de octubre del 2017, la que, de acuerdo con Asoleste, la mantuvieron oculta hasta el día 14 de diciembre de ese mismo año y, aprovechando la silente oscura noche donde todos se entregaban a los brazos de Morfeo, la subieron al portal y desde ese momento la tipificaron como “resolución clandestina”.

Los comunitarios también forman parte de la estructura social que protesta por dicha construcción, debido a que esta comunidad, que por siempre ha hecho de ese entorno su “modus vivendi”, inminentemente desaparecerá para darle paso a estructuras modernas.

Lo pecaminoso de la variación a la mencionada resolución no está en el hecho de cambiar el número de pisos a las edificaciones de 4 a 22. Lo lesivo estuvo en la forma como se hizo, inconsultamente, ignorando sectores tan importantes como Asoleste, a quienes, pese a que el ministro declaró que ellos conocían de la modificación a la resolución, no fueron tomados en cuenta para establecer un dialogo y buscar consenso. Sin embargo, como nos tienen acostumbrados, el avasallamiento del gobierno no se hizo esperar y en un encuentro del ministro con los Aristy en el municipio cabecera fueron aprobados los permisos de construcción y pago de arbitrios.

Ciento cincuenta millones de pesos como inversión anunciada para la adecuación del municipio fueron suficientes para la aprobación de este proyecto por los regidores del ayuntamiento de Higüey. ¿Aprobaron los regidores este proyecto acogiéndose al interés comunitario haciendo gala de un altruismo poco mostrable? ¿Corrió el billete en esa sala capitular de tal manera que motivara ignorar por completo a los sectores y grupos que han moldeado por siempre el perfil del destino turístico? Son preguntas sin aparentes respuestas, las que el inicio de la campaña para las elecciones del 2020 podrá definir.

Las relaciones gobierno-hoteleros en estos momentos y después de ese irrespeto se han lacerado y eso no es saludable para el turismo. No es una buena señal después de tantos años de armonía entre estos dos pilares de la economía. El gobierno debe tener mucho cuidado con estas decisiones.

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