Historiador de la Ciudad

Los Jinetes del Este

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

En el año 1959 se creó la agrupación “Los Jinetes del Este” conformada por agricultores, comerciantes, hacendados, terratenientes, profesionales y representantes de las diferentes clases sociales de la región Este del país. Fue fundada por Félix W. Bernardino en su finca de El Pintado, cerca del Cruce de Pavón en la carretera Mella, con el objetivo de rendir un homenaje al tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina. Al acto asistió el Lic. Marino Goyco, el Dr. Randolfo Bobadilla Beras y el periodista Guarionex Aquino Morales. En una reunión posterior, según Manuel María Poueriet Cordero, se celebró en el Club Faro de Hicayagua una reunión en la que quedó constituido el comité ejecutivo “que desde luego encabezó el propio Lic. Bernardino…[1]”.

Luego de sucesivas reuniones que se alternaban en las ciudades cabeceras de los municipios se concretó que el homenaje consistiría en una demostración de respaldo trujillista, en la ciudad capital, coincidiendo con el natalicio y onomástico del caudillo. “Recuerdo que en la ciudad de Hato Mayor se reunirían los Jinetes del Este y que se estaba haciendo tarde el inicio del acto que estaba convocado para las 9:00 A.M. Bernardino estaba incómodo porque la gente no había concurrido temprano a la cita, por lo que decidió darse una vueltecita en su brioso corcel. El reportero Dalmau y yo estábamos desayunando en un restaurante del Sr. Manuel Rosario, en una de las calles principales de esa población, cuando sorpresivamente se presentó allí Bernardino para comprobar si había algunos de los invitados. Entró al restaurante en la misma montura y al advertir que había algunos de los invitados tomando tragos, la emprendió con las bridas del caballo a muchos de los presentes, entre los que se encontraba un señor de apellido Acta Fadul, con quien tuvo un altercado mayúsculo”[2]. Acta Fadul cayó al suelo y fue despojado de su revólver y hecho prisionero. En ese mismo pueblo Bernardino estuvo de reyerta también con un limpiabotas, cuando el líder trujillista oriental estimó que el obrero le había interrumpido la marcha del rocinante, desmontándose de prisa del caballo y dándole varios macanazos que lo hizo sangrar, profusamente. Este incidente se resolvió “satisfactoriamente” cuando dio órdenes en la Policía de que el limpiabotas, herido y todo, fuera encerrado y sometido a la justicia.

Jinetes del este en la avenida Altagracia, próximo a San Dionisio /Foto cortesía del autor

“Cada día que pasaba, el descontento y el temor se hacían dueño entre los miembros de la institución, que si iban a los actos era por la presión que hacía contra éstos el Jinete Mayor. Así que todo estaba listo para emprender la marcha a caballo hacia la ciudad capital, para rendir este original homenaje al máximo dictador de América. Pero antes, Bernardino hizo movilizar al gobernador de la provincia de El Seibo, que en ese entonces lo era el puertoplateño Pedro Pablo Villanueva, quien conjuntamente con el Dr. Randolfo Bobadilla Beras, el Lic. Marino Goyco y el periodista Aquino Morales, tuvieron que trazar la ruta, sobre el terreno, de por dónde debía trasladarse la gran caballería oriental hacia la ciudad capital. Se recuerda que desde la ciudad de Hato Mayor debía cruzarse a Los Llanos y luego atravesar la Sabana de Guabatico, en Bayaguana para alcanzar la población de Guerra y llegar finalmente a la Capital”.

“La ruta era extremadamente larga, sobre todo para muchos jinetes de pueblos que como Higüey y Miches, estaban enclavados junto a las costas en el extremo más oriental de la isla.”

“Para los higüeyanos y las gentes de Miches, la ruta hubo de hacerse saliendo cuatro días antes del día señalado para el homenaje. Ambos grupos debían llegarse hasta la ciudad de El Seibo, donde también se reunirían los afiliados de La Romana, para juntos con los de Hato Mayor y Sabana de la Mar, encontrarse en la población de Los Llanos que había sido incluida en la ruta de los jinetes orientales. En esa ciudad se incorporarían los jinetes de la ciudad de San Pedro de Macorís para hacer un grupo compacto y acampar en la población de Guerra en horas de la madrugada y cubrir la ruta final a Ciudad Trujillo”.

“…las zapaterías de toda la región ganaron gruesas sumas de dinero con la confección de botas, lo mismo que le comercio oriental se vio precisado a importar sombreros y camisas de vaquero al igual que pantalones especiales que debían llevar como uniforme de la institución.”

Se puede afirmar que este homenaje al dictador Trujillo fue originalísimo, pero fueron muchas las personas que el viaje enfermó y hasta murieron en la caminata a caballo. Se dijo que muchos intelectuales y personas que sabían que el viaje les iba a producir problemas decidieron enviar sus caballos con personas a quienes pagaron para irse luego en automóvil y desde la misma ciudad capital montarlos y aparecer en la cabalgata que debía realizarse a todo lo largo de la Avenida George Washington. Pero lo cierto es que Bernardino se enteró por el chivateo que le hicieron sus allegados de que muchas de esas personalidades habían decidido irse en automóviles por lo que decidió oponerse a que estos desfilaran sin antes hacer el gran recorrido como lo realizó la mayoría. Por eso, a muchos los desmontó de sus caballos como fue el caso de Rubén Darío Aybar hijo y otros de la ciudad de El Seibo, Higüey y La Romana.

Lo cierto es que la marcha de los “Jinetes del Este” causó gran curiosidad en la población capitaleña ya que le permitía observar por primera vez en la historia del país una gran caballería que por calles y avenidas hizo defecaciones al granel por lo que el ayuntamiento tuvo que destacar poco después brigadas especiales para recoger el estiércol de los caballos. Cuando en ese mismo año se anunció que el país sería invadido por exiliados que vendrían en barcos y aviones por las costas del país Bernardino le ofreció a Trujillo que los “Jinetes del Este” tendrían a su cargo la vigilancia de las costas del Este. Se hacían turnos en la costa y muchos que se negaron fueron encarcelados con acusaciones muy peligrosas hasta para sus propias vidas.

Desfile de los jinetes del este /Foto cortesía del autor

El presidente ejecutivo de los “Jinetes del Este,” Bernardino, era una figura controversial que estuvo muy ligado a Trujillo y su gobierno. Recibió su título de abogado, mientras guardaba prisión en la Fortaleza Ozama cumpliendo una condena por la muerte de un prestante comerciante de su pueblo, El Seibo, el fornido Amable Dalmasí por un hecho personal hacia el 1928. Bernardino fue promotor de boxeo en Santo Domingo y se asegura que también fue músico, tanto en esta ciudad como en New York, tocando saxofón, piano y otros instrumentos. Le sirvió, incondicionalmente, al dictador Trujillo en posiciones diplomáticas en la embajada dominicana en La Habana y como cónsul General en la ciudad de Nueva York. A Bernardino se le vinculaba en la muerte del dirigente sindical Mauricio Báez ocurrida en la capital y a la del periodista Andrés Requena ocurrida en la babel de hierro. Ambas se registraron por separado hace muchos años…

Después de desempeñar funciones consulares Bernardino regresó al país y adquirió en El Pintado la gran finca campestre del hacendado Evangelista Espinosa donde se dedicó a la cría de ganado seleccionado. Parte de esas plantaciones de tierra las dedicó a la siembra de caña las cuales fueron cultivadas por el Central Romana Corporation. Cuando ocurrió el tiranicidio en el año 1961 fue hecho preso…se le acumuló una gran fortuna por el tiro de la caña en el Central Romana la cual reclamó cuando fue libertado.

En el año 1974 el coronel Nelson de Los Santos al mando de una patrulla de la aviación se presentó a la casa de Bernardino, en El Pintado, ametrallándola para provocarle y vengarse de su hermano el Dr. Diómedes de Los Santos. Bernardino se escondió con sus espalderos.

“…Bernardino murió en un hospital de los Estados Unidos, pero antes hizo un testamento dejando su fortuna a su esposa e hijos, a sus hermanas Nena y Minerva Bernardino, esta última destacada feminista y diplomática que representó al país durante muchos años en las Naciones Unidas y otros organismos mundiales, siendo declarada en una ocasión Mujer de las Américas”[3].

1. Poueriet Cordero, Manuel María: El Periodismo y Yo.
2. Ibídem.
3. Ibídem.

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