Historiador de la Ciudad

Los vagidos de la independencia – Duarte y la Virgen de La Altagracia

Por Francisco Guerrero

Francisco Guerrero Castro, historiador. 

El primer vagido fue cuando las devastaciones de Antonio de Osorio en 1605, en el Valle de Guaba, en donde los vecinos se opusieron a tal medida y se levantaron en armas dirigidos por Hernando de Montero y el cura Diego Méndez de Redondé. Esa fue la primera rebelión de los nativos contra un gobierno local y en donde por primera vez aparece un sacerdote unido a rebeldes en busca de ser oídos.

Los historiadores dan poca o ninguna importancia a ese hecho. El 10 de octubre de 1605 los que no se entregaron fueron declarados “traidores y rebeldes”. El cura Méndez cayó en manos del gobernador y fue remitido a España. Al llegar a Sevilla se ahorcó en la cárcel.

El segundo vagido fue con José Núñez de Cáceres y la independencia efímera.

El tercer vagido de independencia fue con Juan Pablo Duarte[1] quien se pronunció junto a varios patriotas “dominicano independiente” un 16 de julio de 1838 día del triunfo de la Santa Cruz. A la sociedad secreta se le dio el nombre de La Trinitaria. Duarte fue instruido en la FE por su madre Manuela Díez y Jiménez[2] y a los seis años según su hermana Rosa recitaba de memoria todo el catecismo. Rosa Duarte nos cuenta que “corría el mes de julio; él recordó que ese día en su patria se celebraba el triunfo de la Santa Cruz, recordó que bajo su égida venció Constantino el Grande al tirano Majencio[3], y se creyó ser él también vencedor emprendiendo sus trabajos bajo la protección del signo de nuestra redención”.

Existe una medalla que se conservaba en manos de un discípulo del Pbro. Meriño. Esa medalla, como talismán divino, fue puesta por la madre de Duarte sobre su corazón el día en que inició los trabajos revolucionarios; luce los colores de la bandera nacional y tiene grabada en su centro la imagen de Nuestra Señora de La Altagracia.

“El lunes 16 de julio de 1838, día del triunfo de la “Santa Cruz” y del movimiento revolucionario redentor de todos los dominicanos le fue puesto a Duarte en el pecho, por su madre Manuela Diez y Jiménez, un mullido y pintado detente, no con la imagen de Jesús, sino con la de la Virgen María en su advocación altagraciana, trajeada aquella con los colores que iban a ser los dominicanos”[4].

Este blasón con el que obsequió al Pbro. Meriño el patricio Juan Pablo Duarte data de 1838. Según palabras de Meriño “Duarte ponía también su confianza en el patrocinio de la Virgen llena de gracia, cuya imagen colgara de su cuello en días de zozobras su madre atribulada”.

Por causa de esta advocación se formó un pueblo y luego una República. Los colores del sacratísimo lienzo son los mismos de la bandera dominicana. La vocación religiosa de Duarte era tan grande que expatriado para siempre en San José de Apure, Venezuela, el ilustrado Pbro. San Gervi le propuso que se dedicara al servicio de la Iglesia, pero los pensamientos patrióticos que agitaban su alma le impidieron tomar estado según él mismo lo confiesa.

[1] Duarte nació el 26 de enero de 1813 en Santo Domingo y recibió el bautismo el 4 de febrero de 1813 en la Iglesia Santa Bárbara por el cura rector Lic. José Ruiz. De profesión quincallero, no casó y estuvo comprometido para casarse con Prudencia LluberesAlvarez (1820-1893), hija de Antonio Bartolomé Tomás Lluberes Vendrell y Prudencia Alvarez Fuentes. El 16 de julio de 1838 fundó la sociedad secreta “La Trinitaria” para que asumiera la responsabilidad de dirigir las actividades de la Independencia. Esta sociedad, que respondía a una estructura celular, tenía por lema “Dios, Patria y Libertad”. Más adelante surgió otra sociedad, “La Filantrópica”, destinada a realizar una importante labor de propaganda mediante la representación de piezas teatrales. Duarte muere en la Parroquia de Santa Rosalía, Caracas, Venezuela; hoy está enterrado en el Baluarte del Conde junto a Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella Castillo.

[2] Doña Manuela Díez Jiménez, hija de Don Antonio Díez Bayllo y de Doña Rufina Jiménez Benítez, nació el 26 de junio de 1786 en Santa Cruz de El Seibo y fue bautizada el 16 de julio 1786 por el presbítero bachiller Don Miguel de Jesús Robles, sacristán mayor de la iglesia de El Seibo de la cual era párroco el presbítero Don Gerónimo Melchor Paredes y Pimentel. Fueron sus padrinos de Bautismo el sargento mayor Juan de León Benítez y Doña Valeriana Ruiz, los testigos, Don Francisco de Regalado y Don Manuel de Valenzuela. Emigra a Venezuela por causas políticas junto a toda su familia el 19 de marzo de 1845, fijó su residencia en la ciudad de Caracas y allí murió el 31 de diciembre de 1858.

[3] Cuenta el historiador Eusebio de Cesárea que el general Constantino, hijo de Santa Elena, era pagano, pero respetaba a los cristianos. Y que teniendo que presentar una terrible batalla contra el perseguidor Majencio, jefe de Roma, el año 311, la noche anterior a la batalla tuvo un sueño en el cual vio una cruz luminosa en los aires y oyó una voz que le decía: “Con este signo vencerás”, y que al empezar la batalla mandó colocar la cruz en varias banderas de los batallones y que exclamó: “Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena” y la victoria fue total. Constantino llegó a ser Emperador y decretó la libertad para los cristianos, que por tres siglos venían siendo muy perseguidos por los gobernantes paganos. Elena recibió el bautismo, probablemente, en el año 307, y fue una cristiana ejemplar, testigo de la gran jornada en que Constantino hizo poner por primera vez la cruz en los estandartes de sus legiones para vencer en batalla a su rival Majencio. Era el mes de octubre del año 312.

[4] Manuel de Jesús Mañón Arredondo. Listín Diario, 8 de febrero de 1997. Pág. 18 A.

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