Parecer

Mi sociedad y yo

Por Eduard Caraballo

Eduard CaraballoEn el transcurso del año de 1862 cuando Les miserables conocen a uno de los públicos mas exquisito de la lectura, en esos años la sangre corría cuando era necesario, porque por ella se reclamaba los derechos franceses, los derechos del ciudadano del mundo; La novela, de contenido romántico, impone por diferentes formas una idea o una discusión sobre la ley, la política, la ética, la justicia, la religión y el bien y el mal, que la premisa de todo el silogismo aristotélico.

Los miserables, ya traducidos al español, es una fotografía de las pujantes formas del diario vivir de las sociedades actuales; Víctor Hugo más que político y escritor fue un humanista de los más connotados del siglo XIX, que aun hoy en día sus pensamientos llegan a todos los rincones del mundo. Jean Valjean el prisionero 24601, es su personaje central, que fue condenado por su estado de necesidad a 5 años de prisión en aquella Francia que revolucionaba en cada segundo del reloj, por el simple robo para comer; y que luego se agregaron 14 años más por el hecho de querer evadir aquella condena injusta, tratando de escapar de la cárcel.

Los Galos en los años de 1862 era una de aquellas sociedades que hoy encontramos por doquier, y que con tanta precisión el autor francés describe en su novela, quizás sin pensar o pensando que aun hoy en día nos tocaría vivir de modo fatídico en la misma sociedad que vivió el preso 24601 y: Cossette, Fantine, Marius, Javert, Éponine y los más de 17 personajes secundarios; en donde la descomposición social forma la imagen protagónica de los movimientos sociales, y con ellos se lleva por la borda los valores humanos.

Los aspectos nacionales, populares y políticos son esbozados con un criterio detallado y preciso para definir lo que antes al igual que hoy nos toca vivir, donde lo mal hecho hay que hacerlo bien para que seamos premiados por nuestros iguales; donde la justicia anda de la mano con los políticos sediento de poder, que no dejan de estrujarnos en nuestros ojos el erario público con el objetivo de brindarnos un poco del festín, aprovechándose de las necesidades que nos crean por sus malas políticas, para ganar apoyo electoral. La Moral, que solo quedad definida en los diccionarios, no es más que una página que escribimos con la tinta del lapicero que más nos guste, desobedeciendo el color que por naturaleza humana y virtuosa debe llevar; La Educación, que a juicio del humanista es la única forma de conseguir la libertad, no es más que un simple nombre poético para todos, que hacemos poco acopio de ella para vivir en el más amplio sentido de esta sonora palabra; La Niñez Indigente; La Injusticia Social, que nadie la extraño ayer y mucho menos hoy, pues se hace presente en todos los aspectos de la sociedad del nuevo Tribunal Constitucional Dominicano así como también la sociedad de Napoleón III; la abundancia de unos, La Miseria de otros, y la Indiferencia de Todos.

Hay aspectos que se hacen preciso, los dejemos de mencionar en algunas sociedades, pero que en otras se hacen cada días más evidentes; esto porque las instituciones encargadas de velar por el debido respeto en contra de esos valores, no hacen su trabajo llamado a realizar y de esa forma rescatar el debido comportamiento. Pero algunas sociedades que ya han avanzado lo bastante y que de manera tímida se realizan también lo que estamos criticando, aun que en escala menor y acudiendo a la doble moral buscan dejar sin efectos su creídos imperceptibles hachos desvirtuados de la razón; pues critican las más obvias por creer que ellas tienen capacidad para juzgar.

El autor mientras escribía ayer, fotografiaba hoy lo mismos patrones de comportamientos humanos que vemos en la actualidad en casi todas las instituciones del estado, tanto en los públicos como también los de aspectos privados que de forma solapada llevan a cabo las mismas intenciones de las primeras, que sin guardar la forma, delatan todos sus fondos de intenciones. Con ligeras discrepancia debo mencionar que el autor también tenias vicios que deben ser colocados en la mesa de calificaciones, pero sus escritos solo tenían y tienen el propósito de resaltar lo que en la actualidad son sociedades que no respetan la virtud, y es bueno decir que ya la Francia del siglo XIX no es la misma sociedad que fue criticada en la obra, pero aun los escritos van dirigidos a sociedades pequeñas o en vía de desarrollo como la misma República Dominicana de hoy en día.

Vivimos corriendo cada día más ajustados a nuestros objetivos: metas, necesidades y vicios, y con ellos pasamos por alto y dejando de lado las cosas que tienen el valor verdadero; esta obra ejemplar para muchos y leída por pocos, reúne en sus páginas los relojes de todos, con el propósito del autor de Hacer Un Alto En El Camino, y reconsiderar lo que hacemos, para rescatar lo que decía Marco Tulio Cicerón en cita de mi amigo Sr. Alan Montas: Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo.

En el año 2012 salió una información donde afirmaba que de los 7,400 millones de habitantes que levitamos en la órbita terrestre, más del 57% era religioso y se congregaba con alguna iglesia o filosofía del bien, mientras tantos un altísimo 36% de todos nosotros no practicaba ninguna fe, incluyendo el 13% de ateos o sin creencias, dentro del radio de acción de 4200 religiones que actualmente existen e incalculables son las que dejaron de ser practicadas u olvidadas; esto nos empuja a pensar que somos más los que practicamos un pensamiento religioso y por tanto somos más apegado al bien, todo esto porque obedecemos y llevamos un instinto virtuoso a hacer el bien por encima del mal, que es el principal tamiz en Los Miserables; aunque se hace preciso decir que lo religioso no nos hace ser buenos seres humanos, o estar repletos de perfecciones, pero ayuda a contener y controlar el Caín que llevamos dentro.

Según mi más íntima interpretación, del legajo que encontrado en esta majestuosa obra, nos hacemos Miserables cuando hacemos el mal, pero somos Miserables cuando somos receptores de ese mal; a veces queriendo y a veces sin querer; esto es lo que nos hace Miserables.

Twitter: eduardcaraball0

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