Parecer

Nuestra reacción ante los errores de los demás

Por Ricardo Mojica

Nos dice el Maestro: “Saca la viga en tu propio ojo antes de mirar la pajita en el ojo de tu hermano”.  Siguiendo ese mismo pensamiento primario del Rebe, nos enseñan los sabios que “antes de juzgar a una persona, debemos ponernos en su lugar” y “juzga favorablemente a tu prójimo”. Más tarde nos dirán otros sabios de la época talmúdica: “kol haposel bemumo posel” lo cual podría traducirse de la siguiente manera: “todas las faltas de que acusas a los demás no son sino las tuyas propias”.

Hablando en términos contemporáneos significa que cuando escuchas a alguien levantar su voz y gritando contra la corrupción de otros, lo más probable es que él mismo sea el verdadero corrupto.

La sagrada escritura dice que antes de “juzgar” al prójimo, nos juzguemos a nosotros mismos. Esto tiene un gran valor psicológico, como el resto de los comentarios de los sabios. Y aplica a cada uno de nosotros. En otras palabras, que constantemente debemos mirarnos a nosotros, antes que a los demás, es decir, examinar nuestros pensamientos, nuestro carácter, nuestras motivaciones, las razones verdaderas por las cuales hacemos y decimos las cosas que hacemos y decimos, sobre todo, cuando implicamos desfavorablemente  a otros con nuestros comentarios y juicios.

La psicología demuestra que muchas veces cuando nuestras almas están llenas de malos hábitos, valores, odio, resentimientos y envidias,  supuestamente nos “resentimos” al ver una conducta  que nos parece inapropiada o que nos pone los nervios de punta, como reza el dicho popular,  no es otra cosa que una identificación por correspondencia de nuestras propias fallas.

En otras palabras que proyectamos contra los demás el odio y la amargura que llevamos por dentro. Dicho de una vez: que el supuesto “malvado” que hemos condenado con nuestro verbo, es un espejo mas que una persona; o sea, una reflexión de nosotros mismos por lo que el odio, el rechazo y la baja auto-estima que tenemos de nosotros, la proyectamos contra el prójimo a fin de provocar un ajuste emocional que traiga cosmético psicológico a nuestras debilidades. Lamentablemente para nosotros, tales cosméticos no operan la redención.

Cuando nos llegan noticias que juzgamos de “escandalosas”, debemos ser lo suficientemente humildes como para tomar un microscopio moral y aplicarlo primero a nosotros mismos y verificar cómo andan nuestras almas por dentro y qué habría hecho yo si hubiera estado en la posición y circunstancias de aquella persona que ahora acuso, sin conocer realmente los hechos.

Muchas veces la diferencia es que en los demás el asunto se “descubrió” pero en mi caso, aun permanece “escondido” pues tal vez  muchos de los que ahora se aprovechan del tropiezo de otros para descuartizarlo, podrían ser los que a escondidas disfrutan de películas pornográficas en la aparente seguridad que ofrecen sus propias casas. En la mayoría de los casos, es esa cosa deplorable que llevamos dentro, lo que provoca en incontables ocasiones mi conducta inapropiada hacia mi prójimo.

 Hoy las redes sociales son un caldo de cultivo donde se traman los chismes más destructivos en contra de muchas personas, sean o no culpables, no nos toca a nosotros el juzgar a nadie, procura tu mantenerte alejado de toda chismografía porque un día aquel que chismea contigo de otro, un día chismear con otro de ti. Hoy en día son muchos los matrimonios destruidos, y cientos las vidas destruida por la injusticia implacable de las redes sociales y el chime.

Hoy día hace falta que entendamos que antes de difundir una información estemos seguros de lo que estamos haciendo porque es muy probable que mañana tengamos que pagar la cuenta. La vida es como un restaurante nadie se va sin paga y si logra hacerlo eres un prófugo, no uses tu red social para el chisme y para destruir a otro que por el hecho de que otro haya cometido una falta diferente a la tuya no quiere decir que tú eres perfecto o perfecta.

Dice una fábula que la razón por lo cual las tortugas viven tanto es porque solo se ocupan de su vida y no de las demás.

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