Historiador de la Ciudad

Orden económico: elementos culturales indígenas y africanos

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

Higüey, desde sus inicios, ha sido una región ganadera. Nunca gozó de riquezas auríferas y, desde 1550, quedó arruinada al igual que el resto de la Isla. La actividad productiva se redujo al pastoreo del ganado vacuno. El conquistador vivió como señor del trabajo servil, de los indios, de los negros. Este tipo de vida se enraizó y, desde que los caciques y sus súbditos fueron repartidos, el sistema degeneró en grandes abusos por parte de los colonizadores

Los extensos terrenos, de los caciques, se repartieron y los encomenderos se convirtieron en señores feudales. Tales repartos sentaron las bases del latifundio que caracteriza la estructura económica y de poder. “Las Encomiendas” servían para justificar la entrega a un conquistador de una cantidad determinada de indios, en familias, para cuidarles e instruirlos en la Fe. Se autorizaba al encomendero a recibir cierta cantidad de trabajo de los indios, a manera de retribución, por su atención y los gastos que ellos ocasionaran. Los indios deberían sembrar lo que necesitaran para su sustento. Lo cierto es que esas familias indígenas pasaron a ser esclavas de sus encomenderos, las forzaban a trabajar, les pegaban, llegaban a darles muerte a palos o con perros.

En la cultura higüeyana sobrevive un puñado de rasgos, de la cultura taína, como la preparación de platos alimenticios, palabras en el vocabulario. Higüey es rico en testimonios, antropológicos y culturales, siendo de las pocas poblaciones, de principios del siglo XVI, donde podemos rastrear descendencias que han sobrevivido a las poblaciones originarias; se encontraron y entremezclaron.

En muchas ocasiones no apreciamos lo inmenso de la influencia africana en la conformación de nuestra cultura. Nuestros ancestros, negros esclavos, influyeron en el enriquecimiento del idioma, de las costumbres. La palabra “guandul”, se deriva de “wandú”, una palabra del lenguaje kikongo utilizada en África. Otras palabras son guinea, malanga, guineo, mofongo, ñame, mondongo, bemba, mongo, monga, dengue, bongó, burundanga, bululú, mandinga, cachimbo, mambo, mangú, motete, mabí, ñáñara y sirimba.

Como la civilización era agrícola, de la cultura taína, hemos heredado muchas palabras que se conservan en nuestro vocabulario: maíz, tabaco, canoa, yagua, conuco, hamaca, maní, batata. etc. Algunos pueblos y poblados conservan los nombres aborígenes como son Higüey, El Bonao, Yuma, Nisibón, Anamuya, Macao, Quiabón y otros. Nuestros ríos heredan nombres indígenas como el Duey, Quisibaní, Anamuya, Yuma, Nisibón y Chavón. Otros ríos de la región con nombres indígenas pertenecientes al territorio de lo que se llamó cacicazgo de Higüey son Ozama, Higuamo, Soco, Cumayasa y la mayoría de todos sus afluentes como Yabacao, Guabanima, Maguá, Casuy, Guaza, Seibo, Guanábana, Nigua, Mucarabón y Mana. El río Chavón aparece en los primeros mapas, con el nombre de Quiabón, como lo nombran todavía algunos ancianos de la región.

Otros elementos taínos que subsistieron a los tiempos de la Colonia, apareciendo incorporados a la vida y actividad cotidiana del higüeyano, son la canoa, la hamaca, la cuchara de higüero; el sistema de pesca, denominado barbasco; el ahumado para la conservación de carnes; la cestería, mediante el empleo de cuerdas de cabuya; la petaca de yagua; el encendido de hornos de carbón; la utilización de la piel de peces para limpiar y rayar vegetales; los productos agrícolas, como la yautía, la jagua, la batata, el jobo, el ñame, el maíz, el maní y el jengibre. Las africanas preparaban los alimentos agregándoles manteca de carne de puerco, ajo, repollo, zanahorias, molondrones y cítricos traídos de Europa.

Con el clima prosperaron las guineas; vegetales africanos, como el quimbombó, que son los molondrones. Los alimentos eran almacenados en recipientes de cerámica e higüero. Se cosechaban hierbas, condimentos; no comestibles, como tintes, colorantes, venenos, purgantes y ungüentos. Los colonizadores trasmitieron su idioma, sus conceptos sobre la crianza de los niños, los derechos de propiedad. Los hogares ricos poseían más bienes españoles. Los de raza africana se multiplicaban al doble que los españoles e indios.

Las evidencias históricas indican, en el cacicazgo de Higüey, un alto nivel de retención de las tradiciones indígenas, reforzadas y modificadas, por tradiciones culturales africanas. Nuestras abuelas desempeñaron un papel importante en el proceso de génesis biológica y cultural; a pesar de ser catalogadas como carentes de poder por la influencia que ejercieron.

La cultura higüeyana es una simbiosis de aborígenes, españoles, africanos y franceses. Dado los orígenes y la nomenclatura el índice de iletrados, siempre muy elevado, incidía en un alto nivel de pobreza. La cultura higüeyana se desarrolló a dos niveles; uno, compuesto por un grupo de familias urbanas, y el otro, por la cultura campesina. La primera ha detentado el poder, político y económico, no el cultural. En otros pueblos, los que detentaban el poder económico, tenían acceso al desarrollo de sus facultades intelectuales; tienen conocimientos de las bellas artes; aprovechan las cosas modernas que presentan las manifestaciones artísticas. En Salvaleón de Higüey no ocurrió así.

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