Historiador de la Ciudad

Parque 15 de Agosto de Nuestra Señora de La Altagracia

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

El solar que a principios del s. XVI ocupó la ermita, techada con cana y entinglada de tablas de palma, dedicada a Nuestra Señora de La Altagracia, donde se construyó en mampostería, la hoy iglesia San Dionisio, 1567-1572, perteneció a la casa de la cacica Isabel de Higuanamá.Los pueblos de indios tenían, frente a la casa del cacique o cacica, un área de terreno, rectangular, utilizada para el juego de “la pelota”; su pasatiempo preferido.

“Los pueblos destas Islas no los tenían ordenados por sus calles, más de lo que la casa del rey o señor del pueblo estaba en el mejor lugar y asiento, y ante la casa real estaba en todos una plaza grande más barrida y más llana, más luenga que cuadrada, que llamaban en la lengua destas Islas batey, la penúltima sílaba luenga, que quiere decir el juego de la pelota (…) También había casas cercanas a la dicha plaza, y si era el pueblo muy grande, había otras plazas o juegos de pelota menores que la principal[1].

El espacio solariego, frente a la iglesia, a veces baldío y lleno de hierbas, otras veces polvoriento y despejado, pasó a llamarse, en tiempos de la colonia, Plaza de Armas.

En una de las actas del cabildo higüeyano, de fecha 4 de octubre del año 1672, se lee:“…la plaza y el pueblo están muy llenos de yerba con las muchas lluvias que han caído y por eso se ordena que se limpie entre todos los vecinos mañana 5 de octubre”[2].

La plaza era el lugar en donde los higüeyanos se preparaban para la guerra o defensa de la Villa. También era el espacio en donde convergía la vida urbana y las principales manifestaciones de la actividad oficial, religiosa y social. En sus costados se alzaban la casa del cabildo y la casa curial. Cada cierto tiempo, desaparecida la rutina, la plaza se transformaba a causa de algún acontecimiento especial. Se animaba con curiosos cuando, en sus cuatro esquinas, se pregonaban los actos de justicia o las disposiciones del cabildo; se adornaba y aparecían en ella los vecinos, con sus mejores ropas, cuando se recibía a un gobernador.

La fe y la unción dominaban su espacio con motivo de una procesión; el bullicio de la gente repercutía en sus costados, mientras se realizaban torneos caballerescos y la morbosidad, más chocante, atraía a los hombres para presenciar los azotes dados a algún delincuente o contemplar el cadáver de un ajusticiado. En ciertas ocasiones, en que la inquietud dominaba al vecindario, a causa de algún rumor o noticia, la gente concurría a la plaza de armas para buscar el contacto con los demás y estar atentos a las medidas de las autoridades. Inquietudes y alegrías hermanaban a los hombres en los poblados de la conquista. La plaza era una rica síntesis de la conciencia de vida en común.

Ramón de Peña hizo una glorieta en el centro de la plaza de armas, en 1915, que el pueblo bautizó como “la tambora de papá Ramón”; porque tenía forma de tambora. En una fotografía, septiembre de 1921, se observan “la tambora de papá Ramón”; y unas cruces, en la parte Oeste de la plaza, frente al santuario, al lado de las cuales acampaban las tropas de infantería norteamericanas que ocuparon la República en 1916.

El 28 de noviembre del 1924, siendo presidente Horacio Vásquez, día en que fue declarado el 21 de enero, oficialmente, como día no laborable y de fiesta nacional, se tomó la decisión de construir un parque, en la Plaza de Armas, en Higüey. El parque se terminó de construir en 1926. Por resolución no. 9, del jueves 22 de julio del 1926, firmada por el alcalde constitucional, Don Arturo De Soto, fue nombrado “Parque 15 de Agosto de Nuestra Señora de La Altagracia”. Era cura párroco Manuel Antonio Montás. Don Celio María Rivera, quien fuera síndico del municipio de Salvaleón de Higüey, guardaba el Acta en perfecto estado de conservación. En una hoja anexa se encontraba especie de un deslinde en donde se especificaba que: El Ayuntamiento de la Común de Higüey en uso de las facultades legales que le confiere…”Pertenece al solar de la iglesia el terreno hasta 10 varas en su frente, en donde está la Cruz del Perdón; 12 varas en su lado Norte; 3 varas en su fondo; en su lado Sur, hasta el pozo de la Virgen“.

Este parque, del 1926, fue destruido en agosto del año 1975 para dar paso a una nueva contrucción terminada en 1977. Nunca fue del agrado del pueblo por feo; con una pista de patinaje que sólo sirvió para correr bicicletas. Uno de los arquitectos de la basílica, Andrés J. Dunoyer de Segonzac, de visita en Higüey en el 1977, se asombró al ver la tala de árboles en el parque.

Dieciocho años después, en agosto de 1995, el recién creado Patronato Turístico de Higüey lo reconstruyó con un diseño parecido al original de 1926. En el año 2007 el ayuntamiento de Higüey, con Karen Magdalena Aristy Cedeño como alcaldesa, comenzó a remozar el parque y se reinauguró el 18 de enero del 2010.

[1] Historia de la Cultura Material en la América Equinoccial, Tomo II, Capítulo 15, Acápite B, Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá Colombia

[2] De “Los Papeles del Cabildo de Higüey”.

Guerrero Castro, Francisco, 1964-. Origen, Desarrollo e Identidad de Salvaleón de Higüey. Santo Domingo, República Dominicana: Editora Nacional, 2011. ISBN 978 9945 469 46 2

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