Historiador de la Ciudad

Pasajes históricos de Salvaleón de Higüey

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

Reacción ante la invasión militar norteamericana

Cuando en Higüey se supo “lo del Memorándum del Gobierno norteamericano al dominicano una muchedumbre inmensa recorrió la población con banderas en mano aclamando a la Patria de Febrero y deteniéndose en frente del viejo Santuario de San Dionisio cantaron el Himno Nacional, todos de pie y con la cabeza descubierta”. Los profesores de la escuela La Reforma “Sres. Rafael Emilio Sanabia y Pedro Alfredo Mendoza Ajesta hicieron uso de la palabra con un alto sentido patriótico al igual que los señores Mario Pumarol, Heriberto Payán y Bernardo Montás hijo”. Terminado el acto se dirigieron a la jefatura comunal y entre vítores a la República Dominicana entonaron el Himno Nacional e izaron la Enseña Tricolor[1].

El contralmirante Snowden y la iglesia San Dionisio

Durante la ocupación militar norteamericana el contralmirante Snowden, gobernador norteamericano, visitó el santuario de la villa de Higüey. “En el preciso instante en que (…) visitaba el Santuario en compañía de su comitiva”[2]desde el balcón del coro en el santuario se entonaron las notas gloriosas de nuestro Himno Nacional.

La fiesta francesa

En el 1918 se realizó en la villa de Higüey la “fiesta francesa” lo que fue un gesto del gobierno francés en apoyo a nuestra mancillada independencia nacional. La participación del pueblo fue multitudinaria. Las actividades incluyeron un reinado de belleza y se engalanaron las calles de la Villa con palmas[3].

El 12 de julio de 1924 se retiran los militares norteamericanos de ocupación dejando la guardia nacional y otros servicios públicos. Con esto se puso fin a las protestas campesinas y desaparecen los gavilleros o guerrilleros anti yanquis de 1916.

Marcial Guerrero Cedano, el patriota

El 27 de julio de 1918 y en horas de la madrugada el Sr. Marcial Guerrero Cedano de treinta años y a quien sus acompañantes llamaban “coronel” entró a la ciudad de Higüey y la ocupó sin disparar un tiro. No hizo daño a nadie y se mantuvo en la alcaldía hasta las nueve de la mañana de donde cargó con varios libros sin saberse el propósito. La tradición en la familia Guerrero asegura que Marcial al mando de 50 hombres se batió con tropas norteamericanas. En el combate tres guerrilleros y el mismo Marcial resultaron muertos. La causa era que varias semanas atrás ese grupo entró de madrugada al pueblo ondeando una bandera dominicana y vociferando consignas nacionalistas. Se marcharon del poblado luego de tomar las armas de la policía municipal.

Guerrero, joven elegante, inteligente, trabajador, honrado, abandonando las comodidades del hogar y dando la espalda a su familia se levantó en armas con veinticinco hombres en las llanuras de El Guanito desafiando a los invasores. En la tarde del 7 de agosto, 10 días después, entabló combate en el legendario cerro de Los Mameyes de Guaniábano, por el lugar llamado El Calichal, jurisdicción de la sección de El Guanito “y bandera en mano avanzó en reto imponente sobre las tropas norteamericanas. Cuando comenzó el combate, a los primeros tiros, sus acompañantes huyeron despavoridos mientras Marcial gritaba: ¡Arriba mi gente, adelante!, pero su gente había desaparecido como por arte de magia”[4].

Trabado el combate avanzó solo sobre el grupo contrario; herido en el pecho y destrozada una pierna se recostó del tronco de una palmera desde donde continuó disparando y enfrentándose a los que se le acercaban con un sable de cabo que sostenía en una mano. Murió como un patriota, como un valiente, vitoreando la República. “Marcial Guerrero nació en la sección de El Guanito del Municipio de Higüey el 30 de junio de 1888. Era hijo de Juan Guerrero Carpio y de Mauricia Cedano. Vivía en Chavón abajo, pero siempre mantuvo estrechas relaciones con la gente de El Guanito. Marcial Guerrero es digno de justiciera recordación. Fue un prócer y murió heroicamente”[5].

Marcial Guerrero y la gente que lo acompañaba no cometieron atropellos, robo, ni ningún acto vandálico en nuestros campos. “De esa intachable conducta dan testimonio los hombres más adinerados y serios de las secciones de Guaniábano, El Guanito, La Enea, Chavón, Sanate y Los Cerritos que fueron las únicas por donde anduvo en dos meses que duró su alzamiento. En el primer pleito perdió la vida. Era de familia reconocida, pues un miembro de ella regaló el reloj público que desde 1898 existe en la torre de la iglesia parroquial de San Dionisio”[6].

A los que actuaban como Marcial Guerrero se les llamaba gavilleros. Ese fue un apodo dado a los campesinos de la región Este del país que se rebelaron contra las autoridades civiles y militares del gobierno instalado por los norteamericanos luego de la ocupación militar del país de 1916[7]. En una de las fotos tomadas a la Plaza de Armas localizada al frente del santuario San Dionisio y que hoy es el parque 15 de Agosto se puede notar el campamento militar levantado por los norteamericanos durante la ocupación. Una calle de Higüey honra su nombre.


1. Ibídem.

2. Del archivo del historiador Vetilio Alfau Durán.

3. Desde tiempos remotos la hoja de palma fue en la Isla símbolo de libertad. En las plazas de armas era sembrada y nuestro escudo posee una palma. La llevan los kepis rameados de los generales.

4. Alfau Durán, Vetilio: Vetilio Alfau en el Listín Diario. Pág. 157-160.

5. Ibídem.

6. Del archivo del historiador Vetilio Alfau Durán.

7. A partir de la primera intervención norteamericana la industria azucarera se inició en el Este con el establecimiento de la South Puerto Rican Sugar Coporporation entre las zonas de San Pedro de Macorís y La Romana; Higüey- La Romana y El Seibo.

 

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