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Por los callejones de Higüey: una ciudad que se expande sobre las ruedas de un motor

Por Ángel Morla

El “motor”, como se ha venido a reducir el término “motocicleta”, forma parte importante de la dinámica del transporte dominicano. Las vías de comunicación interna de las ciudades, sean calles angostas o amplias avenidas, se caracterizan por una circulación turbulenta, compuesta en su mayoría por habitantes desplazándose sobre estos vehículos de dos ruedas. Desde el ya conocido motoconcho; el colaborador de confianza de hacer los mandados; hasta el actual delivery sobre el “ca’co de chivo”.

La naturaleza del tránsito en motor no responde únicamente a una necesidad instrumental, porque muchos de los conductores de este tipo de vehículo no lo utilizan para finalidades mayores: a) Ir al trabajo, b) Llevar los hijos a la escuela, c) Reducir el gasto en combustible, en caso de tener un automóvil, etc. Todo lo contrario, cierto segmento poblacional se monta en el motor como un fin en sí mismo, o como un medio siniestro: para realizar los temidos asaltos o “atracos”.

Utilizar un motor como fin en sí mismo, o como medio siniestro, suele ocurrir de manera conjunta, porque el que lo tiene para actos delictivos, en las horas de vigilia acostumbra a conducirse sin cautela y violando normas de tránsito. Así, ese uso “como fin en sí mismo”, no tiene ningún horizonte más que importunar el desenvolvimiento de los que discurren por las ciudades con fines lícitos y disciplinados. Estas, a menudo, enfrentan, tal como en un cuerpo humano corroído por el colesterol, una “presión arterial” que pone a pender de un hilo la existencia de todo el organismo: el equilibrio mismo de la sociedad.

La ciudad Salvaleón de Higüey bien podría entrar en la clasificación de “organismo corroído por el colesterol vial”. Una auténtica comunidad “arterioesclerótica”. A lo mejor por algunas de las siguientes razones (dentro de todas las que pudieran coexistir):

→ Pésima o nula planificación territorial;

→ Visión cortoplacista del desarrollo;

→ Falta de seguimiento al devenir humano local y sus consecuencias

Sobre estas tres razones puntualizaré lo siguiente, que es parte de las propias conciencia y memoria colectivas de los higüeyanos:

(1) El barrio San Martín de Porres ─por mencionar uno de tantos─, llamado la “capital de Higüey”, mereció alguna vez la denominación de “Pueblo loco”, según refieren algunos, por la mala organización de las manzanas y calles. Lo propio se puede afirmar de los restantes barrios, que han crecido sin ningún tipo de intervención estatal, en especial del ayuntamiento municipal. Nuestra ciudad luce como si la dominara una especie de “teoría económica” de laissez faire, laissez passer, concebida bajo un salvajismo humano;

(2) El enfoque típico del desarrollo no se detiene a construir un Higüey, en el sentido económico, político y cultural, que perdure incólume por 45 o 50 años. En su lugar, ha primado la improvisación, derivada de la incapacidad y la holgazanería políticas, cuestiones en las que no conviene ir más allá en el contexto que nos interesa;

(3) No ha existido, ni parece existir en mucho tiempo ─por lo menos hasta que ocurra una genuina transformación en la gobernanza local, acompañada de una toma de conciencia política en el Ser higüeyano─ centros observatorios de la realidad provincial y municipal, con científicos sociales que analicen cada segmento observable, de modo que pueda intervenirse La Altagracia con acciones concretas. Pero todo esto parecería “soñar”. He de volver a la cuestión central y dejar la periferia para después, en la medida de lo posible.

Salvaleón de Higüey es uno de los centros urbanos de mayor crecimiento horizontal, según indica el estudio de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) Expansión urbana de la República Dominicana 1988-2006. Cuando en 1988 la capital del municipio cabecera de La Altagracia tenía una superficie de 3.88 Km2, al 2006 dicha área creció a 13.76 Km2, para un incremento porcentual de 254.64 %. Quiere decir que en 18 años aumentó casi cuatro veces su tamaño, como se puede apreciar en la imagen extraída del documento base:

Los detalles de leyenda son nuestros. Imagen ONE

Nótese que algunos barrios que hoy ocupan un espacio determinante no existían para entonces, como son los casos de Los Rosales, al oeste; Los Soto, al este; La Malena y Juan Pablo Duarte, al sur; y, entre otros, el inmenso Villa Cerro, al norte, con una dimensión superior a la de los núcleos urbanos de los distritos municipales La Otra Banda o Las Lagunas de Nisibón. Todos estos, espacios donde se ha asentado la gran oleada de inmigrantes de las distintas provincias del país, que han acudido a La Altagracia atraídos por la demanda laboral del turismo; eso es bien sabido.

El gran tamaño de estos barrios, que superan a los más antiguos de Salvaleón de Higüey, como el propio San Martín de Porres, Savica, Cambelén o Nazareth, se corresponde con el volumen de personas que se desplazan entre ellos, usando como medio de transporte principal el motor. Algunas calles con una longitud que sorprende; entre ellas la avenida Gastón Fernando Deligne, principal vía de acceso a Villa Cerro, se extiende a lo largo de 11 kilómetros, hasta insertarse en los parajes Los Asientos y La Llanada, de la sección Los Ríos.

También destaca la calle Arévalo Cedeño, de 3.93 kilómetros de longitud; nace en la avenida José Audilio Santana, en el barrio Juan Pablo Duarte; atraviesa la zona sur y termina a 244 metros al oeste del río Yuma, a las afueras del barrio Las Caobas. Lo mismo sucede con la avenida Club Rotario; esta vía nace en la avenida La Altagracia, se inserta en el barrio San Pedro, y se divide al inicio de la carretera hacia la sección Mata Chalupe, dando un giro hacia el barrio San Pedro, para unirse nuevamente con la avenida La Altagracia, próximo al a carretera Mella, hacia la provincia El Seibo.

Estos trayectos, con las demás vías accesorias, componen, digamos, las principales arterias de los “barrios nuevos”, o de la “era de la expansión” de la ciudad Salvaleón de Higüey, son atravesados y hasta obstaculizados por habitantes a bordo de motores. A lo que coadyuvan los demás vehículos, grandes y pequeños. Como resultado obtenemos un transporte revoltoso y hostil, que arriesga el bienestar de las familias y genera grandes costos para el tesoro nacional. Alrededor del 5 % del PIB dominicano al año 2015; nada menos que RD$ 150 mil millones de pesos, según Mario Holguín, ex ministro de Obras Públicas y Comunicaciones.

Y las cifras no se detienen ahí. De acuerdo a la Dirección General de Aduanas, en datos ofrecidos a Diario Libre, “las importaciones de motocicletas sobrepasan las 125,000 por año”, cantidad que pasó de 128,251 en 2014 a 141,046 en 2016. Imaginemos el panorama a diciembre del 2018, con un incremento de más o menos 6,397 nuevas motocicletas con relación al año anterior; es posible que al cierre de este año se hayan importado aproximadamente 150,000 motocicletas.

De algún modo, son realidades que colisionan en la mente de cualquiera que se detenga a pensar sobre el asunto, porque el gobierno dominicano es víctima de su propia incongruencia. Hay lamentaciones de todo el sector público por el mal de los accidentes de tránsito, por la violencia derivada de situaciones entre agentes de la antigua Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET), hoy Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT), entre muchísimas consecuencias más.

En primer lugar, porque no hay frenos a la importación de vehículos, sobre todo motocicletas. No es cierto que la demanda de la población con relación a este tipo de bien imposibilite tomar medidas al respecto. Basta detenerse a observar, en ciudades como Salvaleón de Higüey, la cantidad impresionante de empresas distribuidoras de vehículos, repletas de motocicletas de último año. Y aún con los repositorios llenos, las calles no aguantan un motor más.

En segundo lugar, en el asueto navideño, coyuntura en la que nos encontramos, se pide prudencia y comedimiento en los días de celebración para evitar desgracias, accidentes de tránsito, riñas, etc. Empero, se declara un “periodo de tolerancia” para que por espacio de 1 mes y 7 días el jolgorio indiscriminado compre alcohol a todas horas. Mientras, el Ministerio de Interior y Policía incumple la obligación jurídica nacida del decreto no. 308-06, que le impone, y cito: velar por el fiel cumplimiento del presente decreto, debiendo promover acciones que fueren pertinentes a tales fines de conformidad con las leyes. En este sentido, no es nada pertinente promover un “consenso” con el sector entretenimiento para que se arriesgue el bienestar de los dominicanos, en ocasión de una tradición desnaturalizada.

Se requiere tomar medidas urgentes para reducir la cantidad de motores que ingresa a las aduanas dominicanas. Son amenazas que finalmente terminan en las angostas calles del país, y de Higüey, que cuenta con vías de comunicación construidas para el tránsito de caballos y bicicletas, por las que nadie se preocupa en acondicionar como se debe. De la misma forma, el gobierno tiene que responder al llamado que con prudencia ha salido del ministro de Salud Pública sobre la limitación de motocicletas, como se hace con los vehículos pesados; pero que se haga todo el año, no solo en el periodo navideño.

Y apresura que se eduque en el correcto uso de las motocicletas; hacer que los usuarios imprudentes sientan el peso de la ley. Porque, al parecer, la única idea viva en el imaginario de ciertos motoristas son las letras del merengue de Aramis Camilo: “Pues tiene / un buen motor / le dieron / un buen motor / le veo / un buen motor”.

Ver:

(1) Expansión urbana de la República Dominicana 1988-2006. Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Disponible en: https://docplayer.es/20318315-Expansion-urbana-republica-dominicana-1988-2006-de-la.html

(2) ¿Se debe limitar la circulación de motocicletas durante las festividades navideñas? (17 de diciembre de 2018). Diario Libre. Disponible en: https://www.diariolibre.com/actualidad/se-debe-limitar-la-circulacion-de-motocicletas-durante-las-festividades-navidenas-LD11651280

(3) Guzmán, E. (17 de noviembre de 2015). Costo de accidentes de tránsito representa 5 % PIB. Hoy. Disponible en: https://hoy.com.do/costo-accidentes-de-transito-representan-5-pib/

(4) Importaciones de motocicletas sobrepasan las 125,000 por año. (5 de julio de 2017). Diario Libre. Disponible en: https://www.diariolibre.com/economia/importaciones-de-motocicletas-sobrepasan-las-125-000-por-ano-HF7546393

(5) Decreto No. 308-06, que prohíbe el expendio de bebidas alcohólicas en colmados, discotecas, bares, casinos y centros de diversión, a partir de las 12 de la noche de domingos a jueves y a partir de las 2 de la madrugada los días sábados y domingos. Disponible en: consultoria.gov.do/consulta/

 

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