Parecer

¿Qué pasa cuando morimos? parte (II)

Por Ricardo Mojica

Lo que sucede con el Alma

Al entrar en el mundo físico, el alma olvida todo el conocimiento que tenía previamente. Le quedan reminiscencias de ese mundo en el que vivió y por eso puede discernir, pensar, distinguir levemente entre el bien y el mal y reconocer la presencia de Hashem.

Sin embargo, no tiene claridad, es presa constante de las tentaciones del mundo físico y sus debilidades. Se supera en el momento en que puede ver más allá de estas limitantes y logra vencer los obstáculos que lo separan del bien, de Hashem, su fuente original. Es más grande tras haber pasado en este mundo porque pudo elevar la materia, y pudo escoger a Hashem.

Una vez que ya tuvo la oportunidad de vivir en este mundo, al decaer el cuerpo, el alma debe dejarlo y está segunda transición es la muerte. La muerte es el momento en que el alma se despide de su cuerpo. Lo deja con cariño para ser enterrado.

Sin embargo, no es fácil para ella, es un proceso espiritual largo y doloroso como los espasmos de un parto. “Matriz” y “tumba” se dicen de la misma forma en hebreo (kever) porque ambas son la entrada del alma a una realidad espiritual distinta. Al entierro del cuerpo se le compara con la siembra de una semilla, ya que en tiempos posteriores el cuerpo también tendrá la posibilidad de perfeccionarse.

La tercera existencia del alma es el Jardín del Edén éste es el lugar (espiritual, no topográfico) donde el alma recibe su recompensa por los actos buenos que realizó en este mundo. Regresa a la Presencia de Hashem pero ahora desde un lugar mucho más cercano, ya que sus méritos se magnifican, vive de forma constante y absoluta en el estado que le ocasiona haber hecho el bien.

Sin embargo, esto no sucede directamente con todas las almas, sólo aquellas que aceptan el viaje de la autoperfección. Sólo el alma del tzadik, del justo, pasa inmediatamente al Jardín del Edén tras la muerte. El alma del malvado es eliminada inmediatamente después de que su cuerpo haya decaído; es cortada para siempre de la fuente de vida tras morir. Mientras que el alma del resto de los seres humanos, de los que no somos ni justos ni malvados, pasa por otro proceso de purificación antes de entrar al Edén y ese proceso se llama Gueinom.

Cuando el alma no se arrepintió ni se purificó de sus pecados no puede alegrarse frente a la Presencia Divina. La vergüenza que siente frente a Hashem por sus errores es inigualable, esta vergüenza es el Gueinom. En este estado el alma vuelve a ver uno por uno sus pecados y siente un dolor inconmensurable, dicho dolor la purifica al igual que el arrepentimiento nos purifica aquí en la Tierra. Pasado estos momentos puede ya ver sus logros y disfrutar plenamente de ellos en el Edén.

Fuente: jabab

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