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Quien maneja y dispone del sector Agua en la República Dominicana (2)

Por Ángel Morla

¿Cuándo por fin llegará el agua a Higüey?

Desde la post-guerra, y superadas las crisis políticas, se instauró la “democracia” en el país. A seguidas, las elecciones han definido quienes ostentarán la principalía de la República.  Y una debilidad que observo del proceso democrático no fue, paradójicamente la institucionalización de la administración, sino el exceso de creación de entes para distintos fines. En la segunda mitad del siglo XX, diversos instrumentos normativos aprobados tendieron a reducir la dispersión del funcionariado y los niveles discrecionalidad en la toma de decisiones políticas.

Parece evidente que los esfuerzos legislativos no fueron suficientes. En la actualidad seguimos fallando en un aspecto importante en la búsqueda y diseño de políticas públicas y su ejecución. La dificultad para materializar del consenso ha limitado la solución de necesidades básicas. Si en la década de 1960 el agua era considerado un problema grave; se aprobaron leyes en la dirección de enfrentarlo; se crearon instituciones; se destinaron recursos para conseguir buenos resultados; se creó un sistema de planificación, entre otras medidas, entonces ¿Por qué seguimos hablando de escasez de agua?

En un estudio del Observatorio Político Dominicano, llevado a cabo por su Unidad de Políticas Públicas, bajo el título ¿Qué pasa con el agua? se detallan algunos datos que evidencian qué tan inaudita es la posición de la República Dominicana en el suministro de un servicio que ya no ocupa la atención de muchísimos países, porque se considera cosa del pasado. El estudio indica la mala gestión de acueductos y alcantarillados, así como  la poca inversión entre los  “verdaderos obstáculos” del desarrollo nacional.  Nos interesa el agua potable (porque sobre las aguas residuales se requerirá mayor espacio).

En ocasión de participar en una actividad de una universidad privada, el ex ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Temístocles Montás, para hablar sobre la Estrategia Nacional de Desarrollo, aprobada como ley en 2012, advirtió que una falla de la planificación dominicana habría sido la falta de horizonte, el cortoplacismo.  Esto es lo mismo que intentar responder a lo inmediato, con poca previsión hacia los cambios sociales de diversos tipos.

Empero, haber aprobado una Estrategia Nacional de Desarrollo no ha quitado a gran parte de la administración la filosofía del trabajo a corto plazo. Y en muchas mega obras, específicamente en el nivel local, en los municipios y comunidades de poco crecimiento, la inversión pública actúa como si pensara que esas demarcaciones jamás crecerán.

Una posición que con posibilidad compartan muchos higüeyanos es la de considerar que para nosotros siempre se ha planificado con visión de cortoplacismo. El tema agua lo advierte. El siglo pasado nos dejó un acueducto para una población limitada, con el que no se veía venir el crecimiento demográfico. La industria del turismo debió dar señales indudables de lo que se venía en términos poblacionales para La Altagracia.

Según los datos recogidos por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), considerado por un artículo del economista Miguel Ceara Hatton para el medio digital Acento, La Altagracia está entre las 7 provincias con mayor crecimiento. En 1960 teníamos una población de unos 69, 770 habitantes; en 2010 se convirtieron en 268,314.

Y no es nada alarmante el crecimiento. A mi juicio, eso ni siquiera es tanta gente. La Romana es una de las provincias más pequeñas del país, y tiene una población ligeramente inferior a la nuestra: unos 250, 220 habitantes. Mientras que nuestra población está distribuida en 2,998.43 km2, la provincia vecina reparte la suya en 652.12 km2, un territorio cuatro veces más pequeño que el nuestro. Pero más revelador aún es el dato de que en 1960 éramos el doble de los romanenses. Ellos eran solo 37,470.

Teníamos un acueducto estancado, para gente que vivía básicamente de actividades domésticas y comerciales de una época ya superada, con vínculos cotidianos predecibles: la compra y venta de productos agrícolas y artesanales; ganadería, entre muchas otras. Hoy la tecnología avasallante desplaza la forma de vida habitual de mucha gente.

Nuestra economía se transformó rápidamente en ser dominada por el sector servicios. Y a pesar del cambio, esos sectores, en lugar de fortalecerse siguen desarrollándose con precariedad. Si notamos que el agua siguió como un servicio inmutable en cuanto al mejoramiento de la infraestructura y la gestión, lo lógico es concluir con que esperar que los sectores productivos dependientes del agua no crecieran lo suficiente era previsible. Pensar en un moderno acueducto traspasó los gobiernos de Balaguer y el PRD. Ninguno dio señales para crearlo.

En Higüey tuvimos que esperar a que el segundo gobierno de Leonel Fernández aprobara en 2005 un contrato con el Consorcio Ghella & Asociados, para la construcción de un acueducto que comprendiera Higüey y Bávaro. La  historia ha sido larga. A 13 años de la suscripción del contrato, los reclamos por una mega obra que supla una necesidad tan básica como el agua no finalizan. En la próxima entrega hablaremos de cada punto del acuerdo Estado dominicano-Ghella. ¿Qué fue del acueducto?

  • Ver, ¿Qué pasa con el agua?. Unidad de Políticas Públicas del Observatorio Político Dominicano, 2014. Disponible en http://www.opd.org.do/images/marco_legal_PDF/Que-pasa-con-el-agua.pdf
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