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Reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos: un compromiso de todos

Por Charli Daniel Calderón

En la lucha contra el hambre, la pobreza, la desigualdad y la malnutrición es fundamental que los países se concentren en reducir a su mínima expresión el desperdicio de alimentos. Este flagelo afecta de manera categórica a los productores, los cuales no obtienen grandes beneficios de sus cosechas, además de los recursos, tales como agua, tierra y energía, que fueron invertidos para esas cosechas.

También disminuye las posibilidades de las personas de escasos recursos acceder a alimentos más baratos, con alto valor nutricional y, además, afecta en gran medida a la seguridad alimentaria. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) (2012), por “pérdidas de alimentos nos referimos a la disminución de la masa de alimentos comestibles en la parte de la cadena de suministro que conduce específicamente a los alimentos comestibles para el consumo humano” [1] .

Actualmente, en el mundo más de 820 millones de personas padecen hambre [2], lo que nos resulta alarmante si contrastamos esas cifras con la gran cantidad de alimentos que desperdiciamos a diario. Según la FAO (2012) “[U]na menor pérdida y desperdicio de alimentos conduciría a un uso más eficiente de la tierra y a una mejor gestión de los recursos hídricos, lo que tendría un efecto positivo en los medios de vida y en la lucha contra el cambio climático”. Esto traería consigo una considerable reducción de la pobreza y la malnutrición, bajarían los costos de los alimentos y se traduciría en un mejor acceso a alimentos de mejor calidad por parte de las poblaciones más vulnerables.

La problemática alimentaria nos invita a generar mejores prácticas agrícolas, a mejorar nuestras prácticas en la cadena de distribución de los alimentos y, sobre todo, a crear conciencia en nuestras casas, entre nuestros círculos de amigos y familiares sobre la importancia de no desperdiciar los alimentos, propiciando buenas prácticas de consumo.

Iniciativa mundial sobre la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos (2015) afirma que: “[e]n lo que al consumidor respecta, planificar inadecuadamente las compras y no consumir los alimentos antes de su fecha de caducidad también conllevan un desperdicio de alimentos evitable”.

Estamos llamados a reflexionar acerca de la importancia de no desperdiciar alimentos en nuestros hogares, preparar solo los alimentos que vamos a consumir y no caer en los excesos tan típicos en nuestras casas. En la medida en que logremos cambiar nuestros hábitos de consumo abusivo e indiscriminado, rechazando alimentos simplemente por su aspecto, detener el desperdicio de comida en nuestros hogares, instruir mejor a las nuevas generaciones sobre el impacto de nuestras costumbres alimentarias y, sobre todo, tomar acciones para detener el desperdicio estaremos realmente contribuyendo a un mundo más y mejor alimentado.

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[1] FAO. 2012. Pérdidas y desperdicio de alimentos en el mundo – Alcance, causas y prevención. Roma.

[2] FAO, FIDA, OMS, PMA y UNICEF. 2019. El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el
mundo 2019. Protegerse frente a la desaceleración y el debilitamiento de la economía. Roma, FAO.

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