Parecer

Relaciones de mujeres con encarcelados

Por Ricardo Mojica

   Para muchas personas, resulta sorprendente e inexplicable que muchas mujeres establezcan relaciones epistolares y afectivas con hombres encarcelados condenados por graves delitos como asesinatos y violaciones y que, incluso, lleguen a vincularse como parejas con ellos.

Pues, por sorprendente que parezca, ocurre y se denomina enclitofilia. Palabra introducida por el francés Edmond Locard, pionero de la criminalística a principios del siglo XX, para definir la atracción sexual y sentimental que algunas mujeres desarrollan por asesinos, delincuentes o presidiarios.

El sexólogo John Money hablaba de hibristofilia, «cuando la excitación sexual y logro del orgasmo dependen de estar con una persona que sepan que ha cometido un atropello o delito como la violación, el asesinato o el robo a mano armada». Actualmente se considera que es una forma de parafilia, una de las desviaciones de la normal dirección de la esfera afectiva.

¿Cómo una mujer se puede sentir atraída por un criminal al que previamente no conoce? ¿Cómo se establece inicialmente esa relación? Algunos sociólogos, simplificando mucho el tema, señalan que si le escribes a Julio Iglesias no te contestará, pero si lo haces a un asesino encarcelado con mucha probabilidad te responderá y no olvidemos que estos criminales suelen ser sujetos psicopáticos cuya característica más sobresaliente es el uso del engaño y la manipulación. Son tipos muy seductores, mentirosos, creadores de fantasías, contumaces, etc. Las mujeres captadas por estos psicópatas son vulnerables y ceden a manejos, y maquinaciones con cierta facilidad y suelen presentar una baja autoestima desde la infancia o arrastran graves frustraciones por relaciones anteriores.

Algunos psiquiatras definen estas situaciones como una desviación del instinto maternal y lo relacionan con la fantasía del ‘poder ayudar’, al ejercicio de un tipo especial de maternidad y a la protección de la persona encarcelada. Existe un fuerte componente sexual en esta patología, además de una especie de instinto maternal mal comprendido o desarrollado. El pretender ser la ‘salvadora’ de un ser incomprendido es una constante en estas mujeres.

Creen ver el ‘verdadero’ lado bueno del asesino. Por lo general estas situaciones no acaban bien porque hacen que la mujer cambie y se vea implicada en manipulaciones del encarcelado. Sin que se pueda ignorar que, en algunos casos, muy pocos, se han llegado a establecer relaciones positivas que han culminado en parejas estables y compensadas.

Pero cuidado no todo es color de rosas esta relación puede terminar mal,y la que quiso ser redentora puede quedar crucificada,ya que la mayoría de la conducta de estos delincuentes nunca cambia,es muy probable de que dicha relación termine en tragedia.

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