Historiador de la Ciudad

Religiosidad popular

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

Los religiosos católicos que convivieron con el hombre del campo en Higüey transmitieron parte de su cultura religiosa, pero cuando esta depende en exclusiva de la memoria se producen desviaciones debido a la transmisión oral. Esto condujo a supersticiones y creencias erróneas. Con todo el significado religioso africano, las influencias recibidas, nuestras creencias nunca han descendido a niveles aberrantes como la magia blanca y la superstición.

Ello no se corresponde con nuestra antropología cristiana ni con nuestra teología. Ya sean tradiciones o costumbres sociales la Iglesia necesitó tomar participación en la “religiosidad popular”, ya que estas tienen un contenido humano profundo y lo humano es evangélico. El trabajo había que hacerlo y se hizo. Como en las manifestaciones de la “religiosidad popular” existen valores cristianos, entonces, se conformó el “Catolicismo Popular”.

La religiosidad popular en San Dionisio, antes de perjudicar, ha sido beneficiosa, porque a través de María Virgen se ha logrado aumentar la FE en Dios. Los nativos indígenas nunca habían tenido contacto con nuestros cultos cristianos, ni con la palabra de Dios y esa era una manera de introducirlos en la FE. Una prerrogativa esencial es el temor a Dios. Con la religiosidad popular se civilizó este pueblo de Higüey disminuyendo la cantidad de criminales en potencia.

Aquí se creó la hermandad de los Toros de la Virgen, pura identidad, que ni siquiera pueden negar los más acérrimos enemigos del culto a María Virgen. Porque en aquellos tiempos hace 500, 300 o 100 años la evangelización era dificilísima por la falta de curas. Una muestra de ello es que, el 19 de enero de 1863, el arzobispo Monzón le comunica al Pbro. Billini su necesidad de enviarlo a Higüey como cura párroco “para predicar a esa gente, que son bárbaros y necesitan de civilizarlos”.

Hoy en día los hermanos separados critican nuestra iglesia, su religiosidad popular, que no es más que una manifestación de fervor cristiano e identidad. Conocer nuestra historia religiosa nos permite crecer, construir. El Dios en quien creemos se ha revelado en la historia a través de su iglesia. El conglomerado humano que integra a Salvaleón de Higüey es compromisario de una deuda singular. Hemos llegado a ser lo que somos en virtud de los significativos tributos de la parroquia en quinientos años. Somos, ante todo, una parroquia de valores, propósitos e identidad. La iglesia San Dionisio es parte de nuestra identidad. Ahí comenzó todo.

El inicio de la advocación al culto altagraciano nos confirma cuán compleja es la “religiosidad popular” la cual se debe a una cultura y a una tradición. Nos encontramos frente a una manifestación religiosa social con un auténtico contenido de Fe; a través de esa FE, María Virgen, se alcanza la posibilidad de experimentar lo sagrado por inducción.

La actitud de los cristianos hacia María se traduce en diferentes formas de culto mediante un amor ardiente y un cariño especial al considerarla como madre nuestra por ser Madre de la Iglesia. Así, el culto a la Virgen María, no puede quedar al margen de la espiritualidad cristiana, ya que su conducta puede y debe ser tomada como espejo de las esperanzas de los cristianos y de la humanidad, pues Ella acogió la palabra de Dios, la puso en práctica con humildad, caridad y espíritu de servicio. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis existen indudables referencias a la Madre del Salvador. La espiritualidad cristiana tiende a dar una dimensión bíblica a toda forma de culto y el culto a la Virgen no queda al margen de esta tendencia.

La magnitud grandiosa de la beneficiosa y divina aparición del lienzo de María Virgen, en su Advocación Altagraciana, nunca podrá ser cuantificable para Higüey y la humanidad. El poder de Dios se manifiesta de muchas maneras y la aparición del lienzo en estas tierra de Higüey es una bendición de EL para con nosotros. Pocos lugares mantienen tanto magnetismo como Salvaleón de Higüey. En 1540, décadas después de la aparición del lienzo, era tanto el arraigo del culto a nuestra Virgen por beneficios corporales y espirituales recibidos que en testimonios testamentales obtenemos información de ello. Las paredes de nuestro sagrado templo de San Dionisio, terminado de construir en 1572, sirvieron en aquel entonces, y aún hoy todavía, de testigos presenciales mudos de tantos actos de FE de un pueblo que depositaba toda su esperanza en ELLA.

“La virtud de la religión, que prescribe el culto de las venerandas imágenes, está constituida entre dos extremos viciosos, o dos vicios extremamente opuestos, uno que les presta un culto indebido”[1] y otro que le niega todo culto. Aquel es propio de los idólatras, éste de los herejes. Los católicos estamos en el medio justo, pero los herejes para cuyos ojos lo negro es blanco y lo blanco negro nos colocan entre los idólatras.

“Cuando medito más en los delirios de los Sectarios, tanto más me admiro de su ceguedad. Es cosa admirable que el capítulo, que como principal alegan los Sectarios de estos tiempos, y algunos como único, para su separación de la Iglesia Romana, es el culto de las venerandas imágenes. No puede haber acusación más irracional. La idolatría consiste formalmente en dar a la criatura aquel culto que es propio de la Deidad, o reconocer como Deidad la criatura mediante el culto que se le da: para lo cual es esencialmente necesario que el culto se dé a la criatura por sí misma, y sin respecto a/o subordinación a otra cosa, porque si se da con respecto, o subordinación a otra cosa, en eso mismo se manifiesta con evidencia, que no se le reconoce por Deidad. Pregunto ahora: ¿quién jamás pensó, o pudo pensar que la Iglesia Católica en el culto, que da a las imágenes, las reconoce por Deidades, o que les da el culto por sí mismas, y sin respecto al Original, que representan? Oponen los herejes los muchos textos del antiguo testamento en que se prohíbe, condena y abomina la adoración de todo simulacro[2]. Con argumentos de “Historia de la iglesia” podríamos responderles con la doctrina de su Lutero en el Libro que escribió contra Carlostadio: que en la Ley de Moisés sólo se prohíbe adorar las imágenes de Dios: que las imágenes de la Cruz, y de los santos no están prohibidas: que en el Evangelio ni aun las imágenes de Dios están prohibidas: que los Cristianos no están obligados a los preceptos de Moisés: que los enemigos de las imágenes son Doctores de la ley de Moisés, y no de la de Cristo: que si a los Judíos era lícito tener en su moneda las imágenes de los césares, mucho más lícito es a los cristianos tener en sus templos las imágenes de la cruz, y de María, etc.”.

“No sé si después Lutero mudó de parecer en esto, como mudó en otras muchas cosas, siendo cierto que no hubo jamás jerarca más inconstante, o si le abandonaron en cuanto al punto de las imágenes sus Sectarios. Esto es lo que no nos hace al caso. Lo que importa es, que la doctrina alegada es buena, y los fundamentos de ella concluyentes. Aun cuando no lo fueran, no pueden evadirse los herejes modernos de la reconvención, que con esta ocasión les haremos de seguir a un Caudillo llamado Lutero que aun después de declarado Autor de la Reforma canonizó la idolatría: absurdo, que es preciso que traguen, o que confiesen, que no es idolatría la adoración de las imágenes”[3].

  1. {(a) Ver Isaías. Cap. 42. v. 17. & 44. v. 17.}

    Isaías Cap. 42 V. 17: “Haceos atrás, confusos de vergüenza, los que confiáis en ídolos, los que decís a la estatua fundida: “Vosotros sois nuestros dioses”.

    Isaías Cap.44. v. 17: Y con el resto hace un dios, su ídolo, ante el que se inclina, le adora y le suplica, diciendo: “¡Sálvame, pues tú eres mi dios!”. 

  2. Simulacro es venerar las sagradas imágenes. 
  3. Benito Jerónimo Feijoo. Fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (Casdemiro, Orense, 8 de octubre de 1676 – Oviedo, 26 de diciembre de 1764). Ensayista, sabio, polígrafo español del siglo XVIII. Estudió en Salamanca y ganó por oposición una cátedra de Teología en la Universidad de Oviedo en donde residió desde 1709 hasta el fin de sus días. Se había ordenado sacerdote en el monasterio de San Juan de Samos (Lugo). Desde muy joven perteneció a la orden de San Benito de Nursia o benedictina y había dado clases en Galicia, León y Salamanca.

Etiquetas

Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

1
Escribanos y envíenos sus denuncias.
Powered by

Adblock Detected

Please consider supporting us by disabling your ad blocker