Historiador de la Ciudad

Reseñas históricas del patrimonio cultural higueyano (II)

Por Francisco Guerrero Castro

Francisco Guerrero Castro, historiador.

(II)
Casa Fortaleza de Juan Ponce De León

El puerto, en la desembocadura del río en Boca de Yuma, era llamado “el puerto de Salvaleón de Higüey el viejo”; lo que comprueba la existencia de un Salvaleón de Higüey, próximo a la costa, en los alrededores del lugar ocupado por la casa fortaleza de Ponce de León. Él llegó a Higüey en el año 1504, fecha en que, posiblemente, comenzó a construir su fortaleza y en donde Juan de Esquivel construyó la suya, en 1502; que fue quemada por los indios en 1504. Todo indica que la fundación del primer Higüey ocurrió finalizando el año 1504 a principios de 1505, en los alrededores de la casa fortaleza de Ponce de León, en un sitio que menciona Las Casas en su Historia de Indias:

La fortaleza de madera construida por Juan de Esquivel, en Yuma, cuando la Primera Guerra de Higüey, en 1502, fue efímera en el tiempo. A esta pseudo fundación él le llamó Gibraleón. El nombre Gibraleón es de origen fenicio y significa “monte de las fuentes” o “numerosas fuentes de agua potable” lo que es coincidente con las características en aquellos tiempos del territorio de la zona de Yuma en donde los manantiales y las lagunas naturales eran abundantes. En este mismo lugar, pero en 1504, Ponce de León comenzó la construcción de su casa fortaleza y, por orden de Ovando, fundó el primer Salvaleón de Higüey. La construcción de una fortaleza significaba fundación de Villa y se oficializó este hecho con la orden de Ovando debido a la identidad, eminentemente, jurídica y militar con que se instauraron las villas en la Isla.

Ponce de León vivía con su familia en la casa fortaleza y como resultado de “Las Encomiendas” de indios a su favor levantó una hacienda bien cuidada que le proporcionó gran parte de la fortuna que lo haría después conquistador.

En el mapa miniaturizado de la isla, fechado en 1516, de la biblioteca universitaria de Bolonia, aparece la villa de Salvaleón de Higüey situada próximo a la costa en lo que hoy es Boca de Yuma. Este mapa se hizo tomando como referencia al de Andrés de Morales, que había sido elaborado en 1508, que fue utilizado por Pedro Mártir de Anglería. En este último también aparece la Villa en lo que hoy es Boca de Yuma. Sin dudas la Villa se fundó en los alrededores de la casa fortaleza de Juan Ponce de León. Salvaleón de Higüey estuvo ubicado en San Rafael del Yuma; en donde hoy está la casa fortaleza de Juan Ponce de León.

Cueva de Bernard y José María en el Parque Nacional del Este

El parque tiene el único templo taíno descubierto en las Antillas. Se trata de la cueva de José María “con 1,107 pictografías y donde se aprecia la utilización de las conformaciones rocosas de su interior para asignarle rostros y funciones sagradas. Bahía de Yuma es la desembocadura del río Yuma, lugar al cual se le ha llamado Boca de Yuma. Aquí se encuentra la Cueva de Bernard, un importante yacimiento de arte rupestre”.

El Parque Nacional del Este

Colón observó por vez última la isla Saona, el canal de La Mona y las costas de Higüey, un 12 de septiembre del 1504, cuando iba de regreso a España. El Parque Nacional del Este tiene una superficie de 43.400 hectáreas y ocupa la punta sureste de Yuma con sus localidades de Martel, Granchorra, El Peñón, Guaraguao y la Saona, formando una península trapezoidal. Su base mayor de 25 kilómetros une a los poblados de Boca de Yuma y Bayahibe. La isla Saona está ubicada frente al cabo Palmillas y está separada del mismo por el Canal de Catuano. Fue declarado Parque Nacional el 16 de septiembre del 1975. Este parque protege la enorme variedad faunística de la zona así como los diferentes ecosistemas naturales. Está formado por una península en cuyo extremo meridional se extiende una gran zona de esteros, pantanos y manglares, frente a la bahía de Catalinita y, al otro lado, se halla la isla Saona. Una gran variedad de insectos alimentan a una rica avifauna formada por cotorras, flauteros y zumbadores, entre otras aves. La fauna acuática y terrestre es rica, aunque pobre en mamíferos.

El territorio del Parque Nacional del Este fue visitado por Cristóbal Colón, durante su segundo viaje, después de evadir una tempestad. Una de las personas que le acompañaba, el savonés Michelle de Cúneo, fue quien detectó a la isla Adamanay y, en su honor, Colón le nombró Saona. Miguel de Cúneo en su “Relación” dice que Colón le dedicó el nombre de la Saona a él, y “…tome posesión tal y como lo hacía en las otras el señor Almirante, en nombre de Su Majestad el rey”.

El Parque 15 de agosto o de Nuestra Señora de La Altagracia

El solar que a principios del siglo XVI ocupó la ermita, techada con cana y tablas de palmas, entingladas, dedicada a Nuestra Señora de La Altagracia, donde se construyó en mampostería, la hoy iglesia San Dionisio, 1567-1572, perteneció a la casa de la cacica Isabel de Higuanamá. Los pueblos de indios tenían, frente a la casa del cacique o cacica, un área de terreno, rectangular, utilizada para el juego de “la pelota”; su pasatiempo preferido. El espacio solariego, frente a la iglesia, a veces baldío y lleno de hierbas, otras veces polvoriento y despejado, pasó a llamarse, en tiempos de la colonia, Plaza de Armas. La plaza era el lugar en donde los higüeyanos se preparaban para la guerra o defensa de la Villa. También era el espacio en donde convergía la vida urbana y las principales manifestaciones de la actividad oficial, religiosa y social.

En sus costados se alzaban la casa del cabildo y la casa curial. El 28 de noviembre del 1924, siendo presidente Horacio Vásquez, día en que fue declarado el 21 de enero, oficialmente, como día no laborable y de fiesta nacional, se tomó la decisión de construir un parque, en la Plaza de Armas, en Higüey. El parque se terminó de construir en 1926. Por resolución no. 9, del jueves 22 de julio del 1926, firmada por el alcalde constitucional, Don Arturo De Soto, fue nombrado “Parque 15 de Agosto de Nuestra Señora de La Altagracia”. Era cura párroco Manuel Antonio Montás. Este parque, del 1926, fue destruido en agosto del año 1975 para dar paso a una nueva construcción terminada en 1977. Dieciocho años después, en agosto de 1995, el recién creado Patronato Turístico de Higüey lo reconstruyó con un diseño parecido al original de 1926. En el año 2007 se comenzó a remozar el parque y se reinauguró el 18 de enero del 2010.

Los Trapiches o Ingenios

En la villa de Higüey el censo y repartimiento, de los caciques y sus súbditos, fue hecho por los comisionados Pedro Ibáñez de Ibarra y Rodrigo de Alburquerque. Firmaron Miguel de Pasamonte, Rodrigo de Alburquerque, Juan de Mosquera y Alonso de Arce, el 18 de diciembre de 1514. Luego de este censo, con la llegada de los padres jerónimos, se comenzaron a construir los ingenios. En la región de Higüey se construyeron dos ingenios, conocidos como los de Sanate y Chavón.

El ingenio del río Sanate se encuentra a nueve kilómetros de Salvaleón de Higüey. Sus ruinas son un reflejo de la prosperidad de la Villa en aquellos tiempos, quizás fue una de las causas del traslado del Higüey en Yuma al Higüey actual. El ingenio Sanate fue construido y fundado por Juan de Villoría:

“El mismo Juan de Villoría hizo e fundó otro ingenio, de los muy buenos desta isla, en el río e ribera que llaman Sanate, veinte e cuatro leguas desta ciudad de Santo Domingo, en término de la villa de Higüey; el cual quedó, después de sus días, a sus herederos e a doña Aldonza de Acebedo, su mujer, y es rico heredamiento”.

Este ingenio fue catalogado en su tiempo como “muy bueno y de los principales de la Isla”. La represa del ingenio, en el río, está localizada a 600 metros del “Salto de Sanate”. Cuando murió Juan de Villoría, toda su fortuna, incluyendo el ingenio, pasó a manos de sus herederos y de su esposa, Adonza de Acevedo. Luego el ingenio fue abandonado. Cuenta Las Casas que Juan de Villoría “era un hombre piadoso y trataba a los indios menos mal que la mayoría de sus compatriotas”.

Juan de Villoría tenía socio, porque según Real Cédula, del 8 de octubre de 1536, “a pedimento de Domingo de Forne, por sí y en nombre de sus consortes y compañía, dándole licencia para que por término de dos años pueda pasar a la isla Española ocho mil ducados de moneda de plata y vellón labrada según de la ley y manera que se pasó a las Indias en tiempo del Rey Católico, la cual moneda pueda labrar en cualquier casa de moneda de estos reinos. El peticionario tenía en la isla un ingenio de azúcar en compañía de Juan de Villoría y pedía esta licencia para sustentar el dicho ingenio y pagar a las personas que con él tenía”. Para esa fecha el ingenio funcionaba aún, porque solicitó esa Real Cédula para sustentar el mismo.

El otro ingenio está localizado en la ribera del río Chavón. Era llamado, antiguamente, Quiabón; a unos veinte kilómetros de Higüey. Fue comenzado a construir por Hernando de Carvajal y Melchor de Castro. Se afirma que su construcción no se terminó, porque “sus dueños no terminaron de ponerse de acuerdo, ya bien por hallarse el sitio lejos o porque les pareció que la costa era mucha hasta tener aviado, en fin no permaneció”.

Así se lee en el siguiente párrafo:

“Otro buen ingenio habían principiado en la ribera del río Quiabón, a veinte e quatro leguas de esta ciudad de Santo Domingo, Hernando de Carvajal é Melchor de Castro, en un muy gentil asiento; pero este edificio cesó, porque éstos deshicieron la compañía, e porque se les hizo lejos, ó porque les pareció que la costa era mucha hasta tener aviado: en fin no permaneció”. El ingenio de Chavón fue administrado, en una época, por los hermanos Trejo.

A este ingenio se llega después de El Cruce de Pavón, en la carretera Higüey-El Seibo, doblando a la izquierda, como el que va para el batey Guaymate, a unos seis kilómetros, internándose en terrenos del Central Romana Corporation; hasta llegar al río Chavón. Llegado al lugar lo primero que se ve, sobre un arroyo, es un arco llamado, por los campesinos del lugar, “El Arca”. Es el más grande, de un conjunto, sostenían en su parte superior un canal, que traía agua desde una represa. El agua transportada constituía la fuerza hidráulica del trapiche. Se han conservado las ruinas del represamiento del río, no obstante, las grandes crecientes del río Chavón, a la fecha.A unos 70 metros de donde el arroyo desemboca, en el río Chavón, se encuentra un impresionante puente, de medio punto, casi 9 metros de altura, hecho en mampostería y ladrillos rojos, de estilo colonial. Se conoce por “El Arca de los Indios” ó “El Arca de los Trejo”.

Desde el nivel del agua, al punto más alto del puente, mide 34 pies y 3 pulgadas; unos 8.70 metros. Al nivel del agua el arco se abre a 21 pies y 7 pulgadas; 6.59 metros y las columnas tienen una anchura de 6 pies y 6 pulgadas; 1.78 metros. Al final del puente se observan los restos de lo que fueron al menos dos arcos más, a cada lado, que habrían conectado con el arco principal del puente. Solamente, el arco central queda intacto.

Tomadas las medidas de “El Arca” se observa un tramo del acueducto, de algunos 100 metros de largo por 2.5 metros de ancho, muy bien conservado, que conectaba con la misma, en su lado Norte. La altura oscilaba entre cuatro y seis pies. Este tramo tiene pequeños arcos, elaborados de ladrillo, que hacen de pequeños desagües; para que, cuando el río crezca, no represe las aguas. En uno de los arcos se puede leer la inscripción que reza: “Con tierra y cal y piedra, a presión, dejar pasar agua, en medio de todos los pilares, hasta enrasar con la tierra”. Esta inscripción la había visto Fray Vicente Rubio, hacía más de 50 años.

En un lugar, llamado Natera, están los restos de la toma de agua para el acueducto del trapiche. Al nivel del agua, en el lado Oeste del río, reaparecen los restos del acueducto, por debajo de un corte, en la roca viva, con dos metros de profundidad, por seis metros de largo, conduce a un canal caudaloso, sube hasta la cabeza de la cascada. En este punto el río tiene una anchura entre 79 y 81 metros, el nivel desciende a 3.5 metros, en una cascada, en menos de 200 metros. A lo largo de la primera línea de rocas, un canal, que se estrecha, de ribera a ribera, en línea casi recta. Ha sido erosionado, pero es 1.20 metros de ancho, entre 0.20 y 1.00 metro de fondo. No hay indicación alguna de mano de obra humana en su construcción. Después de casi cinco siglos de erosión, constante del río, no se esperaría ver nada, sin embargo, su ubicación y su apariencia, sugieren que fue el cimiento de una represa.

En “El Arca”, se observa que la hierba estaba “quemada”, hace un círculo que tiene un diámetro de 16 pies, el mismo del trapiche del ingenio de Sanate. Después de “El Arca”, otro arco; este conectaba al trapiche. El agua, hacía girar el trapiche; salía con dirección a un arroyo que la retornaba al río.

En una colina, próxima, hay restos de piedras; marcas, sobre el terreno; el lugar de edificación de una pequeña Villa. Seguimos otra línea, de hierba “quemada”, desaparece bajo un lago artificial; en su fondo, residuos centenarios de azúcar.

Los petroglifos de Anamuya

Los petroglifos, también llamados grabados rupestres, son diseños simbólicos grabados en rocas, realizados desgastando su capa superficial. Muchos fueron hechos por el hombre en el período Neolítico. Son el más cercano antecedente de los símbolos previos a la escritura. En Anamuya, próximo a Higüey, a seis millas en dirección al noreste; en donde se conserva un yacimiento de petroglifos y una de las pocas plazas ceremoniales indígenas de las Antillas. Este poblado de llamaba “Batey” y estaba enclavado en las estribaciones de la cordillera Oriental. A sólo doscientos metros de su ubicación, en una llanura, subiendo una colina que da al río Anamuya, se encuentra la plaza ceremonial. En el área de la plaza ceremonial hay montículos de piedras y en su lado Norte existen unos escalones, trabajados y pulidos, con cortes precisos. Una gruta, con entrada hacia el río, demuestra que ahí vivieron indígenas. La caverna es llamada por los campesinos “El Santuario”.

Guerrero Castro, Francisco, 1964-. Origen, Desarrollo e Identidad de Salvaleón de Higüey. Santo Domingo, República Dominicana: Editora Nacional, 2011. ISBN 978 9945 469 46 2

Etiquetas

Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Adblock Detected

Please consider supporting us by disabling your ad blocker
1
Escribanos y envíenos sus denuncias.
Powered by