Historiador de la Ciudad

Salvaleón de Higüey y la invasión militar norteamericana de 1916

angelmorla@purohigueyano.com.do

Francisco Guerrero Castro, historiador.

Los norteamericanos ocuparon[1], militarmente, la República poniendo como pretexto que nuestro país violó acápites comerciales de la deuda externa con ellos; que vinieron a poner el orden ya que los dominicanos vivíamos en un caos administrativo y político. Estas excusas tenían un trasfondo justificador de la invasión. De esta manera ellos saqueaban y nos expropiaban nuestras tierras, materias primas y expandían sus intereses en el país.

Los invasores instalaron sus autoridades civiles, gobernadores, alcaldes pedáneos, policías y otros que respondían a sus intereses y que tenían propiedades que proteger. Poco tiempo después los terratenientes nativos y sus protectores extranjeros realizaban una erradicación masiva de núcleos campesinos expropiándoles las tierras para aumentar la cantidad de ingenios y de los hatos ganaderos. Todo era realizado dentro del marco de las leyes proclamadas por los ocupantes. Ante tal situación los ex propietarios de tierras y hombres de campo que fueron víctima de los desalojos y despojos se rebelaron y se lanzaron a la guerrilla contra las autoridades civiles que representaban al gobierno militar extranjero.

En Salvaleón de Higüey los invasores[2] se apoderaron por la fuerza de las mejores porciones de terreno. Desalojaron a los campesinos con violencia tildándolos de “gavilleros” cuando era lo contrario. Los higüeyanos que se revelaron fueron patriotas en el terreno de la dignidad, pero esa historia no nos la cuentan, porque no conviene a los intereses que dominan la Nación[3]. Enormes cantidades de terrenos cayeron en manos de los norteamericanos para producción de azúcar. De los 22 ingenios existentes en 1925, 14 eran de propiedad norteamericana localizados su mayoría en la región Este. Estos combatientes nacionalistas mal preparados tuvieron cientos y cientos de bajas en los enfrentamientos con los militares norteamericanos según se desprende del cuadro siguiente[4]:

Años Unidades del U.S.A. Marine Corps No. de tropas U.S.A. Marine Corps. Combates con guerrilleros Bajas de U. S. A. Bajas de Guerrilleros
1917-1919 3 rd. Regiment Irt. Batallion 500 Más de 100 6 muertos

18 heridos

350 muertos

y heridos

1919-1921 15 th Regiment Irt Batallion 800 200 7 muertos

22 heridos

600 muertos y heridos
Total 1300 Más de 300 13 muertos

40 heridos

950 muertos y heridos

Desde antes de 1916 existían en el país algunos grupos de bandoleros llamados Gavillas. Por tal razón cuando los campesinos se rebelaron ante los atropellos de que fueron objetos se les llamaron gavilleros cuando en realidad estos verdaderos guerrilleros luchaban también contra los malhechores foráneos. Extraemos de un informe del síndico Pumarol de Higüey lo siguiente: “El grupo de gavilleros que capitanea el gran bandido Blanco Caraballo mandó amarrado, a título de preso, a Miguel Torres de la sección de Santana (…) con los individuos que mandaron a Miguel Torres nos mandó el bandido Caraballo una carta diciéndonos los motivos por los que mandaba preso a Miguel Torres.

Las actividades de las autoridades civiles que en realidad eran propietarias de terrenos estaban identificadas con los militares de ocupación como se desprende de la carta enviada por el gobernador de San Pedro de Macorís, R. Sánchez González, el 15 de agosto de 1918, al brigadier general J. H. Pendleton:

Un nuevo y penoso motivo me obliga a dirigir a usted la presente con el fin de que reciba usted, y sea intérprete ante el gobierno militar, mis profundos sentimientos con motivo de la fuerza de ocupación, las cuales perecieron en el cumplimiento de su deber.

Foto proporcionada por el autor

Estos ciudadanos dominicanos clamaban al gobierno militar que fusilaran a los alzados. Las autoridades militares establecieron una rígida censura y crearon tribunales cuyos jueces eran oficiales norteamericanos. Toda protesta contra los marines, aunque fueran justas y organizadas, eran consideradas como actos de bandidaje. Los gavilleros mantuvieron en constante acoso a las tropas norteamericanas. Pronto a esta lucha se fueron agregando otros elementos en las clases media y alta de la sociedad. Fueron muchos los motivos que indujeron a los dominicanos a protestar contra este gobierno militar lo cual se desprende de esta carta recibida por el coronel Geo C. Thoppe del gobernador de El Seibo, Elpidio Morales: “He recibido la siguiente carta: (….) las tropas americanas que están aquí de puesto cometen actos muy malos. Se comen los animales ajenos, no los pagan y ponen a la gente buena a cargar agua. La guardia nacional es peor que los gavilleros.

Con la presencia invasora en el país se estructuró el ejército dominicano lo que se considera la consecuencia más importante desde el punto de vista político. Este hecho sobrevino con la carga moral propia de los agresores corruptos, delincuentes, etc., basta citar que en él se formó el tirano Trujillo. El ejército, inicialmente, estuvo dirigido por oficiales norteamericanos y tenía como tarea fundamental aniquilar a las fuerzas esteñas que protestaban por todos los medios contra la intervención. Los fusilamientos, las cárceles y la persecución estuvieron siempre presentes.

Con esta ocupación los norteamericanos violaron el derecho internacional y la autodeterminación de nuestra patria. Este acontecimiento se prolongó durante 8 años, es decir, hasta 1924, cuando abandonaron el país, pero ya tenían el control de la economía y a un ejército servil que haría su santa voluntad. Se consolidaron como nuestros principales acreedores. A la salida de la fuerza interventora en 1924 se inició la Tercera República con el gobierno del general Horacio Vásquez quien sucumbió seis años más tarde producto del continuismo y la corrupción; en un período como el de 1930 durante el cual la gran depresión mundial barrió con todos los gobiernos civiles del Caribe para dar lugar a cruentas dictaduras militares respaldadas por el gobierno norteamericano y las grandes empresas agroindustriales de la zona, bananeras y azucareras.


[1] A través de la compañía Clyde de New York monopolizaron la navegación del país, pero también eran propietarios del principal banco nacional y, para colmo, el gobierno de Lilís y sus continuadores habían endeudado el país, no solo con acreedores norteamericanos, sino también europeos. Se estima que la deuda externa a principios del siglo XX ascendía a 17 millones de dólares lo que se puede considerar como enorme para aquellos años. Los principales acreedores como dijimos, anteriormente, eran europeos, específicamente, franceses, belgas y holandeses. Estos se propusieron cobrar, compulsivamente, la deuda que tenía con ellos el país, lo que condujo al presidente títere de la época a firmar un acuerdo provisional con los norteamericanos, denominado Modus Vivendi, el que se convirtió en Convención Dominico-Americana en 1907, todo ello con el supuesto propósito de evitar la intervención de potencias europeas. Mediante este oneroso acuerdo los Estados Unidos se hicieron cargo de todas las obligaciones económicas, tanto extranjeras como nacionales, y a cambio estos recibirían el manejo de las aduanas del país, con el derecho incluso de nombrar al personal recaudador, de lo recaudado un 55 % destinado a cubrir la deuda. Además el acuerdo obligaba al estado dominicano a no aumentar su deuda pública ni modificar los aranceles aduanales sin la aprobación de los Estados Unidos. Algo parecido al patrón que seguimos, actualmente, lo único que dicen por ahí hoy día en el año 2005, 100 años después, que las recaudaciones las hace el Estado Dominicano porque es soberano. Peor es el pecado. Nosotros mismos nos chupamos la sangre para pagar empréstitos de los que no han disfrutado las mayorías que son las perjudicadas. Las oficinas tributarias no son más que agencias recaudadoras para pagar una deuda impagable. Tal vez, dentro de cien años más los que vivan para ese entonces se encontrarán con la misma situación. Los años posteriores al 1916, año de la ocupación formal, fueron seguidos por una mayor inversión económica norteamericana, fortalecieron sus intereses financieros, lograron mayor control sobre posesión de la tierra, principalmente, las tierras entre Higüey y La Romana y en los alrededores de El Seibo lo que estranguló el crecimiento de esta última. Al mismo ritmo pero en sentido contrario la crisis política y la ingobernabilidad del país era un hecho latente: trepaban y caían gobiernos de la noche a la mañana, y como es lógico deducir, la inseguridad se hizo presa de los ciudadanos. Se puede afirmar que la presencia de los gringos estimuló y apadrinó el desorden existente con fines posteriores, pero además la ambición desmedida de grupos de poder en la República Dominicana condicionó el terrero para lo que se veía venir. Como consecuencia de la calamitosa situación descrita en el párrafo precedente, y bajo la divisa de proteger sus intereses y restablecer el orden, las tropas norteamericanas invadieron la capital dominicana el 15 de mayo del 1916, aunque no fue hasta noviembre de ese año cuando el capitán Knapp declaró, oficialmente, que Santo Domingo “era puesta en estado de ocupación por las fuerzas bajo su mando”. De inmediato se designó un gobierno encabezado por un oficial de la Marina de Guerra norteamericana, que se hizo acompañar de un gabinete de oficiales del cuerpo de Infantería de Marina. La soberanía y el derecho a definir nuestro destino sucumbieron, nuevamente. Los norteamericanos asumieron control en todos los terrenos, se hicieron cargo de la economía, el comercio y decidían que se vendía fuera y que se importaba, por consiguiente, la situación económica y social de los dominicanos se hizo cada día más insoportable. A la ocupación de nuestras aduanas a principios del siglo XX siguió la ocupación de 1916.

[2] Las fuerzas interventoras ocuparon Salvaleón de Higüey entre el 12 y el 17 de enero del 1917 procedentes de El Seibo. Anteriormente, habían ocupado San Pedro de Macorís, Hato Mayor y El Seibo.

[3] Cada país tiene dos historias, la oficial y la verídica.

[4] Elaborado por el Dr. Emilio Cordero Michel.

 

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