Parecer

Thomas Hobbes: El contrato social

Por Edwin Peña

El propósito de la filosofía de Hobbes es establecer el origen del Estado, de la convivencia del hombre en sociedad, e identificar los pasos históricos que llevaron a los seres humanos a constituirlo. Según Hobbes, existe un Estado hipotético llamado Estado de naturaleza, en el cual el hombre vive absolutamente libre en la naturaleza, de ahí su nombre.

En este Estado, la concepción del derecho natural como libertad absoluta no se sujeta a barreras y limitaciones normativas y morales, de modo que podemos concluir que, ante la falta de leyes, ninguna conducta es contraria al derecho natural: “Si la naturaleza dio a cada uno derecho a todas las cosas, en el estado de naturaleza está permitido a todos poseer y hacerlo todo”.

En este estado de naturaleza, ante la falta de reglas, normas o leyes, el hombre es un ser malvado, un lobo para el hombre; aquí lo único que puede encontrar es una lucha sin cuartel, una guerra de todos contra todos. Aquí, el hombre es capaz de matar, torturar, mutilar, asesinar, robar, violar.

Esta guerra de todos contra todos imposibilita la convivencia, de modo que bajo este estado es imposible para los seres humanos vivir en sociedad, entonces, sería lógico preguntarnos ¿por qué entonces vivimos en sociedad?

La razón por la que vivimos en sociedad, según Hobbes, es por convenio. Hobbes admite que los hombres temían que esta hostilidad permanente los llevara a la extinción, por eso reconoce que en algún punto de la historia los hombres se dijeron unos a otros: “vamos a crearnos un sistema que nos permita desarrollarnos mejor, vivir en paz y que nos libre de aquel estado de naturaleza en la que vivíamos”.

Los seres humanos superan este estado de hostilidad permanente a través del contrato social. En este pacto social, los hombres renuncian a su libertad y su capacidad de autogobierno, para poder garantizar su seguridad. El contrato social por tanto establece que los seres humanos deben someterse a las leyes promulgadas por el estado y respetar a sus gobernantes. A cambio, los gobernantes deben brindar paz y seguridad a los ciudadanos.

Hobbes puntualizó que si los gobernantes no pudieran brindar seguridad a sus ciudadanos, el contrato debería romperse y los ciudadanos debían optar por nuevos gobernantes, que sí pudieran proveer seguridad a sus ciudadanos, aunque tengan que recurrir a métodos no ortodoxos, como el de matar a los revoltosos.

Hobbes compara al Estado, por otra parte, con un hombre artificial, cuya arma es la soberanía y su razón está constituida por las leyes y la justicia. En esta comparación, la salud es la concordia y la enfermedad es la sedición. La guerra civil no es otra cosa que la muerte del cuerpo completo.

El pensamiento de Hobbes se propone estudiar la materia y el origen de ese hombre artificial que representa el Estado, cómo se constituye, cuál es el poder y autoridad que componen ese cuerpo, qué lo mantiene y qué lo aniquila. Hobbes concluirá que el Estado es un mal necesario para mantener el orden y evitar que el hombre sea un “lobo para el hombre”.

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