Parecer

Un cafecito con el bendito apóstol

Por Rogers Paulino

¡Hola, Higüey digital; Hola, mundo digital, mis queridos amigos de Puro Higüeyano! Aquí vamos rumbo a otro artículo más sobre el apasionante mundo del café. Hoy quiero contarles esto.

Una de las leyendas más extendidas y populares sobre el descubrimiento del café es la historia de Kaldi. Se trata de un pastor que vivió en la Etiopía del 300 d.C. quien observó cómo sus rebaños de cabras se mostraban de una manera muy extraña, muy enérgica y viva, tras alimentarse de los frutos de un arbusto desconocido. Tras observar este comportamiento, decidió él mismo ingerir y probar las bayas rojas de la planta, sintiéndose lleno de energía y excitación.

Kaldi llevó algunos de estos frutos y ramas al superior religioso de un monasterio cercano. Los monjes hirvieron las bayas y probaron la infusión resultante, descubriendo que con ella se mantenían despiertos y con energía. Así, lo utilizaban de estimulante para quedarse despiertos por las noches para rezar. Además, de casualidad, también se dieron cuenta de que estos granos se podían tostar y que la bebida elaborada a partir de los granos tostados producía el mismo efecto y tenía un sabor más agradable.

Cuentan que cierto día dos monjes encargados de la recolección de café llamados Sciadli y Aydrus les pilló en el campo la lluvia, al llegar al monasterio dejaron cerca de la estufa los granos de café, recolectados para que se secaran y se fueron a rezar. Al regresar se encontraron con un olor muy agradable que invadía toda la sala y los granos del café tostados. Podríamos decir que fue el descubrimiento de la torrefacción del café.

Así, esta bebida se consideró religiosa en sus inicios, después estimulante y se daba a los guerreros para luchar en las batallas. Incluso pasó por tenerse como una bebida un tanto mágica con poderes curativos. Finalmente, esta infusión se convirtió en la bebida social del mundo árabe y de ahí se extendió al resto del mundo.

El primer español que probó esta bebida fue Pedro Páez, un jesuita predicador en las tierras de Yemen y Etiopía. Cuenta la historia que a comienzos del siglo XVII lo capturaron como esclavo y, atado a un camello, atravesó el desierto. Este evangelizador, una vez liberado, deja documentado un gran libro sobre su travesía, en el que describe la vivencia de haber probado una bebida amarga de color oscuro.

Que suertudo este señor probador de café, la próxima semana nos vemos así que tome su taza limpia y cuele su café claro u oscuro, pero tómelo con el bendito apóstol.

¡Besos y abrazos!

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